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Fox pidió a EE.UU. una política menos represiva en la frontera

Busca impulsar a largo plazo una apertura total en materia de inmigración
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25 de agosto de 2000  

WASHINGTON.- El presidente electo de México, Vicente Fox, defendió en su primera visita a la Casa Blanca la idea de que los Estados Unidos no deberían gastar millones y millones de dólares para prevenir la inmigración ilegal, sino promover el desarrollo económico de su vecino y tener una política menos represiva en la frontera.

Fox sólo despierta elogios en la administración Clinton, porque terminó con más de 70 años de reinado del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y promete al mismo tiempo una transición pacífica a una democracia plena.

Su propuesta migratoria -que en su versión más radical promueve para el largo plazo una apertura total de las fronteras- es quizá la única que generó escepticismo durante su primera gira como presidente electo por los Estados Unidos.

"La respuesta no es levantar muros, formar ejércitos y gastar miles de millones de dólares", explicó Fox, que propuso impulsar el desarrollo económico de las zonas de frontera.

El proyecto de Fox para el mediano plazo es profundizar la integración entre los Estados Unidos, Canadá y México, para transformar a la zona de libre comercio que comparten con el Nafta en un bloque que tenga también una mayor flexibilidad para el tránsito de personas.

Dolarización e inmigración

Aunque su modelo es la Unión Europea, que financió programas de desarrollo para sus miembros más pobres (como Portugal), Fox descartó la posibilidad de dolarizar la economía mexicana para tener una moneda única, una idea a la cual el gobierno canadiense también se opone con fervor.

"No estamos yendo hacia la dolarización, para nada. No nos parece conveniente, y tampoco estamos proponiendo una moneda común", dijo el presidente electo durante una conferencia de prensa que brindó en Washington al terminar su reunión con Clinton en la Casa Blanca.

Fox también se entrevistó con el vicepresidente y candidato demócrata para las elecciones de noviembre, Al Gore, y hoy visitará al republicano George W. Bush, en Texas.

Para ser republicano, Bush tiene un discurso de tono muy tolerante hacia los inmigrantes, pero cuando le preguntaron por la propuesta de Fox respondió: "Debemos cuidar nuestras fronteras".

Clinton fue elusivo: "Tenemos leyes que se aplican en la frontera, obviamente, pero con el correr del tiempo nuestros países serán cada vez más interdependientes".

El Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN) estima que en los Estados Unidos viven seis millones de inmigrantes ilegales, y que la cifra aumenta a un nivel promedio de 300 mil por año. Aunque el SIN redujo de manera considerable las inspecciones internas para expulsar a los extranjeros sin permiso de trabajo a medida que el índice de desempleo caía en los Estados Unidos gracias al boom económico, los recursos que invierte para clausurar la frontera han tenido un aumento sostenido desde que Clinton llegó a la Casa Blanca, en 1992.

"De la frontera con Canadá uno nunca escucha hablar, el problema es la frontera con México por la brecha que existe en los niveles de ingreso", razonó Fox. Tanto Clinton como Gore "tienen la misma inquietud", siguió el presidente electo, y dijo de manera muy genérica que están "abiertos a escuchar nuevas propuestas".

Pero el gobierno sólo está dispuesto a aumentar el número de visas anuales para trabajos calificados, y un proyecto para militarizar la frontera ya tiene media sanción de la Cámara baja, aunque un texto similar naufragó ya dos veces en el Senado.

Inmigrantes ilegales

Cantidad: el Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN) calcula que en EE.UU. viven actualmente unos seis millones de inmigrantes ilegales.

Crecimiento: pese a los controles, el número de ilegales aumenta a un ritmo promedio de 300 mil por año.

Frontera caliente: la principal vía de ingreso es la frontera con México. Allí se concentran los recursos del SIN y de la Patrulla de Frontera, que tiene más de 6000 agentes en la zona.

Detenidos: en 1996 se detuvo a 1,6 millón de extranjeros sin permiso de residencia; en su mayor parte habían sido arrestados en la frontera con México.

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