En las Malvinas esperan que ayude a pacificar

El sacerdote católico y el anglicano se esperanzaron por el rol que puede tener el nuevo papa en el conflicto con la Argentina
Martín Dinatale
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14 de marzo de 2013  

PUERTO ARGENTINO.- Nada pareció casual y algunos lo leyeron como un mensaje de providencia y de paz. La designación del cardenal argentino Jorge Bergoglio como nuevo papa de la Iglesia Católica llegó en un momento muy especial en este rincón del mundo. Se dio apenas un día después de que los habitantes de las islas Malvinas emitieran duros mensajes contra la Argentina tras el referéndum y luego de que la presidenta Cristina Kirchner lanzara filosas declaraciones en contra de los isleños que optaron por abrumadora mayoría seguir alineados con Gran Bretaña.

Leído desde este ángulo se podrá especular con los tiempos que vienen, en los 31 años que pasaron de la guerra y en que precisamente fue un papa como Juan Pablo II el que frenó un conflicto bélico entre Chile y la Argentina. Aquella "luz de esperanza en el túnel" de la cual hablaba el cardenal Antonio Samoré poco antes de destrabar ese conflicto limítrofe podría ser trasladada a estas lejanas islas con la aparición de un papa argentino.

Por lo pronto, el sacerdote católico Michael Bernard McPartland, de la Iglesia de St Mary's, ayer evocó un mensaje de esperanza. "Me gustaría que en su primera visita a la Argentina el nuevo papa lleve palabras de alivio que ayuden en esta situación en la que nos encontramos aquí, porque éste no es un conflicto real sino una crisis creada por la política", dijo en tono reflexivo ante la prensa.

Hoy dará una misa especial para dar la bienvenida al nuevo pontífice y pedir por la paz entre los isleños y los argentinos.

Sin vueltas y a sabiendas de que enviaba un mensaje político, McPartland añadió: "A la gente le va a llevar un tiempo acostumbrarse a tener un papa argentino porque ésta es una comunidad chica, pero al Papa no lo tienen que ver como argentino, sino como un guía espiritual de todos los pueblos", dijo.

No le será nada fácil a este sacerdote británico, que llegó hace 10 años aquí, difundir los mensajes de un papa argentino, ya que en esta comunidad la mayor parte de los habitantes de las islas Malvinas son anglicanos.

Precisamente por esta minoría de fieles ayer no hubo movilización alguna en la pequeña iglesia St Mary's, situada sobre la calle Ross.

No obstante, es probable que los católicos cuenten con la ayuda del sacerdote anglicano Richard Hines para transmitir esperanzas en medio de tanto odio.

Ayer, este reverendo que pasó buena parte de su vida en la provincia del Chaco dijo que "la designación de un papa argentino es una gracia, un mensaje de Dios justo ahora que estábamos en el centro del mundo", en referencia al impacto del referéndum.

Los isleños ayer se mostraron reacios a hablar con la prensa, mucho más tratándose de argentinos.

"Veremos qué pasa con este nuevo papa. Quizá nos traiga algo de paz", comentó a LA NACION una señora mayor que entraba al supermercado. A su lado, dos adolescentes asintieron sin hablar demasiado. No pasó lo mismo con la recepcionista del museo de la guerra de 1982, quien se negó a hablar.

Alex, que es chileno y cheff del hotel Waterfront, comentó con escepticismo: "Aquí no va a cambiar nada que el papa sea argentino porque el Papa debe ser universal y este conflicto es político, no religioso".

Los escasos 29 argentinos que viven aquí en su buena mayoría son testigos de Jehová y ayer no quisieron hablar.

Sólo el tiempo dirá si el nuevo papa llegó en un momento providencial para el conflicto de las islas Malvinas y si una luz de esperanza se instala aquí para dar un poco de paz entre tantas espinas.

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