Encrucijada: con pocos avances, la oposición venezolana redefine su estrategia

Mientras Guaidó sigue de gira por la región, busca más presión internacional sobre Maduro, un "blindaje" del joven líder antesu inminente regreso y mantener vivas las protestas callejeras
Mientras Guaidó sigue de gira por la región, busca más presión internacional sobre Maduro, un "blindaje" del joven líder antesu inminente regreso y mantener vivas las protestas callejeras Fuente: Reuters - Crédito: Ueslei Marcelino
Daniel Lozano
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3 de marzo de 2019  

CARACAS.-El baño de multitud y cariño que los venezolanos en Buenos Aires le dispensaron al líder opositor Juan Guaidó le insufló nuevos bríos en medio de su encrucijada. Con el ánimo encogido escuchó el grito unánime de "¡Queremos regresar!", que el presidente encargado respondió con una frase al estilo Barack Obama : "La única vuelta atrás es la de ustedes a casa".

Horas después, bien entrada la noche, el jefe de la Asamblea Nacional se "reunió" con su gabinete a través de Skype, sabedor que desde hace días el lema "vamos bien" ya no suena con tanta fuerza en Venezuela. Sobre la mesa virtual estuvo la estrategia para reajustar el desafío, que pasa necesariamente por el "blindaje" internacional de Guaidó ante su inminente regreso a Caracas. Un blindaje que gana grosor con cada visita a un país de la región y con cada conferencia de prensa junto a uno de los presidentes sudamericanos, como anteayer con Mauricio Macri en Buenos Aires.

"Objetivamente lo del 23 de febrero [cuando la represión chavista impidió la entrada de la ayuda humanitaria a Venezuela] fue un traspié para Guaidó, en el sentido de que perdió el ritmo triunfador que traía. Pero eso no quiere decir que sea una derrota política, porque frente a las fuerzas represivas no había nada que buscar", resume Luis Salamanca, antiguo rector del Consejo Nacional Electoral (CNE). "Esto lo lleva a un reajuste en su estrategia. Más que torcerla tiene que hacer los ajustes necesarios para seguir en la competencia exitosamente", añadió el politólogo.

Fuente: LA NACION - Crédito: Ippoliti

Entre las piezas del puzzle ya no se destacan ni la ayuda humanitaria ni la intervención internacional, y además el golpe de Estado parece improbable tras lo que parece una alianza invulnerable entre el alto mando militar, el generalato y la contrainteligencia cubana. El tablero a principios de marzo ofrece menos opciones a la oposición a Nicolás Maduro.

"El 23-F ocurrió el escenario que menos convenía a la oposición. El gobierno desafió a la comunidad internacional mostrando que no cree en su amenaza de intervención y hasta ahora las señales indican que tenía razón. El margen de acción interno de Guaidó se ve ahora disminuido. ¿Qué inventar para mantener el ánimo de la gente y, por lo tanto, su poder de convocatoria? Ahí está el reto", concluye Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos.

"Una cosa es ir bien por un terreno espinoso y lleno de trampas, en vez de ir limpio, pulcro e indemne. ¿Cuántos no han sentido que van bien a pesar de lo difícil y doloroso que sea avanzar?", matiza, no obstante, el politólogo Ángel Álvarez.

El desafío pasa por superar un primer obstáculo, el regreso a Caracas, para el que se barajan distintas protecciones: personalidades internacionales, una gran concentración, incluso alguna sorpresa fuera del guion. Seijas considera que la posibilidad de que Guaidó sea detenido está al 50%, y Salamanca reparte porcentajes, incluso que se le impida desde el principio volar al país.

"Una detención podría provocar una respuesta mucho más fuerte y radical de Estados Unidos", considera Luis Vicente León, presidente de Datanálisis. "Lo cierto es que ahora el peso recae mucho más en qué está dispuesta a hacer la comunidad internacional. Es la hora de no ladrar tanto y empezar a morder de una forma más decidida", apuesta Seijas.

Expectativa

Un regreso triunfal de Guaidó facilitaría los siguientes pasos para el desafío, que pasan por un reajuste "en el marco temporal", como lo define Salamanca. "En enero el asunto era inminente, para ya, mientras que el gobierno buscaba extender la pugna como pudiera para que se produjera un efecto de desconcierto y desilusión en un público que está desesperado por el cambio y que es muy susceptible tanto a las emociones positivas ('el cambio viene ya') como a las negativas ('pasaron dos meses y el cambio no vino'). Esto es un proceso al que no hay que poner fecha o deadline, no debes decir que noquearás en un round específico, sino que buscarás el KO".

El reajuste también es de expectativas. "La gente debe pasar de las máximas del primer día a una expectativa moderada, más centrada en el proceso que en el resultado. Esto es un proceso de socavamiento de la resistencia del régimen más que una liquidación fulminante del mismo", añade Salamanca.

La encrucijada del Parlamento coincide además con los mensajes contradictorios que llegan desde Estados Unidos, ante lo que han decidido profundizar en su táctica inicial: "desgaste y presión" es la fórmula mágica que hasta ahora sí dio resultados a la oposición. Guaidó insistirá en aumentar la presión, sabedor de sus avances durante dos meses y de la calamitosa situación económica y social, que empeorará aún más.

"Esa estrategia, no solo de seguir desenmascarando al régimen y llevarle a cometer acciones que eleven su costo político. Llegar a este nivel de consenso internacional, con esta elevación del tono contra la dictadura es una gran victoria para las fuerzas democráticas en Venezuela", recuerda Ramsés Siverio, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello.

El nuevo escenario que se abre con marzo forzó el regreso de la celebración de unas elecciones antes incluso de poner fin a la usurpación, alterando el orden de los factores que tantas veces repite Guaidó. "La propuesta tomó aire después de la condena del Grupo de Lima al uso de la fuerza contra el tirano", aclara el exalcalde exiliado Ramón Muchacho. El vicepresidente norteamericano, Mike Pence; el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro; la Unión Europea (UE), y distintos dirigentes latinoamericanos coinciden en la solución de las urnas; incluso Uruguay propuso que se realicen con un nuevo CNE supervisado por la ONU y con un presidente encargado de consenso.

El politólogo chileno Fernando Mires, profundo conocedor de la realidad venezolana, insiste en la necesidad de cambiar el primer objetivo de la lucha opositora: del cese de la usurpación a la lucha por unas elecciones libres "que nunca Maduro concederá gratis". Se trataría de ponerlo entre la espada y la pared, porque el jefe revolucionario y "los suyos saben que unas elecciones libres terminarían para siempre" su vida política. "El régimen teme mucho menos a la confrontación física que a la electoral. En la primera puede incluso ganar. En la segunda, solo puede perder".

Con un reparto de fuerzas 70%/20% para la oposición, Maduro ni se plantea convocar elecciones, consciente de que perdería hasta en su comunidad de vecinos. Se pudo ver claro en el Consejo de Seguridad de la ONU, con China y Rusia evitando ese supuesto como si de la peste se tratara. Un paso más dio ayer el vicepresidente Jorge Rodríguez, cuando planteó unas condiciones para el diálogo que significan un retroceso de casi tres años en el historial de negociaciones.

La carrera de largo aliento toma aire de nuevo para la oposición, tras dos meses a toda velocidad. "Vencer la resistencia, que hasta ahora produjo resultados. Minar y socavar las bases del régimen, cansándolas, no dándoles tregua, desafiándolas", sentencia Salamanca.

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