Estalló la violencia en la capital de Haití: saqueos y ejecuciones

Aristide está más aislado; EE.UU. anunció que enviará 2200 marines
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28 de febrero de 2004  

PUERTO PRINCIPE.– La capital haitiana está en llamas. Furiosas bandas de militantes que respaldan al presidente Jean- Bertrand Aristide desataron ayer en Puerto Príncipe una ola de ejecuciones, saqueos y destrucción que dejó 10 muertos. La violencia se generalizó ante la desesperación de saber que el gobierno se encuentra al borde del colapso, asediado por las fuerzas rebeldes que ya dominan casi todo el país y en su avance han dejado unos 80 muertos.

Cada vez más aislado internacionalmente, con Estados Unidos y Francia que piden su dimisión para evitar un baño de sangre mayor –y Washington que anunció que enviará 2200 marines a las costas haitianas–, Aristide parecía haber dejado la capital en manos de las descontroladas pandillas de Chimères, como se denomina a estos jóvenes armados, en su mayoría analfabetos y provenientes de las barriadas más pobres, como la infame Cité Soleil, donde este mandatario populista tiene su base de apoyo. La policía no se veía por ningún lado y ni Aristide ni los funcionarios de su gobierno intentaron llevar calma a la aterrada población.

Por la noche, después de estar ausente durante todo el día, el presidente mantuvo una entrevista telefónica con la CNN y aclaró que no abandonará el poder. "No podemos ceder ante los terroristas. Tenemos una responsabilidad que cumplir. Tenemos que hacer lo que creemos que es correcto", dijo.

A dos cuadras del blanquísimo edificio del Palacio Nacional, dos cuerpos de hombre con disparos de bala en la cabeza yacían en un espeso charco de sangre; tenían las manos atadas detrás de la espalda. Los cuerpos de otras ocho personas fueron hallados en el barrio popular de Delmas 2, según Radio Métropole, mientras que otros cuatro cuerpos habían sido regados en el residencial Pétionville durante la noche anterior.

Es en este barrio, en las altas colinas que coronan Puerto Príncipe, donde se encuentra el puñado de hoteles donde se aloja la mayor parte de la prensa internacional, convertida ahora en blanco predilecto de los salvajes Chimères, que acusan a los periodistas extranjeros de buscar la renuncia de Aristide y los intimidan con sus fusiles, pistolas, machetes y piedras.

Durante las últimas noches, los militantes progubernamentales rodearon los hoteles y dispararon al aire para provocar el pánico entre los reporteros y los choferes locales que trabajan para ellos.

Ayer por la mañana, un fotógrafo free lance extranjero fue herido en un brazo de un machetazo; las camionetas en las que se desplazan los enviados de las cadenas norteamericanas ABC y NBC fueron atacadas a pedradas, mientras detrás de ellos se oían varios disparos. Afortunadas se podían sentir las personas a quienes tan sólo se les exigía un "peaje" en las numerosas barricadas que bloqueaban las principales avenidas, en medio de la humareda creada por los neumáticos en llamas que inundaban el aire con un fuerte olor.

"Ustedes quieren que Aristide deje el poder porque él está con el pueblo y no con los empresarios ricos de la oposición",dijo a LA NACION Louis Chérisma, militante progubernamental de 20 años que, con anteojos negros, bandana que le cubría la cabeza y machete en mano, custodiaba el acceso al aeropuerto junto a otros compañeros.

"La prensa internacional no es justa; está del lado de los terroristas. Pero nosotros vamos a defender la ciudad con nuestra vida", dijo antes de retirarse raudamente con su "brigada" en la caja de una pick-up roja gritando "¡Por cinco años!", en referencia al mandato presidencial de Aristide, que concluye el 7 de febrero de 2006.

En torno del parque central Champ de Mars, los bancos, restaurantes, estaciones de servicio y la mayoría de los negocios estaban cerrados. Sólo permanecían abiertas los locales de lotería, muchos de ellos con las puertas y ventanas cubiertas con maderas que se usan para protegerlos en temporada de huracanes.

