Familias o amigos, nada se salva de la polarización

Cada vez más, los venezolanos se ven obligados a buscar un difícil equilibrio entre sus relaciones personales y sus firmes convicciones políticas
C. Toothacker y M. Weissenstein
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11 de mayo de 2013  

CARACAS.– Hugo Chávez observa desde un cuadro con marco negro cómo José Pastano toma café después de cenar con sus hijos en la modesta vivienda que comparte con 17 familiares en un barrio pobre del sector occidental de Caracas.

Inclinado sobre la mesa, este mecánico de ómnibus jubilado increpa a sus hijos por apoyar a la oposición y les dice que son unos ingratos por no reconocer todo lo que hizo el presidente por el país en sus 14 años de gobierno.

La exigua victoria del partido oficialista en las elecciones presidenciales del mes pasado, sostiene, es lo único que impide que firmas estadounidenses se apoderen de la industria petrolífera venezolana, hoy en manos del Estado.

"Están ciegos y sordos. No quieren aceptar la verdad", afirma. "La verdad es que Chávez sacó a millones de compatriotas de la pobreza."

En un país donde el oficialismo y la oposición tienen prácticamente el mismo caudal de votos, numerosas familias son desgarradas por la política, y las tensiones dieron lugar incluso a episodios sangrientos en las calles.

Maridos y mujeres, hermanos y hermanas, padres e hijos se encuentran en campos opuestos, unos apoyando a Nicolás Maduro, elegido por Chávez como su sucesor, y otros volcados a la oposición, que acusa al gobierno socialista de apelar al fraude y a la intimidación para conservar la presidencia por un margen de votos del 1,49%.

La política es una vieja obsesión de los venezolanos, que se acentuó luego de la llegada de Chávez al poder, con sus afirmaciones de que la oposición estaba formada por "escuálidos" y los esfuerzos de sus rivales políticos por destituirlo mediante un golpe y un referéndum. Muchos, no obstante, dicen que las tensiones alcanzaron un nivel que no se veía desde el fallido golpe de 2002, que alejó brevemente a Chávez del poder.

Si a esto se le agrega una campaña del gobierno contra la oposición después de los comicios, muchos venezolanos se ven obligados a buscar un difícil equilibrio entre sus relaciones personales y firmes convicciones políticas.

"En todas las familias chavistas siempre vas a conseguir un opositor", señala Mirla Pérez, profesora de trabajos sociales que estudia las relaciones familiares en la Universidad Central de Venezuela. "Cuando eso sucede, hay conflicto. Es una tensión permanente que se libera solamente no hablando".

Las divisiones en las familias a menudo siguen líneas generacionales. De un lado están los padres, que recuerdan vívidamente los problemas que sufría el país antes de la llegada de Chávez, con la inflación, la devaluación de la moneda, la delincuencia y la inestabilidad política.

Si bien esos problemas persisten, y, de hecho, podrían haber empeorado bajo Chávez, los partidarios del líder destacan sus programas sociales y se enorgullecen de su retórica nacionalista. En el otro rincón están los hijos adultos más educados, que ven los fracasos de Chávez, no sus logros. Pastano tiene dos hijos, Edwin, de 43 años, y Mauri, de 47. "¿Cuál es el socialismo del que hablan?", pregunta Mauri. "Ellos dicen que son socialistas, pero no suben a los barrios para ayudar a la comunidad", agrega.

Su hermano Edwin lo secunda. Dijo que el gobierno no hace nada para combatir la delincuencia. Pastano padre, de 71 años, comienza entonces a tener problemas para respirar, se recuesta en su asiento y se toma el pecho. "Necesito calmarme", expresa. Fin de la discusión, al menos por el día.

Escenas como ésta se repiten incluso entre las familias de más renombre. El ministro de Información, Ernesto Villegas, cuestiona frecuentemente a los detractores del gobierno, mientras que su hermano Vladimir es un conocido periodista, crítico del oficialismo y quien anunció hace poco que asumirá la dirección de Globovisión, último canal opositor que queda.

Hay que "navegar en medio de un país muy polarizado, dividido, con una situación de animosidad política bastante complicada", dijo Vladimir Villegas recientemente.

Un elemento constante de las discusiones familiares es la pasión que muchos sienten por el carismático Chávez, quien pasó a ser prácticamente un miembro más de la familia.

"La relación que la familia popular venezolana ha tenido con el presidente no es de funcionamiento, ni de poder. Es una relación familiar", sostiene la profesora Pérez, que añade que su propia familia está dividida. "Tuve una discusión tremenda con mi mamá", relata, porque "comparó el sentimiento que tiene por la muerte de Chávez con el sentimiento que tuvo tras la muerte de mi hermano".

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