Europa encara uno de sus mayores retos: recortar la jubilación

Se esperan multitudinarias protestas
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12 de mayo de 2003  

PARIS.- Los trabajadores de Europa están saliendo a las calles para proteger su más preciado logro del Estado de bienestar de la posguerra: el derecho a jubilarse, a menudo por anticipado, con una generosa pensión garantizada por el Estado.

Los franceses inician esta semana una ola de protestas contra la propuesta del primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, de reestructurar el sistema de pensiones, que pronto se quedará sin dinero. En Alemania crece la inquietud por la rebaja en los beneficios de desempleo y las pensiones son las próximas en la lista del gobierno. Hasta en Austria, donde virtualmente no se oye hablar de huelgas, está creciendo el rencor a medida que los sindicatos salen a las calles en las mayores protestas del último medio siglo.

La razón de la discordia en Austria es el esfuerzo del canciller Wolfgang Schüssel para rebajar los beneficios para los futuros jubilados. Quizá sea la propuesta más radical en el continente europeo para tratar un problema simple: los números no cierran.

En Austria, como en Francia y Alemania, la mayoría de los jubilados todavía se basa en el gobierno para obtener gran parte de sus ingresos. Bajo estos sistemas los pagos de pensiones son financiados con los impuestos a los trabajadores.

Esto funcionó bien cuando Otto von Bismarck, el "canciller de hierro" de Alemania, creó el moderno Estado de bienestar estatal, a fines del siglo XIX. Estableció la edad en que se podía empezar a cobrar en 70 años, que era muy por arriba del promedio de expectativa de vida de la época, de manera que el gobierno podía fácilmente hacerse cargo de los modestos costos.

Pero ahora Europa está envejeciendo más rápido que muchas otras sociedades industrializadas. En el continente la expectativa de vida ha aumentado hasta los 75,79 años. Sin embargo, el trabajo empieza más tarde, ya que los estudios, a menudo, se extienden hasta los 28 o 29 años, y termina más pronto que nunca, porque las empresas con frecuencia se desprenden de sus empleados más caros, a los que les ofrecen generosas sumas por un retiro anticipado.

Un tema urgente

Eso significa que los jubilados en algunos casos deben financiar un tercio y hasta la mitad de sus años de adultos con las pensiones. Contrariamente a Gran Bretaña y Estados Unidos, donde los planes son privados y reúnen el grueso de los ingresos por jubilación, la mayoría de los países del continente no ha podido apartar a los trabajadores de los beneficios del Estado.

Si no hay una reforma, advierten los economistas, muchos gobiernos no podrán pagar para 2015 o 2030. En algunos casos hay aún más urgencia.

Mientras sus economías se estancan, Alemania y Francia no han cumplido con las reglas que gobiernan la Unión Monetaria Europea, que requiere déficit de menos de 3 por ciento en el PBI. Esa es una de las razones del plan de Raffarin y de la idea del canciller Gerhard Schršder, de Alemania, de recortar los beneficios al desempleo, con un ojo puesto en disminuir, a continuación, los gastos de las jubilaciones.

Los políticos, particularmente en Francia, dan pasos cuidadosos. La mayoría recuerda la última vez que París abordó el tema de la reforma jubilatoria, en 1997. Eso le costó su puesto al primer ministro conservador, Alain Juppé, y a los socialistas les quedó claro que se trata de un problema muy peligroso.

Los economistas aseguran que la propuesta de Raffarin es modesta y que no resolverá los problemas presupuestarios a largo plazo de Francia, pero que podría aliviar una crisis inmediata. Con el plan que se envió para el debate parlamentario de junio los trabajadores del sector público de Francia tendrían que aportar al sistema de retiro durante 40 años, en lugar de los 37,5 años anteriores, para recibir una pensión completa.

Para los sindicatos del comercio, el plan de Raffarin es una amenaza al impulso que construyeron bajo el gobierno socialista, cuando la semana laboral fue acortada a 35 horas. Varios sindicatos de Francia y Austria han llamado a masivas huelgas para mañana.

El problema austríaco

El plan del canciller austríaco es más drástico que la propuesta de Raffarin y los expertos afirman que podría llevar a recortes de hasta 30 por ciento en los pagos a jubilados. Busca mantener a los austríacos en sus trabajos durante 45 años, en lugar de los 40 actuales, y aumenta la penalización por retiros adelantados. En lugar de basar los pagos en los mejores 15 años de los 40 de empleo, se tomará el promedio de toda la trayectoria de trabajo.

La última presentación del plan, que Schüssel intenta introducir en el Parlamento en junio, provocó la ira de la izquierda y amenaza con causar desavenencias dentro del gobierno liderado por la gente de su partido conservador. "Austria puede ser un caso testigo para saber si el gobierno tendrá la fuerza para lograr las reformas", aseguró Holger Schmieding, economista del Bank of America.

Poca gente estará observando más de cerca que Schršder. El gobierno alemán está estudiando propuestas para revisar el sistema previsional, incluyendo un posible aumento en la edad de retiro, de 65 a 67 años. Pero si la gente va a trabajar por más tiempo tiene que haber más puestos de trabajo, y el desempleo en Alemania ha crecido a un punto máximo después de la unificación.

La mayor organización laboral ha prometido luchar contra los planes y Schršder podría enfrentar una significativa oposición desde dentro de su propio partido. Como en gran parte de Europa, la batalla recién está comenzando.

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