¿Evidencia abrumadora o farsa? El juicio político divide más a EE.UU.

El Comité Judicial de la Cámara baja escuchó ayer las evidencias contra Trump
El Comité Judicial de la Cámara baja escuchó ayer las evidencias contra Trump Fuente: Reuters - Crédito: Jonathan Ernst
Mientras avanzan nuevas audiencias en el Congreso, se afianzan dos relatos opuestos sobre Trump y el Ucraniagate
Rafael Mathus Ruiz
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10 de diciembre de 2019  

WASHINGTON.- Estados Unidos vive dos impeachments. Uno alega que el presidente, Donald Trump, montó una diplomacia paralela comandada por su abogado personal, Rudy Giuliani, para sobornar a Ucrania y obtener un "favor" para su reelección. El otro sostiene que los demócratas crearon una "farsa" para destituir a Trump y ocultar una injerencia de Ucrania en la elección presidencial de 2016, una teoría conspirativa desacreditada por la comunidad de inteligencia, el FBI y el Congreso, que acusan al gobierno de Vladimir Putin.

Cuando faltan días para que los demócratas aprueben en la Cámara baja del Congreso el histórico juicio político contra Trump, el desfile de testigos y la presentación de pruebas en las audiencias durante las últimas semanas, que sirvieron de antesala al impeachment, arraigaron dos ángulos bien nítidos para una misma historia, profundizando la grieta que divide a Estados Unidos: medio país cree que Trump debe ser juzgado, mientras que la otra mitad lo reivindica.

La polarización se refleja también en la cobertura de los medios. Mientras los principales diarios del país, CNN, Msnbc y los canales de aire se concentran en las acusaciones contra Trump, la Casa Blanca y el escándalo Ucraniagate, en la pantalla de Fox News, y, en particular, en los programas de opinión que se transmiten por la noche, el foco está puesto en el relato oficial y la teoría conspirativa que apunta a Ucrania, y no a Rusia, por la injerencia en la campaña presidencial de 2016.

Los demócratas presentaron "abrumadoras evidencias" contra Trump, incluidos testimonios de diplomáticos, funcionarios y exfuncionarios del gobierno federal y documentos que, a su juicio, prueban que hubo presiones de la Casa Blanca al gobierno de Volodimir Zelensky para que pusiera en marcha dos investigaciones dirigidas a beneficiar al mandatario en la elección presidencial de 2020.

Trump, la Casa Blanca y los republicanos creen que nada de lo que hizo el presidente amerita enjuiciarlo, y han defendido las investigaciones reclamadas a Zelensky, una para atacar a Joe Biden, potencial contrincante de Trump en la elección de 2020, y otra que surgió de una teoría conspirativa desacreditada.

Esa teoría sostiene que Ucrania, y no Rusia, estuvo involucrada en el hackeo a los servidores del Partido Demócrata y la campaña de Hillary Clinton en la campaña de 2016. El fin último de la teoría es socavar el escándalo del Rusiagate, que Trump siempre ve como un ataque a la legitimidad de su presidencia. El Congreso, el Departamento de Justicia, la comunidad de inteligencia han dado por hecho que Putin -quien niega todo- intentó manipular la campaña, y han desechado esta teoría. Más aún: funcionarios de la Casa Blanca han advertido que esa acusación es otra campaña de desinformación del Kremlin.

Sin embargo, los republicanos intentaron sembrar dudas durante las audiencias sobre las acusaciones de los demócratas y la credibilidad de los testigos, y trataron de desviar la atención dándole aire a esa teoría ventilada por Trump sobre la injerencia de Ucrania en la elección de 2016, desmentida por las conclusiones de las investigaciones del FBI, el Congreso y de la comunidad de inteligencia. Fiona Hill, experta en Rusia y exfuncionaria de la Casa Blanca, testificó que era una "narrativa ficticia" y otra campaña de desinformación del Kremlin.

"¿Cuál es el alcance total de la intromisión electoral de Ucrania contra la campaña de Trump?", preguntó en una de las audiencias el congresista Devin Nunes, uno de los alfiles de Trump en el Congreso.

"No digo que fue Ucrania y no Rusia. Digo que ambos países pueden interferir en una elección", dijo el abogado de los republicanos, Steve Castor, ayer, en la última audiencia.

Teoría conspirativa

Detrás de la teoría conspirativa aparece Crowdstrike, una empresa norteamericana de seguridad tecnológica que cotiza en bolsa y fue contratada por el Partido Demócrata para investigar el hackeo durante la campaña de 2016.

Uno de sus dueños es un empresario nacido en Moscú, Dimitri Alperovich. La empresa, que está radicada en California, concluyó que Rusia estuvo detrás del ataque, y cooperó con la investigación del FBI y Robert Mueller, que llegó a la misma conclusión.

Pero Trump sostiene otra cosa: ha sugerido que la empresa tiene un servidor de los demócratas escondido en Ucrania, y, desconociendo la realidad, dijo que la empresa es ucraniana y que Alperovich, que tiene ciudadanía estadounidense, también es ucraniano.

Trump le pidió a Zelensky que investigara a la empresa. "El servidor, dicen, está en Ucrania", le dijo en su conversación telefónica del 25 de julio último, cuando le pidió un "favor" que gatilló la denuncia que abrió al proceso de impeachment.

Días atrás, Trump brindó una larga entrevista a su programa favorito, Fox & Friends, donde volvió a ventilar el tema. No está solo: senadores como Ted Cruz, antaño rival y hoy aliado, han empezado a decir lo mismo que él.

"Mucho de esto tuvo que ver, dicen, con Ucrania", dijo Trump.

"Tienen el servidor, ¿verdad?, del Comité Nacional Demócrata, el FBI fue y le dijeron '¡salí de acá!', le entregaron el servidor a Crowdstrike, o como se llame, que es una compañía de un ucraniano muy rico. Y yo todavía quiero ver ese servidor. Ya saben, el FBI nunca obtuvo ese servidor. Esa es una gran parte de todo esto. ¿Por qué se lo dieron a una empresa ucraniana? ¿Por qué?", agregó Trump.

"¿Está seguro de que se lo dieron a Ucrania?", retrucó uno de los conductores.

"Bueno, eso es lo que se dice", respondió Trump, sin dar pruebas.

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