En Varsovia el futuro es hoy

Silvia Pisani
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30 de abril de 2004  

VARSOVIA.- Para el calendario, un día es igual a otro por mucho que su fecha marque un jalón de esos que dan vuelta la historia con paso de gigante y den comienzo al futuro.

Con esa misma calma, nutrida en certeza, Varsovia vive serena las últimas horas de sesenta años de involuntario y atroz desgarro europeo. Horas que terminarán justo pasado mañana, cuando otros le den la bienvenida al club del que, en el fondo, ella -y Polonia entera- siempre se sintió parte.

"Nosotros no volvemos nada, siempre fuimos Europa aunque muchos no se dieran cuenta", explican, tercos, sus habitantes más viejos. Esos que sobrevivieron a lo peor que un hombre puede hacerle a otro: la aniquilación, el exterminio sistemático, el deseo enfermizo de borrarlos del mapa. Dicen eso, pero la emoción lo traiciona al final de la frase. Es justamente el peso de la historia el que transmite cierta memoria genética.

Más que en ellos, la ansiedad está en cientos de periodistas extranjeros que, como LA NACION, barren la ciudad en busca de signos del cambio inminente. El más notorio: un flamante cartel que dice "Polska, maja 1" (Polonia, 1º de mayo), y el escudo estrellado de la Unión Europea.

Casi más que en el cartel, el verdadero signo está en el lugar de donde cuelga: en lo alto del Palacio de la Cultura, que es como prenderlo de la solapa de José Stalin, el dictador que regaló ese edificio al pueblo para el que impuso el dominio soviético que se prolongó durante 45 años, el tiempo que aquí se recuerda como una larga tortura.

La historia reserva un lugar a los hombres, pero también los pone en el suyo. El gran ausente de todo esto es el líder sindical que, con la imagen de la Virgen de Chestokowa contra los alambrados de su barricada -y el guiño del papa Juan Pablo II desde Roma- detuvo a los tanques que no se animaron a aniquilar la protesta liberadora. Era el final de los ochenta y era el principio del cambio que mañana se cristaliza.

Lech Walesa (que en polaco se pronuncia "Bauensa"), de él se trata, vive retirado luego de que el electorado le dio la espalda cuando intentó la reelección presidencial. Hoy, desde su casa, es un ferviente defensor de la integración europea y la búsqueda de un destino común en el bloque. "Es nuestro lugar", dijo.

Son otros los hombres que ocuparán la foto de esta historia. El presidente Aleksander Kwasniewski -a la sazón, último ministro de la Juventud del régimen comunista- y el premier Leszek Miller -fuerte promotor del ingreso polaco en la Unión- que encenderá la vela evocativa del histórico paso... y renunciará al cargo, debilitado por escándalos de corrupción.

No se ha planificado gran pompa para celebrar el ingreso. Un concierto, fuegos artificiales en el castillo real -reconstruido pieza por pieza tras la guerra, que arrasó el ochenta por ciento de la ciudad-, una "comida de campo" ciudadana que nadie sabe cómo saldrá...

"Yo no voy a festejar; me quedo en casa. Veré qué hago; aprovecharé para adelantar trabajo atrasado..." Respuestas como ésas se escucharon en poco más de la mitad de los consultados por la radio local.

Banderas nuevas

La televisión local mostraba la confección a toda máquina de banderas de la Unión Europea para colocarlas junto a la polaca en miles de oficinas oficiales.

En la calle, la gente seguía con lo suyo. "El gran debate fue en la cumbre de Copenhague, hace dos años, cuando negociamos el ingreso. Eso sí fue para ponerse nerviosos porque la negociación fue difícil y casi quedamos afuera. Pero ahora, el acto formal de ingreso es apenas la consecuencia de lo que ya decidimos", dijeron a LA NACION.

Y si se desea un poco más del "peso de la historia" en estas horas con tanto sabor a nueva etapa, una pequeña visita anticipada al escenario elegido para el acto central lo provee en cantidades: es la austerísima tumba del soldado desconocido, protegida por cientos de placas que recuerdan todo lo que pagó el pasado para este presente con proyección de futuro.

Claro... Otra cosa es con las nuevas generaciones, que oyen más el porvenir que la memoria genética del horror que no vivieron. Y fue, curiosamente, de la mano de los críticos "antiglobalizadores" -de adentro y de afuera- que ellas tuvieron ayer un impensado motivo de fiesta anticipada.

Ocurrió de modo inesperado, cuando lo que se proyectaba como una gran protesta contra la ampliación y su filosofía capitalista cedió paso a grandes desfiles y bailes callejeros. Desfiló primero toda la parafernalia del rito. Y detrás de ellos, miles de polacos con cámaras de fotos, que nunca habían visto una marcha así en su tierra. Y un poco más atrás, el impresionante despliegue de 14.000 policías con escudos antidisturbios y enormes carros hidrantes, que volvieron al cuartel sin soltar una gota.

Empezaron el día como antagonistas y lo terminaron como amables partícipes de lo nuevo y desconocido.

Mientras tanto, la prensa local desborda de imágenes y preguntas; relojes en la portada que marcan los minutos finales y las dudas de lo que vendrá de ahora en adelante. "Esto es una nueva definición del Acuerdo de Yalta", dicen los columnistas más entusiastas. "Pronto sabremos si el 1º de mayo será una fecha para celebrar o para preocuparnos", dicen los más cautos.

El miedo existe. Lo padecen muchos que sienten que la nueva etapa no es para ellos: nadie ignora aquí que, en pocos años, la friolera de un millón de pequeños establecimientos agrícolas dejarán de existir, porque de poco les servirán los 300 euros al año que cobren por subsidio. Es un precio caro y no es todo el precio.

En el medio están las mezquindades de los pronósticos agoreros. El último -y buena síntesis de los de su tipo en los últimos días- es de la agencia de asesores financieros Cóndor, con base en Estados Unidos, que dijo que la ampliación de Europa será un dolor de cabeza y que Polonia es "el peor preparado" de los diez nuevos integrantes.

La agencia presenta como crédito reciente el haber pronosticado casi todas las últimas crisis financieras de los últimos años, incluida la de la Argentina hace dos años.

Sin escucharlas, la historia sigue su curso al margen de esas voces, y uno de los lugares donde se hará efectiva es el aeropuerto de Varsovia, donde ayer se preparaba el cartel para la cola de migraciones para "ciudadanos de la Unión Europea".

Una de las respuestas que allí escuchó LA NACION fue llamativa. "¿Que si me da pena viajar justo antes de la ampliación y perderme el primer sello de Polonia dentro de la Unión? No; en realidad, no, porque guardaré el último visado de Polonia fuera de Europa. ¡Eso sí que es historia para coleccionar! Porque a partir de ahora Polonia estará siempre en Europa."

Lo dijo Lucía Fernández Núñez, una joven estudiante. Con toda la sonrisa del futuro en los labios.

Planta nuclear

  • VILNA (AP).- El gobierno de Lituania se comprometió a cerrar su planta nuclear de Ignalina luego de que el país se incorpore a la Unión Europea. Las autoridades de Bruselas no están dispuestas a correr riesgos con la obsoleta tecnología soviética, a 18 años de la catástrofe atómica de Chernobyl -registrada en abril de 1986-, y que contaminó con radiación vastas regiones del continente.
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