Evo busca eternizarse en el poder, pero le espera un camino lleno de trabas

Manifestantes forcejean con la policía en La Paz durante la huelga del último jueves
Manifestantes forcejean con la policía en La Paz durante la huelga del último jueves Fuente: AP - Crédito: Juan Karita
Aunque Morales logró que lo habilitaran para otro mandato, la economía pierde impulso y crecen las protestas
Rubén Guillemí
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10 de diciembre de 2018  

El presidente Evo Morales , que suele vanagloriarse de ser el primer presidente indígena de América Latina, abandonó definitivamente esta semana las ancestrales tradiciones aymaras de rotación en el poder comunal, se acercó peligrosamente al destino de sus colegas de la región que soñaron con eternizarse en el cargo, y asumió el desafío de seguir manejando quizás hasta 2025 la economía de un país al que hace rato se le acabó el viento de cola por el auge de las materias primas.

Una anécdota muestra el estilo de conducción del hombre que podría convertirse en el presidente democrático latinoamericano con más tiempo ininterrumpido en el cargo. Hace algunos años en Cochabamba durante un acto en el que anunció obras en un gasoducto, sin sonrojarse Evo dijo: "Cuando algún jurista me dice: 'Evo te estás equivocando jurídicamente, eso que estás haciendo es ilegal', bueno, yo le meto por más que sea ilegal. Después les digo a los abogados: 'Si es ilegal, legalicen ustedes, ¿para qué han estudiado?'"

La anécdota se aplica perfectamente a lo sucedido el martes cuando el Tribunal Supremo Electoral (TSE) habilitó la fórmula Morales-Álvaro García Linera para los comicios presidenciales de octubre de 2019. Aunque el TSE no dio los fundamentos de su fallo, ya el año pasado el Tribunal Constitucional dictaminó que impedirle a Evo su postulación para un nuevo mandato viola sus "derechos humanos", pese a que es la propia Constitución impulsada y aprobada por el Movimiento al Socialismo (MAS) en 2009, la que prohíbe su nueva candidatura. Pero sus abogados se ocuparon de "legalizar lo ilegal".

Sus biógrafos recuerdan varias historias que muestran cuáles son las convicciones de este hombre que no completó la escuela secundaria ("No me gusta leer. Tengo ese problema, soy sincero", suele decir Evo), pero que condujo a su país a la transformación más exitosa de su historia. Puso a Bolivia en la senda del progreso como el país de mayor crecimiento del PBI en América del Sur durante los últimos cinco años, llevó la tasa de desempleo al nivel más bajo de la región y logró reducir la pobreza del 63% al 36%.

Y este hombre nacido hace 59 años en una familia de pastores de la etnia aymara, sabe qué es la pobreza. "Cuando era chico caminaba durante tres semanas con mis llamitas desde el Altiplano hasta los valles para poder sobrevivir. Ahora descanso en hoteles de cinco estrellas y casas de protocolo; a veces no puedo creer que esto sea real", confesó Evo hace algunos años.

Roberto Navia, uno de sus biógrafos, autor del libro Un tal Evo, sostiene que lo que lleva al mandatario a querer eternizarse en el cargo no es el temor a un futuro "a lo Lula da Silva" en Brasil, encarcelado por las acusaciones de corrupción contra su gobierno.

Navia, que conoce a Evo desde el llano, de cuando era dirigente sindical cocalero en los años 80 en el Chapare, afirmó a LA NACION que "lo que más pesa en él es la embriaguez del poder, la posibilidad de seguir manejando los hilos que mueven a este país".

Un entorno palaciego

Evo, que de joven soñó con ser futbolista y sigue jugando aún hoy (hay un video viral donde se lo ve pegando un rodillazo en los genitales a un jugador del equipo contrario cuando el balón ya no estaba en juego), aplicó dos días de arresto a una banda militar de Cochabamba porque durante un partido no celebró con una "diana" sus goles. Lo consideró una falta de "indisciplina" hacia la figura presidencial.

"A Evo se le subió el poder a la cabeza", grafica Navia. "Y se fue rodeando de un entorno palaciego que no le permite ver la realidad, y reconocer ese descontento ciudadano que empieza a palparse en las calles".

Para Ludwig Villaverde, presidente del Colegio de Politólogos de La Paz, el fallo que le permite ser candidato "muestra una debilidad alarmante de la institución democrática boliviana. La reelección fue rechazada en el referéndum por una diferencia de 180.000 votos. El pueblo ya se expresó. Y hasta en la organización comunal andina hay rotación de cargos".

Villaverde comentó a LA NACION que hay una "centralización del poder" en torno de Evo, que se evidencia en la ausencia de un sucesor. Los posibles herederos, desde el excanciller David Choquehuanca hasta el vice García Linera, son relegados a un segundo plano.

"El poder se concentra en Morales. Todo asunto por más minúsculo que sea, incluso los problemas de los municipios, no se resuelve si no es con la bendición de él", explicó Villaverde. Para él, la actual movilización en las calles augura un futuro de "alta conflictividad social" para los próximos meses.

Sin embargo, esa conflictividad no tiene el acicate de una crisis económica, como sucede en las revueltas sociales, explicó a LA NACION el exministro de Economía Luis Carlos Jemio.

"El gobierno mantuvo su nivel de gasto público consumiendo sus reservas internacionales, que cayeron de 15.000 millones de dólares a 8400 millones, y mediante una suba de la deuda de 4000 millones de dólares a 10.000 millones. Entonces, no se siente una desaceleración de la economía pese a la caída internacional de los precios de minerales, hidrocarburos y precios agrícolas", señaló Jemio.

Pero las reservas no son infinitas y el endeudamiento tiene un límite. "El gobierno todavía goza de cierta holgura, pero esta política no es sostenible al ritmo actual. En dos o tres años nos quedaremos sin reservas", advirtió el exministro.

Claramente, los bolivianos que salieron a las calles estos días no son un pueblo hambriento que pide pan, sino lo que el vicepresidente Linera define como la "clase media emergente", aquellos que salieron de la pobreza gracias a la gestión del MAS, y en la actualidad exigen el respeto de la voluntad popular expresada en el referéndum de hace dos años, y que ahora advierten: "Bolivia ya dijo no".

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