De cualquier manera, los Chimères saquearon ayer varios almacenes, la universidad privada Quisqueya y la agencia de seguridad Thomas Security, de donde robaron un centenar de armas. No muy lejos de allí, en el puerto, cientos de personas atacaron la terminal de contenedores Haití y en medio de escenas de caos provocado por un incendio se retiraron con todo tipo de cargamentos, desde comida almacenada por organizaciones de ayuda humanitaria hasta televisores y ropa interior francesa.

El temor al desabastecimiento se apoderó de Puerto Príncipe luego de que el líder de los insurgentes del Frente de Resistencia para la Liberación de Haití, el ex comisario Guy Philippe, anunció que en vez de atacar la capital de forma inminente la sometería a un duro bloqueo marítimo. "Enviaremos dos barcos para impedir que pasen los cargamentos desde Miami con combustible y comida. No habrá más barcos a Puerto Príncipe", señaló el cabecilla rebelde desde el borde de la pileta del hotel Mont Joli, en Cap Haïtien, desde donde comanda a los 700 hombres que dice tener bajo sus órdenes.

"Será muy difícil tomar Puerto Príncipe ahora. Habrá muchos combates, muchas muertes –estimó, al hablar de su estrategia futura–. Así que queremos que haya desesperación primero. Eso es lo que haremos: cerraremos el círculo".

Ayer por la madrugada –a las 3.05, según resaltaron sus pobladores como para que quedara registrado en los anales históricos–, un comando rebelde de diez personas atacó la ciudad de Mirebalais, tan sólo a 60 kilómetros al nordeste de la capital. Los diez policías que había en la comisaría local huyeron y los insurgentes liberaron a los 67 prisioneros. Inmediatamente, la gente se lanzó a las calles a vitorear a los "libertadores" y a saquear e incendiar las instalaciones oficiales. Poco después, los rebeldes abandonaron esta localidad de 140.000 habitantes.

La toma de Mirebalais

"Los policías y los Chimères de aquí nos daban golpes sin necesidad, robaban cosas porque no estaban bien pagos ni comían bien", contó a LA NACION Rosaline Bijoux, de 21 años, mientras, junto con su novio, Alex Enel, arrancaba de la pared de la comisaría unos enchufes para su salón de belleza. "El gobierno no nos dejaba agruparnos en cooperativas ni en sindicatos –agregó él–. Se lo tienen bien merecido; esto se estaba convirtiendo en una dictadura y los rebeldes vinieron a liberarnos."

A pocos les importaba que entre los líderes "libertadores" estuviera Louis-Jodel Chamblain, ex jefe de los paramilitares del dictador Raoul Cédras (1991-1994), acusado de todo tipo de violaciones de los derechos humanos. "Siempre hay una excepción a la regla –indicó Enel–. Igualmente, ahora él también se convirtió para ayudar al pueblo haitiano."

El acceso a la capital

Aunque la toma de Mirebalais es considerada un avance importante hacia Puerto Príncipe, el tortuoso camino que atraviesa las montañas de Trou d’Eau haría imposible una invasión por allí. La única vía de acceso real a la capital es a través de Saint-Marc, un puerto 120 kilómetros al norte de Puerto Príncipe donde se está agrupando la mayor parte de los 5000 policías con que cuenta Aristide para luchar y defender su poder.

Totalmente ajena a los acontecimientos político-militares, Luisina Jelène, una campesina de 37 años que parece de 60, estaba ayer más preocupada por una lucha diaria: la de su subsistencia. "Yo no sé nada de Aristide ni de esos rebeldes", dijo, montada en una esquelética mula sobre la que llevaba bolsas de maíz y bananas al mercado de Fond Michel, cerca de Mirebalais. "Lo único que quiero es que nos dejen vivir tranquilos y trabajar para poder comer", explicó, antes de darle un taconazo al animal para que alcanzara a la fila de mujeres de su familia que se alejaban caminando por un pedregoso sendero balanceando canastos con frutas y verduras sobre la cabeza.

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