Escepticismo en EE.UU. por el acuerdo con Irán

Varios republicanos y algunos demócratas cuestionarios la iniciativa de Obama
Silvia Pisani
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26 de noviembre de 2013  

WASHINGTON.- El primer día de acuerdo con el enemigo regaló la imagen de un Barack Obama llamativamente solo en la defensa de la apuesta diplomática más arriesgada que haya intentado desde que llegó a la Casa Blanca, al apostar por la creación de un "espacio de confianza" con Irán en materia nuclear.

Del otro lado, las críticas y el escepticismo se alzaban como un coro entre republicanos e incluso algunos demócratas. Entre ellos, legisladores cercanos al llamado "lobby judío", que suele inclinarse por posiciones más afines al gobierno israelí en materia de política exterior.

Repartidos entre quienes reconocen el derecho de "darle una oportunidad a la diplomacia" y quienes advierten sobre "la trampa" en la que supuestamente cayó el gobierno demócrata, ese indicador del ánimo colectivo que suele ser la Bolsa de Nueva York reaccionó con tibieza. Con una modesta suba del 0,05%, el indicador por excelencia Dow Jones reflejó ese estado de ánimos repartidos. "Si alguien esperaba campanadas de entusiasmo por el discurso de una nueva etapa, no ha sido el caso", fue uno de los comentarios escuchados.

La prensa más reconocida del país dividió sus opiniones. Los influyentes The Washington Post y The New York Times publicaron editoriales en los que, si bien con cautela, reconocían la necesidad de darle una oportunidad a la diplomacia. El Post, especialmente, hizo un llamado a "no petardear" el acuerdo antes de tiempo. "El quiebre del acuerdo con Irán", tituló, en cambio, el influyente sitio online Político, uno de los más seguidos en medios políticos de esta ciudad. "El escepticismo es enorme dentro del Capitolio", aseguró.

Las primeras 24 horas fueron fiel reflejo de ello. El principal bastonero de la idea fue el propio Obama, que ayer la defendió en un acto público. Otro tanto hizo, cuando no estaba en vuelo, el secretario de Estado, John Kerry. Pero de allí para abajo, las argumentaciones en favor parecieron ceder espacio ante la virulencia con que cuestionaron los críticos.

"¿Desde cuándo le creemos a Irán?", arrancó el líder del bloque republicano en la Cámara de Representantes, Eric Cantor. No es que su opinión sea decisiva, pero sentó el tono de lo que dirían muchos republicanos a lo largo de la jornada.

Las apelaciones a "una trampa" y a haber puesto en manos del enemigo la posibilidad de recuperarse económicamente para volver con más fuerza fueron constantes en el día.

Más inquietante para la Casa Blanca fue tomar nota de la posición de quienes suponen algunas de sus espadas en el Senado. El neoyorquino Charles Schumer, uno de los operadores de confianza de Obama, fue el primero en mostrar escepticismo. "Es un error relajar las sanciones económicas porque fueron ellas y ninguna otra cosa las que trajeron a los iraníes a la mesa de negociación", previno. En el fondo, se mostró convencido de que el entendimiento "no es proporcional" y que cede demasiado en favor de Teherán.

Otra de las espadas demócratas, el senador por Nueva Jersey y presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, Robert Menéndez, no parecía tampoco muy satisfecho. "Estamos listos para votar más sanciones en cuanto sea necesario", previno.

La noticia cayó, sin embargo, en una semana atípica. La celebración, pasado mañana, del Día de Acción de Gracias tiene a la administración funcionando en una rara media máquina. Las dudas esenciales que no destrabó la difusión del acuerdo no ayudaron mucho tampoco. La interpretación que hizo Kerry sobre el futuro inmediato del uranio enriquecido en Irán –diametralmente opuesta a la celebración que hizo el régimen de Teherán- no sumó demasiado.

Si bien el plazo del acuerdo es de seis meses para probar la confianza de los negociadores, la coincidencia ayer era que no había tanto tiempo. En mayo próximo, que es cuando en teoría caduca el acuerdo, la puja con miras a las elecciones legislativas de noviembre no dará mucho margen de movimiento.

"Si hay un error o si el acuerdo fracasa, nadie en la Casa Blanca querrá correr ese riesgo con las elecciones a sólo seis meses", escuchó LA NACION. Eso, en los hechos, acotaría los plazos de maniobra con que nace el acuerdo.

Del otro lado, la realidad es que las alternativas no eran más atractivas, entre ellas, la de la salida armada. Entre ese escenario y el escepticismo de las primeras horas, la Casa Blanca intenta defender la apuesta más audaz de su diplomacia.

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