En Teherán, la apertura trae esperanza, pero también escepticismo

Ali Akbar Dareini
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27 de septiembre de 2013  

Teherán.-En un callejón en ruinas de la ciudad de Teherán, al jornalero Mohammed Hasanzadeh le preocupa más conseguir una changa que la diplomacia internacional, pero lo tranquiliza saber que el presidente Hassan Rohani intenta encontrar un terreno común de diálogo con Occidente. "Yo no lo voté, pero parece ser un buen presidente -dice Hasanzadeh-. Rohani no busca pelea, sino aliviar las tensiones, y eso nos favorece."

Aunque la apertura de Rohani está lejos de contar con un apoyo total -la poderosa Guardia Revolucionaria, por ejemplo, parece inquieta por el ímpetu del nuevo presidente-, el cambio de tono hacia Occidente despertó una cauta esperanza entre la gente.

A los liberales les resulta muy prometedor que este mes el gobierno haya liberado a más de 90 presos políticos de las protestas de 2009.

Los comerciantes, por su parte, están a la espera de una señal que augure una flexibilización de las sanciones como parte de un paso a paso en las negociaciones por el programa nuclear de Irán. Y algunos simplemente agradecen un cambio respecto del estilo beligerante de Mahmoud Ahmadinejad, predecesor de Rohani.

"Lo que yo veo es que Rohani es un hombre respetuoso y Ahmadinejad no lo era", dice Hassan Makani, un obrero de la construcción, de 42 años. No es ésta, sin embargo, la primera vez que Irán atraviesa por algo así. El presidente reformista Mohammed Khatami llegó al poder en 1997, en medio de una gran expectativa por un acercamiento a Washington y un retroceso de los elementos más radicalizados del gobierno. Pero Khatami fue pronto aplastado por sus opositores conservadores.

Las presiones que debe soportar Rohani son ahora incluso mucho mayores, por más que cuente con el aparente apoyo del supremo líder ayatollah, Ali Khamenei.

Su gran desafío es reanudar el diálogo sobre la cuestión nuclear con las potencias del mundo y convencer a Estados Unidos de que si disminuye las sanciones económicas será recompensado con concesiones por parte de Irán. Pero la Guardia Revolucionaria podría aguarle la fiesta, si considera que Rohani va demasiado lejos y demasiado rápido.

Entretanto, muchos iraníes están encantados por la energía positiva que se respira después de los ocho años de imprecaciones que salían de la boca de Ahmadinejad.

Ziba Seddighi, vecina de Teherán, habla con entusiasmo del "hermoso diálogo" que puso en marcha Rohani, que el martes usó su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para impulsar "la esperanza, la racionalidad y la moderación".

Los comerciantes y empresarios, en cambio, están más pendientes del pedido de Rohani para que Occidente morigere las sanciones.

"En los hechos concretos, aún no cambió nada, pero el cambio más grande ha sido revivir la esperanza", sintetiza Bita Nazari, una joven iraní.

Traducción de Jaime Arrambide

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