ETA asesinó a un jefe de prisión con un coche bomba

Fue luego de que en Bilbao una manifestación reclamó el cese del terrorismo
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23 de octubre de 2000  

MADRID.- La organización terrorista ETA respondió ayer con un nuevo asesinato a la marcha de más de cien mil personas que horas antes, en Bilbao, había condenado su violencia.

Sorda a ese clamor, eligió como escenario la ciudad de Vitoria, en la provincia vasca de Alava. Y como víctima, a un jefe de prisión de 44 años, padre de dos hijos, a quien mató al colocar una bomba con dos kilos de explosivo bajo el auto.

Era un domingo, a las 7.45 de la mañana. Todo estaba tranquilo. Fue sólo poner el auto en marcha y Máximo Casado Carrera se convirtió en la víctima número 16 que cobra la banda desde que, en enero último, abandonó la tregua acordada con el gobierno de José María Aznar. La pausa duró 14 meses y ETA los aprovechó para reorganizar sus fuerzas.

Es posible que este crimen tenga una cuota adicional de horror. El Ministerio del Interior trabaja sobre la hipótesis de que haya sido cometido por activistas de la violencia callejera, jóvenes que rara vez superan los 21 años, conocidos como "los cachorros de ETA", entre quienes la banda recluta a sus nuevos cuadros.

"Es una hipótesis que tenemos que analizar. La posibilidad de que se trate de terroristas muy jóvenes, no fichados y procedentes de la lucha callejera", dijo el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja.

El funcionario explicó que Vitoria "ha sido afectada en otras ocasiones por acciones vinculadas con el terrorismo", con lo que aludió a recientes episodios de violencia callejera que tuvieron por blanco a jóvenes militantes del gobernante Partido Popular. Sólo por milagro esos episodios no pasaron a mayores.

"Con miedo todo el día"

Varios vecinos recordaron que, meses atrás, Casado había tenido un enfrentamiento personal con jóvenes simpatizantes de Euskal Herritarrok (EH), una fuerza política que ampara a la banda terrorista. Al parecer, había reaccionado al encontrarse en su buzón pintadas en favor de ETA.

Los supuestos autores de esas pintadas son también vecinos de la víctima y de los testigos que vieron lo que ocurría. Pero entre estos últimos nadie se animaba ayer a testimoniar abiertamente por temor a represalias. "Así vivimos aquí. Con miedo todo el día", dijo uno de ellos.

El asesinato de Casado coincidió con un nuevo rebrote de la violencia en las calles del País Vasco. En varias ciudades hubo atentados con bombas molotov, pedradas y la habitual rotura de cajeros automáticos. Todo sucedió sólo horas después de que la masiva concentración de Bilbao reclamó el cese del terrorismo.

"Yo les pido a los españoles que no desmayen", dijo Aznar desde Irán, donde se encuentra en visita oficial. A diferencia de lo que hizo en otras ocasiones, el presidente no adelantó su retorno a España. "Yo sé en todo momento dónde está mi sitio. Mi agenda no la dicta ETA", dijo el mandatario al explicar las razones de su decisión.

"Estamos ante otro atentado más de ETA y esto no debe apartarnos, como pueblo, de nuestra línea de determinación y de voluntad contra el terrorismo", añadió el mandatario.

Metódico y cuidadoso

Los compañeros de Casado lo describieron como un hombre metódico y cuidadoso de las medidas de autoprotección sugeridas para quienes cumplen funciones públicas en el País Vasco. Hacía 17 años que residía en el lugar y varios que cumplía el mismo trayecto desde su casa hasta la cárcel de Nanclares de la Oca, donde era jefe de servicio.

Varios de sus compañeros recordaron que la víctima, "al igual que otros del servicio", había recibido cartas con amenazas de la banda terrorista durante la época en que ésta secuestró a otro funcionario de prisiones, José Antonio García Lara.

Fue en enero de 1996. La captura se prolongó por más de 16 meses, hasta que el secuestrado -poco más que una irreconocible figura de piel y huesos sobre una camilla- fue rescatado por la Guardia Civil.

En los últimos años, la banda terrorista aumentó sus acciones contra personal de instituciones penitenciarias, al que reprocha el trato que reciben sus compañeros presos y su dispersión por cárceles de todo el país. Desde 1983, seis de sus funcionarios fueron asesinados y veinte sufrieron atentados.

ETA y sus "cachorros" reclaman que los presos de la banda permanezcan juntos en prisiones del País Vasco. Pero las autoridades se niegan a ello, los envían a cárceles lejanas -preferentemente en islas- y los separan entre sí para evitar que mantengan algún tipo de organización.

Desde que quebró la tregua, ETA asesinó a seis políticos, tres militares, dos guardias civiles, un empresario, un periodista, un fiscal y a un miembro de la Ertzaintza (policía vasca).

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