Estalló la violencia por la llegada de ilegales a un enclave español: 5 muertos

Ocurrió en Ceuta y es el tercer intento masivo de infiltración de africanos en la semana; Madrid envía tropas
Silvia Pisani
(0)
30 de septiembre de 2005  

MADRID.- Estalló la violencia tan temida. Por lo menos cinco africanos murieron en su desesperado intento por escapar del hambre y llegar a Europa mediante el extremo recurso de lanzarse -en masa y por la fuerza- contra la valla fronteriza entre Marruecos y el enclave español de Ceuta. Pero esta vez, tropezaron con disparos de bala.

Tal el corolario del primer asalto masivo de inmigrantes contra la valla fronteriza de esta ciudad autónoma, y que siguió a otros dos similares ocurridos esta semana contra Melilla, el otro enclave español en Africa. La avalancha humana motivó el envío urgente de tropas españolas a la zona.

Las primeras autopsias revelaron que dos de los muertos tenían herida de arma de fuego; sus cuerpos quedaron en el piso, junto a la valla, del lado español. España asegura no haber hecho los disparos y culpa a Marruecos que, por medio de su agencia oficial de noticias, hizo otro tanto. Los otros tres muertos cayeron del lado marroquí, antes de alcanzar la valla de alambre. La organización Médicos sin Fronteras aseguró que uno de ellos era un bebe que participó de la avalancha humana portado en brazos. Nada se sabía anoche formalmente de los otros dos fallecidos.

"Después de lo de Melilla, esto se veía venir. Pero, aun así, no se tomaron medidas de prevención", era el lamento de policías de Ceuta. En plena noche, por lo menos 500 africanos intentaron cruzar por asalto la valla en sus puntos más bajos, donde no supera los tres metros. Decenas cayeron heridos. "Parecía un campo de batalla", fue la descripción.

Eso es lo que se sabe tras una larga noche de confusión y miedo, en la frontera. Y de contradicciones y nuevas medidas de emergencia, en la península. El gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero prometió una "profunda investigación" sobre la responsabilidad en las muertes. Y ordenó el urgente envío de efectivos militares para apoyar la vigilancia del límite entre Primer y Tercer Mundo; entre el hambre y la prosperidad. Casi medio millar de soldados -entre ellos, legionarios- se sumaron desde ayer mismo a la vigilancia, según dijo el ministro de Defensa, José Bono.

"Su papel allí será exclusivamente disuasorio", explicó la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega. Pero organizaciones que trabajan con inmigrantes reaccionaron, indignadas, y acusaron al gobierno socialista de violar los derechos humanos.

Los cruces en masa de la frontera terrestre se sumaron, en los últimos meses, a los que emigrantes africanos vienen intentando por agua desde hace años, con precarias embarcaciones llamadas pateras. Y que anualmente se cobran la vida de muchos de ellos, que perecen ahogados. Ahora, también mueren en tierra.

La tragedia derivó en un durísimo cruce político. La oposición del derechista Partido Popular (PP) reprochó a Zapatero "imprevisión manifiesta y absoluta dejadez" en el manejo de la crisis. Y le indicó la "obligación de exigir" al gobierno de Marruecos que "acabe con esta situación" en su territorio, donde se esconden los inmigrantes antes de lanzarse en masa.

Comprensión

Mariano Rajoy, el líder popular, insinuó incluso responsabilidad de Marruecos. "Todos sabemos que se han permitido asentamientos de miles de personas en los últimos meses y todos sabemos que preparar una operación para saltar una valla no se hace sin la aquiescencia de esa autoridad", dijo.

Pero el gobierno socialista no compartió estos argumentos. Y hasta se mostró comprensivo. "Los inmigrantes que vienen desde el sur del Sahara son un problema grave para Marruecos y tenemos que ayudar", dijo el canciller Miguel Angel Moratinos. El último episodio de ofensiva africana contra el muro de la prosperidad tuvo lugar el mismo día en que, en Sevilla, deliberaran los presidentes de ambos gobiernos, Zapatero y el marroquí, Driss Jettou.

Se sabe que la crisis fue tratada con mucha cautela, dado que Marruecos reclama soberanía sobre Ceuta y Melilla, situación que, tradicionalmente, complica el abordaje entre gobiernos de cuestiones en esos territorios. Pero eso ayer empezaba a cansar. "Melilla es como un castillo medieval asediado", denunciaba ayer el diario El Mundo, en un crítico editorial.

Los testimonios de la larga noche fueron desgarradores. "Había sangre y heridos por todos lados, estábamos desbordados. Pero volverán, porque tienen hambre y están desesperados", decían policías de Ceuta. Se sabe que cientos de africanos permanecen escondidos en los alrededores de la verja, esperando el momento de poder saltar.

Pese a la alarma desatada por los episodios similares en Melilla, el asalto a Ceuta tomó a buena parte de los guardias por sorpresa. "¡Salto masivo, salto masivo!", fue el alerta radiofónico.

Pero lo que está en danza es la responsabilidad de los disparos. Según fuentes españolas, la autopsia a los dos cadáveres de su territorio reveló que los proyectiles no son del tipo usado por la Guardia Civil y que su trayectoria indica que "sólo pudieron venir del otro lado, donde estaban los efectivos marroquíes". Los marroquíes lo niegan.

Anoche, todo era una tensa calma en la frontera. De un lado, la ciudad asustada, del otro, personas desesperadas. En el medio, una tierra de nadie.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?