Final con suspenso entre Gore y Bush

A 11 días de los comicios, el vicepresidente está al frente en algunas encuestas y el republicano, en otras
Jorge Elías
(0)
27 de octubre de 2000  

WASHINGTON.- Por una cabeza, Al Gore tomó la delantera en algunas encuestas. Y en otras George W. Bush continúa al frente. Son tres puntos para el vicepresidente en una de John Zogby (45 contra 42 por ciento) y apenas uno en otra de la cadena CNN (46 contra 45); son dos puntos para el gobernador de Texas en una de The Washington Post (47 contra 45 por ciento). Y siguen las apuestas, o las encuestas, a 11 días del desenlace.

¿Puede cantar victoria uno de los dos? No way, Josei! En elecciones indirectas, en las cuales decidirá el Colegio Electoral, vaticinios tan ajustados no deparan el resultado por uno ni por el otro. Serán más importantes los electores que obtengan que los votos generales en sí.

"Bush puede ganar el voto popular, pero puede perder el voto electoral -dice a La Nación el consultor político Jack Sweeney, de la firma Straffor-. Todo depende del número de electores, no de votos. No vale de nada, entonces, que uno obtenga un 49% y el otro un 47 si tiene más electores aquel que obtenga menos votos en general."

De ahí el valor que han asignado ambos candidatos, en el último peldaño de la campaña, a los llamados Swing States (Estados vacilantes). En especial, los del Medio Oeste. En ellos vuelcan toda su energía con tal de sacarles el jugo hasta a las piedras. O de convencer a quienes no piensan confesar su voto hasta el mismísimo martes 7 de noviembre, día de las elecciones. Varios, por cierto.

¿El motivo? "Ninguno de los dos inspira confianza -dice Sweeney-. Ni reúne los requisitos que yo, como ciudadano de los Estados Unidos, quiero ver en mi presidente. Voy a votar con mucho escepticismo y mucha duda esta vez. Gore está más preparado y tiene más experiencia, pero, al mismo tiempo, no creo que Bush no esté preparado."

¿Entonces? El empate en las encuestas, en las cuales Gore ha repuntado un poco, pero no lo suficiente para cantar las hurras, es consecuencia, más que todo, de la proximidad de las elecciones. Y, acaso, de la especulación sobre los votos de Ralph Nader, el candidato verde, con un 5%, que, en última instancia, podrían nutrir las arcas del menos ecologista de los dos candidatos: Bush.

El uno y el otro

Por eso, el llamado a los indecisos. Del cual se ha hecho carne hasta Bill Clinton, virtual ausente de la campaña de Gore por pedido expreso de él mismo. Incómodo, quizá, con su condición de delfín. O, por qué no, con una herencia de bonanza económica en la cual resulta más difícil ser líder que en otras circunstancias.

"Bush es como Clinton en 1992: es el gobernador que viene de afuera y que afirma que puede manejar el país -dice Sweeney-. Y Gore es como Bush en 1988: es el vicepresidente que no necesita aprender nada y que quiere confirmar que puede manejar el país. Pero cada uno tiene sus propias deudas; Bush, con las corporaciones que pusieron plata en su campaña, y Gore, con los sindicatos."

Entre los indecisos, Gore estaría arriba de Bush por tres a uno, según la encuesta de Zogby. Lo mismo sucede en California y en la Costa Este (menos Florida, gobernada por Jeb Bush, hermano de George), mientras que la tendencia se invierte en forma radical en el Sur y en una porción considerable del centro del país.

La figura de Clinton no deja de ser un obstáculo tanto para uno como para el otro. "Desafortunadamente, mientras nosotros hemos trabajado para ahorrar dinero para el futuro, la mayoría republicana en el Congreso se ha dedicado a ver cómo se puede gastar, introduciendo leyes especiales con cantidades sin precedente que benefician intereses especiales", dijo en una de sus apariciones.

¿Fue una mano para Gore? En cierto modo. "Clinton cree que los republicanos han sido obstruccionistas, pero algunos congresistas demócratas no confían en él -dice Sweeney-. O dicen que ha sido más obstruccionista que los propios republicanos."

Quizá lo único seguro de las elecciones sea el triunfo de Clinton. De Hillary, en realidad, como candidata a senadora por el Estado de Nueva York, a falta de re-re .

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.