En América Latina, los militares ganan terreno al calor de la inestabilidad

Piñera, durante un anuncio a los chilenos con los jefes militares
Piñera, durante un anuncio a los chilenos con los jefes militares
Desbordadas por la crisis y los estallidos, las autoridades los ven como sus mejores aliados
Ramiro Pellet Lastra
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25 de octubre de 2019  

Verde en las calles y plazas. Verde en los despachos de gobierno. Verde en las cadenas nacionales. No se trata de una pasión ecologista, sino de la renovada presencia de los uniformes militares en la vida pública de América Latina, sobre todo en las crisis sociales y políticas que se propagaron en la región.

Desde un Bolsonaro más militarista que sus mandos militares hasta los incidentes en Chile, pasando por su rol protagónico en la represión de las protestas de Ecuador, las fuerzas armadas salen de los cuarteles como el genio de la botella, llamadas al rescate por las desbordadas e inseguras autoridades civiles.

"Los militares han tomado un papel crucial en sostener gobiernos en el poder (Venezuela, Perú), en responder a situaciones de confusión, tensión y desorden (Chile, Ecuador), en la lucha contra el crimen (Brasil, México) y en ocupar funciones centrales de gobierno (Brasil, Venezuela, Cuba)", dijo a LA NACION Peter Hakim, presidente emérito del Inter-American Dialogue.

Este reverdecer se notó más que nunca en las protestas de Ecuador y en las que siguen activas en Chile, donde los presidentes Lenín Moreno y Sebastián Piñera decretaron estados de sitio y sacaron a los militares a las calles para reprimir los brotes de violencia, con las consabidas muertes, excesos y abusos.

En declaraciones públicas al país, por televisión, los dos mandatarios se mostraron desde sus despachos en las sedes de gobierno rodeados de generales. Curiosas coreografías orquestadas para mostrar el respaldo uniforme de los uniformados al presidente de la Nación. Dos imágenes de pretendida fortaleza pero con efectos secundarios adversos.

"El hecho de que los militares aparezcan en escena te habla de un debilitamiento de la democracia y de dos instituciones en particular: la Justicia y los partidos políticos", dijo a LA NACION el analista político Federico Merke, de la Universidad de San Andrés. "La Justicia está muy desacreditada, igual que los partidos, que deberían articular la discusión pública", agregó.

Si a eso se le suma el descrédito de la policía, los gobiernos no saben a quién recurrir y llaman al cuartel más cercano con el visto bueno de parte de la sociedad. Como dice Merke, "cuando tenés un estallido es un reflejo de los presidentes mirar a las fuerzas armadas".

Este llamado a las armas se respalda en la confianza social en la institución castrense. Según la consultora de opinión pública Latinobarómetro, la confianza en los uniformados es superior a la de cualquier poder del Estado en casi toda la región. El promedio de confianza hacia las fuerzas armadas es del 44%, por encima del Poder Judicial (24%), el Ejecutivo (22%) y el Parlamento (21%). ¿Los partidos? Al fondo de la tabla con el 13%.

Y no son solo los estallidos. El líder peruano Martín Vizcarra contaba con la solidaridad castrense cuando lanzó su cruzada contra el Congreso, el mes pasado. Vizcarra decretó el cierre del legislativo y convocó a nuevas elecciones para enero próximo, con la esperanza de anular el dominio de la oposición.

México se sirve de los militares en su lucha permanente contra el narcotráfico y el crimen organizado, que cuando se lo propone es capaz de incendiar una ciudad, como pasó en Culiacán, cuando los sicarios del Cartel de Sinaloa hicieron dar marcha atrás a las fuerzas de seguridad enviadas a detener al hijo del Chapo Guzmán. La detención fue exitosa, pero cuatro horas y miles de tiros después lo volvieron a soltar.

Y en la dictadura cívico-militar de Venezuela, son ellos los que manejan el narcotráfico, además de otros negocios más o menos legales y siempre lucrativos. Sus tareas incluyen actividades igualmente alejadas de la defensa como el manejo del abastecimiento de alimentos.

¿Hasta dónde llegarán? Lejos de sus funciones, los militares latinoamericanos corren el riesgo de que se revierta la ola y ganen nuevos enemigos. Una de las críticas a Sebastián Piñera fue militarizar las calles en vez de mostrarse comprensivo. "Estamos en guerra", sentenció. Algo parecido dijo su mujer, que pasó del género bélico a la ciencia ficción: "Es una invasión alienígena".

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