Enclaustrado y siempre con la última palabra, Piñera monitorea la crisis

El viernes pasado cuando explotó la crisis, y Santiago ardía por decenas de rincones, una foto de redes sociales mostró a Piñera comiendo en una pizzería en un cumpleaños familiar. La escena fue ampliamente criticada por los chilenos y difundida por medios internacionales, pero también reveló un par
El viernes pasado cuando explotó la crisis, y Santiago ardía por decenas de rincones, una foto de redes sociales mostró a Piñera comiendo en una pizzería en un cumpleaños familiar. La escena fue ampliamente criticada por los chilenos y difundida por medios internacionales, pero también reveló un par Fuente: AFP - Crédito: Javier Torres
Víctor García
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23 de octubre de 2019  • 17:51

SANTIAGO.- Un televisor, dos monitores de computadora, fotos familiares y con líderes internacionales -como Angela Merkel y Barack Obama-, y más de 15 pilas de papel con diversos documentos identificados con post-it. Todos esos elementos descansan sobre el escritorio que Sebastián Piñera tiene en su despacho. Una suerte de búnker, ubicado en el segundo piso del Palacio de La Moneda, donde el jefe del Estado ha pasado sus últimas horas y ha monitoreado el estallido social que conmociona al país.

El viernes pasado cuando explotó la crisis, y Santiago ardía por decenas de rincones, una foto de redes sociales mostró a Piñera comiendo en una pizzería en un cumpleaños familiar. La escena fue ampliamente criticada por los chilenos y difundida por medios internacionales, pero también reveló un par de temas de fondo: desconexión con el momento que vivía el país y la ausencia manifiesta de asesoría que le informara lo que podría generar su escapada.

El estilo de Piñera es conocido por sus colaboradores. Sus jornadas de sueño no superan las 4-5 horas, quiere tener el control de todo y siempre está pendiente lo que le indican las pantallas de su oficina: una para seguir los medios online y la otra donde trabaja.

Su rutina de alimentación también es llamativa. Si su agenda lo permite, a Piñera le gusta almorzar en su oficina e instala la bandeja en la mesa en el único espacio libre de hojas que le queda. El resto del día lo complementa de la siguiente manera: muchísima fruta, jugos detox, y de beber empedernidamente Coca-Cola Light. De vez en cuando de toma una copa de vino.

En su círculo de confianza, además, Piñera siempre ha exhibido un modo unipersonal, obsesivo con el trabajo, y en los que cada vez que interviene parece tener la última palabra. Sus alzas y bajas de peso también son conocidas y responde a momentos de estrés particulares.

"Puede llegar un ministro a una reunión de gabinete con un gráfico con innumerables cifras y estadísticas, y el presidente siempre lo va a intentar rebatir. Muchas veces tiene argumentos técnicos, pero esa intensidad termina agobiando a sus colaboradores que sienten que no son escuchados del todo", explica a LA NACION, uno de los funcionarios que ha participado de esas reuniones en La Moneda.

Recordada es la anécdota cuando en agosto, en la presentación de una nueva ley, Piñera les llamó la atención a sus ministros de Hacienda y Economía, Felipe Larraín y Juan Andrés Fontaine, al llegar a una actividad en la comuna Ñuñoa. "¿Ustedes no leen los WhatsApp?", les dijo a sus colaboradores a vista y paciencia de toda la prensa.

Después del estallido

Aquel enclaustramiento se ha intensificado en las últimas horas, mientras su gabinete se ha visto completamente debilitado. Los liderazgos que han surgido en medio de la crisis no son precisamente los de su equipo político, como la vocera Cecilia Pérez o al ausente Andrés Chadwick, sino que han sido la intendenta de la Región Metropolitana, Karla Rubilar y el senador de derecha Manuel José Ossandón -uno de los más autoflagelantes con el manejo de la crisis del gobierno- los mejores evaluados del oficialismo por parte de la ciudadana.

En la reunión de anteayer en La Moneda, la sensación general de la mesa que acompañó al presidente fue de absoluta sorpresa por dos aspectos: el primero, el nivel de destrucción de la protesta y el entendimiento de que el control de la agenda sólo se podría retomar con paz social. Y lo segundo: la reconocida tozudez de Piñera de no hacer cambios en el gabinete y tensar la cuerda al máximo. En ese aspecto, el gesto de no remover de su cargo al cuestionado ministro del Interior, Andrés Chadwick, pese a la intensa presión fue sintomático.

"Piñera aún apuesta al desgaste del movimiento, pero ciertamente ha ido entendiendo de a poco. Para un tecnócrata de estirpe como él, abrir la billetera fiscal y entregar su oreja ha sido un gesto demasiado potente", comenta otra fuente de La Moneda.

Su equipo de asesores, por cierto, también es reducido. Lo compone su eterna jefa de gabinete Magdalena Díaz; su jefe de prensa Juan José Bruna, y el propio Chadwick. Otra de las voces que también escucha es la de Cristián Larroulet, su jefe de asesores, y exjefe de gabinete de Hernán Büchi en el ministerio de Hacienda del gobierno de Augusto Pinochet. Su secretaria de máxima confianza es Sarita Larraguibel, con quien lleva varios años profesionalmente ligado.

Lo que la crisis no ha podido modificar en el gobernante es su reconocida austeridad y que se ha reflejado en su escaso interés por el vestuario más allá de las exigencias que su cargo le impone. El mandatario usa camisas de la marca Brooks Brothers, aunque en la emergencia puede que ese aspecto le siga pareciendo irrelevante.

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