Evo y Bolsonaro, dos rivales unidos por el fuego

Ishaan Tharoor
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28 de agosto de 2019  

WASHINGTON.- A los líderes de Brasil y de Bolivia claramente no los une el amor, pero al parecer tampoco el espanto de ver cómo el fuego arrasa a sus países. Después de un verano que en el hemisferio norte dejó en llamas vastos sectores de los bosques y selvas más importantes del mundo, ahora los ojos de la comunidad internacional están puestos en Brasil y Bolivia. La semana pasada, cuando la ciudad de San Pablo quedó sumida en un humo espeso en pleno mediodía, los diarios del mundo reflejaron el impresionante aumento del número de focos de incendio en Brasil, que se disparó un 80% en comparación con 2018.

Una nube de humo similar cubrió la ciudad de Santa Cruz, la más grande de Bolivia. Un área de casi 15.000 km2 de Chiquitania, una región boscosa de Bolivia, cerca de la frontera con Brasil y Paraguay, quedó calcinada durante los últimos meses, poniendo el riesgo a cientos de especies animales. Según algunos, los bosques bolivianos podrían tardar dos siglos en recuperarse.

Pero que nadie espere que el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, o su par boliviano, Evo Morales, se ayuden mutuamente. A principios de este año, cuando el agitador de ultraderecha asumió el poder en el Planalto, el paladín de la izquierda sudamericana tuiteó su disgusto por "el resurgimiento de la ideología de supremacía racista (KKK)" en la política del continente.

El sentimiento es recíproco. En la asunción de Bolsonaro, Evo, el único líder izquierdista de la región que asistió, fue denostado por los partidarios del nuevo presidente al grito de "comunista" e "indio hdp". En una entrevista con el diario brasileño O Globo, un legislador del partido de Bolsonaro se burló de quienes temían por el futuro de las comunidades indígenas durante el mandato del nuevo presidente. "Si les gustan los indios, váyanse a Bolivia", dijo Rodrigo Amorim, por entonces flamante congresista, y en referencia a Morales, agregó: "Ahí, además de un comunista, los gobierna un indio".

La antipatía de Bolsonaro tanto hacia las minorías indígenas como hacia la izquierda ha sido la rúbrica de su política de gobierno. Durante su exitosa campaña presidencial de 2018, denotó a sus opositores como izquierdistas autócratas del tenor del venezolano Nicolás Maduro, y de hecho también a Morales. Y ahora que está al mando, Bolsonaro está avanzando con sus promesas de campaña: reestructurar o directamente dar de baja todas las medidas ambientales que protegen las zonas indígenas de la Amazonia, para beneficiar a la poderosa industria de los agronegocios. No por nada se ganó el mote de Capitán Motosierra.

Esas medidas son el telón de fondo de la catástrofe actual de la selva amazónica. Los críticos de Bolsonaro, entre ellos, varios importantes políticos de Europa y otros lugares, argumentan que el brasileño alentó a los productores ganaderos y madereros a iniciar incendios para limpiar terrenos para cultivo y pastoreo.

"Al igual que el presidente norteamericano, Donald Trump, desde un primer momento Bolsonaro llenó su gabinete de personas negacionistas de la ciencia que dicen que el cambio climático es un fraude marxista y que convirtieron su abierto desprecio por las comunidades minoritarias que dependen de la Amazonia en una marca de su mensaje político", señaló el HuffPost Brazil.

Si bien están lejos de ser espíritus afines, las culpas de lo ocurrido estos meses están repartidas equitativamente entre Morales y Bolsonaro. El gobierno boliviano inicialmente minimizó los incendios, y cuando tronó la indignación internacional se mostró horrorizado. Morales suspendió su campaña reeleccionista para coordinar la respuesta de su gobierno. Después de su inicial reticencia, trató de salvar su imagen y agradeció de antemano cualquier ayuda que el mundo pudiera darle a Bolivia para controlar el fuego.

Pero sus detractores dicen que los incendios en Bolivia también son producto de políticas que alientan la deforestación, incluido un reciente decreto destinado a impulsar la producción de carne vacuna para exportar, algo que enfureció a la sociedad civil boliviana. "Morales tiene una mentalidad de arriba hacia abajo en cuanto a imponer proyectos en la Amazonia", dice Andrew Miller, de la organización conservacionista Amazon Watch. "O sea que si bien Morales impulsó políticas progresistas, al mismo tiempo tuvo fricciones con los pueblos indígenas".

Y de pronto, Morales también demostró una coincidencia ideológica con su enemigo transfronterizo. "Los dos países más afectados por el fuego tienen gobiernos de los extremos opuestos del espectro político, pero que comparten la misma postura en cuando a la deforestación", dice Eugenio Coter, un prominente obispo de la Iglesia boliviana. "No hay ningún plan político o económico para la Amazonia que no dependa de la extracción de sus recursos naturales".

Traducción de Jaime Arrambide

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