Escuché muchas llamadas de Obama, y es una práctica normal

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26 de septiembre de 2019  

WASHINGTON.- Cuando aparecieron las primeras noticias de que un lanzador de alerta de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos había hecho una denuncia por una llamada telefónica entre el presidente Donald Trump y su par de Ucrania, Volodimir Zelenski, Trump insistió en que no había hecho nada malo, porque sabía que puede haber "muchas personas escuchando en varias agencias de Estados Unidos , por no hablar de las del otro país".

Pero cuando salieron a la luz los informes de que Trump había utilizado la llamada para presionar a Ucrania a investigar a Hunter Biden , el hijo del exvicepresidente Joe Biden, Trump empezó a sugerir en cambio que la denuncia misma era el problema, que un "espía" estadounidense podría haber estado "escuchando en secreto", y se preguntó si el lanzador de alerta estaba "del lado de nuestro país".

Trump tenía razón la primera vez. Lo sé porque fui una de esas "personas que escuchan". Como exfuncionario de inteligencia que prestaba servicio en la sala de crisis de la Casa Blanca, ya no recuerdo cuántas llamadas escuché del presidente Barack Obama con otros líderes mundiales.

Lejos de "espiar" al presidente, estaba haciendo precisamente el trabajo que él y sus altos asesores nos habían pedido a mí y a mis colegas. Si bien todavía no sabemos exactamente cómo pudo haberse enterado el actual lanzador de alerta del contenido de la llamada a Zelensky, esas llamadas estaban, según palabras del propio Trump, "fuertemente concurridas". Él mismo permite que así sea, como lo hacen todos los presidentes, y por buenas razones.

Situada en el sótano del Ala Oeste de la Casa Blanca, la sala de crisis está integrada por profesionales de la comunidad de inteligencia, el Departamento de Estado y las Fuerzas Armadas. Además de grandes cantidades de informes de inteligencia, la sala de crisis se encarga de gestionar las comunicaciones entre el presidente y otros jefes de Estado.

Las llamadas son complejas en términos logísticos. Una llamada clásica nace a pedido del presidente o del consejero de seguridad nacional. El personal de la sala de crisis prepara las líneas y pone en conferencia a los asesores apropiados y autorizados para escucharla.

Muchos de esos asesores estarán sentados con el presidente en el Salón Oval, junto con un miembro de la sala de crisis que operará los teléfonos. Por lo general se realizan transcripciones de esas llamadas a pedido del consejero de seguridad nacional, que controla la diseminación del texto dentro del gobierno.

¿Qué pasa cuando no se solicita una transcripción? Los asesores de la sala igualmente suelen tomar notas para dar seguimiento a los elementos de acción. Según mi experiencia, no era infrecuente que una llamada del jefe de Estado consumiera el tiempo de 10 personas, y todas dejaban rastros en papel sujetos a la ley de registros presidenciales.

Trump autorizó la publicación de la transcripción sin editar de su llamada con Zelenski. Aunque algunos pueden mostrarse escépticos de que el registro publicado por la Casa Blanca esté completo, nunca jamás en mi experiencia se editó una transcripción para evitar daños políticos o incluso comentarios personales incómodos. Al contrario, era fundamental hacer un registro completo para que el equipo del presidente y otros organismos pudieran avanzar con las relaciones y las políticas conversadas durante las llamadas.

Trump sabe bien que no hay nada inherentemente perverso en que un funcionario de inteligencia sepa lo que dijo el presidente por teléfono. De hecho, es la norma. Lo que se aleja de lo normal es el hecho de que uno de esos funcionarios haya escuchado algo tan alarmante como para que ponga en riesgo toda su carrera y se convierta en un lanzador de alerta. Y lo que lamentablemente se está volviendo cada vez más normal es que Trump está dispuesto a calificar a cualquier individuo o institución que cuestione su comportamiento con palabras como "partidario" o integrante de una conspiración del "Estado profundo". Eso se volvió un reflejo de este gobierno.

Escuché muchas cosas en los teléfonos de la Casa Blanca. Sin embargo, nunca nada que me hiciera pensar en volverme un lanzador de alerta y salir a hablar sobre la llamada. Son escasas las denuncias de los lanzadores de alerta del mundo de la inteligencia, y las consecuencias para el empleado que pone a prueba el sistema son altas.

Sabemos que el inspector general de la comunidad de inteligencia estimó que el tema de discusión "está vinculado con una de las responsabilidades más significativas e importantes del director de Inteligencia Nacional". Eso nos obliga a tratar la denuncia con seriedad y a tomar los intentos interesados del gobierno en hacerse la víctima con una alta dosis de escepticismo.

El autor fue asignado por la CIA a la sala de crisis en 2014 y 2015

The Washington Post

Traducción de Jaime Arrambide

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