Entre críticas, irrumpe en España la era de los "minieuristas"

Por los planes de flexibilización laboral, los sueldos más frecuentes no sobrepasan los mil euros por mes; es el país europeo donde más se contrajeron los salarios
Martín Rodríguez Yebra
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30 de junio de 2013  

MADRID.- Con 31 años, Amanda Giner ya experimentó la precariedad laboral en todas sus versiones: salario mínimo, contratos de tiempo parcial, desempleo, pagos en negro, recorte consentido... Se ríe con amargura cuando recuerda cómo se quejaba de ganar mil euros al mes en los tiempos en que España crecía sin límites. "Ya quisiera ser «mileurista» ahora."

Hoy esta licenciada en economía vende servicios bancarios desde un call center por 800 euros mensuales. Nueve horas al día pegada a una silla y sólo puede levantarse para ir al baño si su jefe la autoriza. Lejos de ser una excepción, integra una porción creciente de los asalariados españoles en la era de la recesión; son los "minieuristas" o los "nimileuristas", según quien los bautice. Lo que haga falta por no caer a la enorme masa de "ceroeuristas", que hoy integran el 27% de la población activa y el 57% de los jóvenes.

La devaluación salarial es uno de los rasgos más marcados de la crisis en España, un país que aun en los años dorados que terminaron en 2008 pagaba sueldos inferiores a los de sus socios europeos. Estadísticas oficiales conocidas esta semana señalan que el salario bruto más frecuente de la economía es de 15.500 euros al año, lo que significa 970 al mes de bolsillo después de impuestos.

Entre los jóvenes, hoy el 70% gana salarios que oscilan entre los 850 y el mínimo legal, 748 euros al mes. Un "minisalario" con el que resulta imposible pagar un alquiler y los gastos de subsistencia; salvo que se viva con los padres, como le pasa al 55% de los menores de 30.

En la escasez, crece la oferta de trabajos part time de baja calificación, que ya no son sólo apuestas para inmigrantes (como cajeros de supermercado o limpieza de hogares). La mayor parte de los empleos que se crearon en lo que va de 2013 responde a esas características.

La tendencia es a la baja. El gobierno de Mariano Rajoy aprobó una reforma laboral el año pasado que abarató los despidos y limitó los derechos sindicales. Además, aumentó los tipos impositivos. Pero el empleo no mejoró y tanto las asociaciones empresariales como la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI) exigen una flexibilización mayor.

"España debe mejorar su competitividad con una reducción de salarios y facilidades para la contratación", fue la conclusión de la última misión del Fondo.

Sugieren seguir el modelo de Alemania, que en 2003 creó los llamados minijobs y eliminó el salario mínimo; una reforma que creó millones de puestos de no más de 20 horas semanales, con remuneraciones que no están sujetas a regulación estatal o sindical.

De todos modos, el salario promedio de la economía alemana casi duplica al de España. Incluso otros países que aplicaron severos recortes de sueldos se sitúan algún escalón arriba. Italia es un ejemplo claro: con un desempleo en cifras récord y también sin un mínimo fijado por el gobierno, sufrió en 2012 el mayor descenso histórico en su nivel salarial, pero mantiene un sueldo promedio bruto de 1900 euros.

Según estadísticas comunitarias de Eurostat, España fue el país de la UE donde los salarios registraron una mayor contracción en los últimos dos trimestres analizados, con una caída interanual del 4,3% (frente a un aumento del 1,5% en el total del bloque). "Desde el inicio de la crisis, España hizo un ajuste de competitividad que equivaldría a haber dispuesto una devaluación monetaria del 30%", sostiene José Luis Feito, principal asesor económico de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).

Sería un efecto comparable a la depreciación del peso en la Argentina en 2002, cuando se derogó la convertibilidad. Pero sólo sobre la base de recortar salarios.

En la CEOE y en otros sectores de la economía se congratulan de esas cifras, que permiten a España por primera vez en décadas exportar más de lo que importa. Piden profundizar ese camino para emplear a más gente y evitar que se agrave la crisis de consumo.

En los últimos días, el presidente del Banco de España, Luis María Linde, se sumó a los que reclaman que se permita contratar personal por debajo del salario mínimo y que se reduzcan las facilidades para contratar y despedir personal. El FMI sugirió también ir hacia el contrato único: es decir, que no haya diferencias entre trabajadores fijos y temporales.

"España ha hecho enormes esfuerzos para recuperar la competitividad-precio de sus exportaciones mediante la devaluación interna. Pero habrá que reequilibrar la carga del ajuste. A largo plazo no es sostenible como un país de salarios bajos y escasa calificación", sostuvo Federico Steinberg, investigador principal de Economía del Real Instituto Elcano.

Rajoy insiste en que no avanzará con otra ola de flexibilización. Intentará alentar el empleo juvenil con un incentivo de 6000 millones de euros que recibirá de la UE. Pero las perspectivas de mejoría son escasas: los pronósticos del propio gobierno cifran por encima del 26% el desempleo de acá a 2015.

Cándido Méndez, secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT), dijo a LA NACION: "Esta devaluación salarial sólo puede generar ganancias de competitividad puntuales, inútiles en el mediano plazo. Mientras, aumentan los niveles de pobreza y desarman nuestro modelo social por décadas".

Los gremios están en alerta por la próxima reforma que se comprometió a aprobar el gobierno: las jubilaciones. La merma en la cantidad de aportantes al sistema y el aumento de la expectativa de vida garantizan un ajuste fuerte, con bajas en los haberes, en el método de actualización y hasta en la edad de retiro. Algunos sostienen que es inevitable aceptar que tarde o temprano habrá que trabajar hasta los 70 años.

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