En plena hiperinflación, Maduro lanza un bono de Carnaval que beneficia a sus votantes

La asignación, equivalente a casi tres dólares, triplica el ingreso de las familias con sueldo mínimo
Daniel Lozano
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31 de enero de 2018  

Maduro, ayer, durante una reunión con ministros
Maduro, ayer, durante una reunión con ministros Fuente: Reuters - Crédito: Archivo

CARACAS.- Las negociaciones en Santo Domingo van por un lado y la precampaña compulsiva del chavismo, por otro, como si se tratase de un país distinto. Nicolás Maduro anunció ayer un nuevo "regalo presidencial" especial para Carnaval, que consiste en la entrega de 700.000 bolívares para ocho millones de personas. Los beneficiados desde el próximo lunes son los "compatriotas" que dispongan del carnet de la patria, herramienta de control social puesta en marcha por el chavismo el año pasado.

"Este bono es para que nadie pueda amargarle el Carnaval al pueblo de Venezuela. Ellos [la oposición y el imperialismo] le hacen la guerra al pueblo y yo los abrazo y los protejo", aseguró el "hijo de Chávez" durante su anuncio en cadena nacional.

Si Venezuela fuera otro país, la decisión presidencial sería recibida con fuegos artificiales por la sociedad. El actual salario mínimo es de 248.510 bolívares, por lo que el bono carnavalesco casi triplicaría el ingreso básico que cobra más de la mitad del país.

La realidad es muy distinta, lo que llevó al venezolano a recibir el decreto presidencial con dosis parecidas de incredulidad y de alivio ante la desesperación. La hiperinflación que sufre el país sudamericano devaluó a tal extremo su moneda que con ese dinero, una familia apenas consigue comer tres días, según las investigaciones del Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores. En el mercado paralelo, un dólar se cambiaba ayer por 250.000 bolívares. Una tarea, cambiar divisas, que se ve dificultada por una sobreoferta brutal que provocó la desaparición de los bolívares en el mercado.

Maduro extremó su populismo económico ante la inminencia de las elecciones presidenciales, que se celebrarán antes del 30 de abril si un milagro en Santo Domingo no las retrasa.

En los preacuerdos alcanzados en diciembre frente a mediadores y cancilleres, los comicios se habían planteado para el último trimestre del año.

Regresar a ese punto de partida era considerado ayer un milagro en el que nadie creía en la isla caribeña, pese a que las delegaciones de oposición y gobierno estiraban una hora tras otra sus diálogos en medio del escepticismo.

El bono carnavalesco se une así al carrusel de bonos puestos en marcha por el gobierno con el de Navidad y el de Reyes, valorados en medio millón de bolívares. Al comenzar el año, Maduro sumó la emisión de un bono de protección, dotado con millón y medio de bolívares, y otro para "barrigonas" (mujeres embarazadas) por 700.000 bolívares.

La pregunta que se hacen los economistas es cómo va a financiar la revolución semejante caudal de subvenciones, que en ocasiones precedentes forzó a límites intolerables al Banco Central.

La táctica no es nueva para el chavismo. En las presidenciales de 2012, con Hugo Chávez moribundo, pero al frente de la candidatura revolucionaria, el gasto público se disparó a límites tan exagerados que Jorge Giordani, exvicepresidente económico del "comandante supremo", denunció "el acceso y uso de los recursos a niveles extremos que requerirán de una revisión para garantizar la sustentabilidad de la transformación económica y social".

Giordani alertó sin éxito a Maduro, que lo destituyó, por el otorgamiento de "recursos masivos a todos los que lo solicitan sin un programa fiscal de una planificación socialista que le dé consistencia a las actividades solicitantes".

Los augurios de quien fuera el gurú marxista de Chávez, realizados hace tres años y medio, no convencieron a Maduro, que profundizó el despilfarro público hasta conducir a Venezuela a la mayor crisis económica y social de su historia.

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