En Kiev, nadie escapa al miedo de ser el próximo que deba ir al frente

El gobierno de Poroshenko tuvo que ampliar el reclutamiento militar por la serie de derrotas que sufrió a manos de los rebeldes; ofrecen incentivos para que no haya desertores
Alessandra Prentice
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10 de febrero de 2015  

KIEV.- El hermano de Marina y un amigo cercano de su familia murieron en el frente oriental de Ucrania. Ahora también ha tenido que despedirse de su esposo, Ruslan, que durante la última campaña de conscripción que se hizo en Kiev fue reclutado para ir a pelear contra los separatistas prorrusos.

"Nuestra familia ya sufrió pérdidas. Mi hermano murió en julio. El padrino de mi hija murió en septiembre. Así que miedo ya no tengo, sólo dolor", dijo Marina mientras acunaba en sus brazos a su hijita Valeria, de 5 meses. "Era o la guerra o la cárcel. Me prometió que iba a volver", dijo sin dar su apellido.

Tras una serie de humillantes reveses militares en el Este, el gobierno de Kiev ha hecho que para los hombres ucranianos y sus familias el reclutamiento militar se convierta en una solemne realidad de la vida.

Y el resentimiento de unos por ser reclutados y de otros al ver que algunos jóvenes abandonan el país para escapar a la leva podría convertirse en un nuevo problema para el presidente Petro Poroshenko y su ya de por sí muy presionado gobierno.

En el Este, la violencia no ha hecho más que escalar, y el gobierno de Kiev ordenó una nueva ola de reclutamiento para sumar 50.000 soldados que contrarresten cualquier ofensiva separatista. Los rebeldes han anunciado desafiantemente su propia campaña de conscripción, destinada a aumentar sus filas a un total de 100.000 hombres.

Dos semanas después de recibir la orden de presentarse, Ruslan y unos 50 conscriptos más de un suburbio de Kiev se reunieron en una derruida base militar para ser enrolados.

Algunos guardaban silencio, con los brazos colgando a los costados y los puños apretados. Otros hacían chistes y gritaban "¡Gloria a Ucrania!", mientras la banda militar a pleno interpretaba una versión abreviada del himno nacional. "Tenemos buen espíritu de lucha. Vamos a dar vuelta las cosas", dijo Viktor Rybalko, un trabajador de 35 años, mientras cargaba su bolso en el colectivo que los llevaría hasta el campo de entrenamiento. "No tengo experiencia militar, pero voy a aprender."

El separatismo hizo erupción en Ucrania en abril del año pasado, después de que la agitación política en Kiev llevara a la destitución del presidente apoyado por Moscú. Poroshenko dijo que quería que el conflicto terminara en un par de semanas, pero se profundizó y ya se cobró la vida de 5000 personas.

Los separatistas pelean por un territorio que el Kremlin llama "Nueva Rusia", y el mes pasado, de hecho, desconocieron un alto el fuego de cinco meses y lanzaron una nueva ofensiva que ha hecho retroceder a las fuerzas de Kiev.

"Cuando pasó lo de Chernobyl, el peligro no se veía, pero estaba ahí", dijo la jubilada de 68 años Valentina Aleksandrovna. "Esto es lo mismo. El frente de batalla está lejos, pero allá nuestros chicos mueren todos los días", dijo enjugándose las lágrimas mientras despedía a su vecino de 26 años.

Hasta principios de diciembre y desde el inicio del conflicto, según Poroshenko, perdieron la vida 1252 efectivos. La más reciente ofensiva separatista ha acrecentado esas cifras, y tan sólo la semana pasada se reportaron 57 muertos.

Ucrania dice que los rebeldes reciben armas de Moscú y tienen apoyo de tropas rusas. Los países occidentales dicen que no enviarán tropas para defender Ucrania, pero la Casa Blanca sigue dejando la puerta abierta a la posibilidad de suministrar armas a Kiev, que tiene dificultades para equipar a sus fuerzas adecuadamente.

En medio de informes sobre jóvenes que abandonan el país para escapar de la leva, el gobierno ha tenido que ofrecer nuevos incentivos para el servicio armado. "Es deber de todo hombre el defender su nación, su tierra", dijo el sábado el ministro de Defensa, Stepan Poltorak. "Hay casos, que son pocos pero existen, de personas que no son patriotas, por no decir otra cosa, y que se van del país para evitar servir a su país."

En un post de Facebook que luego borró, el asesor presidencial Yuri Biryukov reveló: "Según fuentes no oficiales, los hoteles y albergues de la región fronteriza con Rumania están abarrotados de desertores".

El Ministerio de Defensa informó que ya se han abierto 1000 investigaciones judiciales contra los ciudadanos sospechosos de escapar del servicio militar. En una apuesta para subir la moral en el frente de batalla, el gobierno anunció que los soldados recibirán un adicional de 1000 grivnas (unos 40 dólares) por cada día de combate activo.

Los hombres en servicio también recibirán 12.000 grivnas (diez salarios mínimos, equivalente a 480 dólares) por la destrucción de cada vehículo enemigo, y 48.000 grivnas (1922 dólares) por cada tanque.

Sin embargo, el ministro Arsen Avakov dijo el jueves que había sido detenido un comisario militar regional bajo sospecha de aceptar sobornos de hasta 5000 grivnas (unos 200 dólares) a cambio de certificados médicos falsos para los potenciales conscriptos.

Ucrania y la OTAN dicen que en las últimas semanas los combatientes rebeldes han recibido refuerzos de tropas rusas, una acusación que Moscú desmiente. Las conversaciones de paz fracasaron y sin una nueva ronda de negociaciones a la vista un alto el fuego parece improbable en lo inmediato.

Los ucranianos se defienden como pueden. En Slaviansk, un ex feudo de los rebeldes reconquistado por el ejército, en las escuelas se les enseña a los estudiantes a manejar fusiles de asalto.

En Kiev, los nuevos conscriptos se sacaron la gorra e inclinaron sus cabezas recién rapadas para recibir el agua bendita del sacerdote. Varios de ellos, canosos o directamente calvos, parecían más cerca de la jubilación que del servicio activo.

Finalmente, leyeron un poema con un llamado a los ucranianos a amar a su país "en el trabajo, en el amor, en la batalla, cuando la artillería derriba a los misiles".

Traducción de Jaime Arrambide

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