Europa y el riesgo de un éxito que se da por sentado

Sus ciudadanos recelan de Bruselas
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30 de abril de 2004  

PARIS.– Si uno quiere echar un vistazo a cómo la nueva Unión Europea está afectando la vida de los europeos, no tiene más que ir un viernes a la terminal sur del aeropuerto de Orly.

En la fila de un vuelo matutino a Milán, Horst Kessler, de 27 años, se dispone a mostrar su cédula de identidad alemana –ya no se necesita pasaporte– al empleado del mostrador. En el bolsillo guarda flamantes billetes de 10 euros para comprarle un regalo a su novia, que vive en Italia. La pareja se ve por lo menos una vez por mes gracias a los descuentos en las aerolíneas y puede hablar por teléfono diariamente gracias a las rebajas convenidas por las compañías.

Pero, ¿qué es lo primero que le viene a la mente cuando Kessler piensa en la UE, cuyas fronteras abiertas, moneda única y políticas de desregulación para las aerolíneas y las telecomunicaciones hacen posible todo esto? "Demasiada burocracia y muy poca democracia", respondió sin vacilar. Varios en la fila asintieron con la cabeza.

A pocas horas de que la UE abra sus puertas a diez nuevos miembros, la actitud de Kessler es común. La decepción es palpable entre los antiguos miembros. La inminente ampliación ha generado numerosos debates sobre cuánto más la integración debe extenderse geográficamente y transferir el poder a Bruselas. Los debates revelan una profunda paradoja: los beneficios de la Unión se dan por sentado, mientras que sus deficiencias son analizadas con ojo crítico y subrayadas. Antes una visión ambiciosa para llevar la paz y la prosperidad a un continente dividido después de la Segunda Guerra Mundial, el proyecto europeo se ha convertido por lo menos en parte en la víctima de su propio éxito.

Mala memoria

La mayoría de los adultos de menos de 30 años apenas si recuerda una época en la que era necesario un pasaporte para trasponer las fronteras de Europa occidental. Incluso el euro, compartido por 12 de los actuales miembros de la UE, ha circulado desde hace algunos años.

Jacques Delors, ex presidente de la Comisión Europea y arquitecto del euro, lamenta el hecho de que en un momento en que la UE está por dar la bienvenida a 75 millones de nuevos habitantes haya estado decayendo el apoyo a la integración. Según él, el problema es "la falta de visión y de comunicación" de los gobiernos, a los que les gusta atribuirse los méritos cuando las iniciativas europeas son populares y señalan con el dedo a Bruselas cuando no lo son.

Con cada vez menos europeos que recuerdan su continente en guerra, el objetivo de una paz permanente capta hoy poca atención. "Todos la dan por sentada", expresó Leon Brittan, ex vicepresidente de la Comisión Europea.

Más celebrados, aunque principalmente por los economistas, son los beneficios económicos de la Unión. El intercambio comercial entre los miembros de la UE aumentó más del doble como porcentaje del PBI durante los últimos 30 años. La comisión calcula que más de 2.500.000 puestos de trabajo fueron creados como consecuencia directa de la más extensa apertura fronteriza de 1993 y que la inversión extranjera en la región se duplicó desde entonces. Gracias a los esfuerzos de desregulación y un control competitivo, los consumidores han sido testigos de una baja de precios y una mayor cantidad de opciones.

Sin embargo la sensación de que incorporarse a la UE es beneficioso disminuyó en 12 de los 15 miembros actuales, dejando la cifra global en un 46%, según una encuesta de opinión. Un 15% incluso advirtió que se sentiría aliviada si la UE fuese eliminada. No ayuda que la UE sigue siendo en gran medida incapaz de unir fuerzas en la arena internacional, lo que quedó demostrado claramente en la guerra de Irak.

Los nuevos países miembros están muy seguros de su capacidad para añadir valor, tanto económica como políticamente. Al respaldar el liberalismo promovido en países como Irlanda, Gran Bretaña, Suecia y los Países Bajos, los nuevos miembros podrían avergonzar a los países que están rezagados con las reformas. Danuta Hübner, la nueva comisionada polaca en Bruselas, advirtió que los actuales miembros podrían llegar a impresionarse. "Somos –dijo- mucho más liberales y estamos dispuestos a impulsar reformas y a bajar impuestos."

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