Fuerte crítica de Francisco a la curia: "Su defecto es ser Vaticano-céntrica"

En su segundo diálogo con un veterano periodista, dijo que "la corte es la lepra del papado"
Elisabetta Piqué
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2 de octubre de 2013  

ROMA. En coincidencia con la primera reunión del consejo de ocho cardenales de todos los continentes que lo ayudarán a reformar la curia y a gobernar, Francisco volvió a sorprender ayer con fuertes críticas a la administración central de la Iglesia.

"La curia tiene un defecto: es Vaticano-céntrica. Se ocupa de los intereses del Vaticano, que son todavía, en gran parte, intereses temporales. Esta visión Vaticano-céntrica se olvida del mundo que la rodea. No comparto esta visión y haré lo posible para cambiarla", disparó Francisco, en un diálogo-entrevista con Eugenio Scalfari, el fundador del diario La Repubblica, de 89 años y declaradamente ateo.

La conversación volvió a echar luz sobre la idea de lo que Jorge Bergoglio busca: un pontificado que "debe abrirse a la modernidad".

"Los jefes de la Iglesia fueron a menudo narcisos, adulados por sus cortesanos. La corte es la lepra del papado", sorprendió Francisco.

Luego de haberle enviado el 11 de septiembre pasado una larga carta en respuesta a dos editoriales, hecho que había causado gran impacto por la apertura del Papa hacia quienes piensan distinto, Francisco tuvo un encuentro con Scalfari, decano de los periodistas italianos, el martes de la semana pasada, en la residencia de Santa Marta.

La reunión fue precedida por una llamada telefónica. "Nunca la olvidaré", escribió Scalfari.

Cuando su secretaria, atónita, le pasó la llamada del papa Francisco, el veterano periodista le confesó su desconcierto. "¿Por qué desconcertado? Usted me escribió una carta en la que me pedía conocerme personalmente; yo tengo el mismo deseo y lo estoy llamando para establecer la cita. Veamos mi agenda: el miércoles no puedo, el lunes tampoco. ¿Está bien el martes?", le preguntó Bergoglio.

El diálogo entre el Papa y Scalfari copó la tapa del diario La Repubblica con el título "El Papa: así cambiaré la Iglesia" y ocupó sus tres primeras páginas.

Francisco, fiel a su estilo, fue directo y claro. Y criticó con fuerza no sólo a una curia "Vaticano-céntrica" que se olvida del mundo, sino también a esos "jefes de la Iglesia" que fueron "narcisos, adulados por sus cortesanos".

"La corte es la lepra del papado", sentenció. Si bien admitió que en la curia "a veces hay cortesanos", hizo una distinción, al destacar que ésta era "otra cosa". Luego de afirmar que hará lo posible para cambiar esa visión "Vaticano-céntrica" que hay en Roma, el Papa volvió a dejar claro el rumbo renovador que quiere imprimirle a su pontificado.

"La Iglesia es o tiene que volver a ser una comunidad del pueblo de Dios y los presbíteros, los párrocos, los obispos curando almas, estando al servicio del pueblo de Dios", afirmó.

En una entrevista que tocó diversos temas, como hizo en otras oportunidades, Francisco condenó el clericalismo.

"Cuando tengo enfrente a un clerical me vuelvo anticlerical de golpe", confesó, medio en serio medio en broma. "El clericalismo no debería tener nada que ver con el cristianismo", dijo.

Al hablar del hecho de que los católicos son minoría en el mundo, el ex arzobispo de Buenos Aires volvió a resaltar la riqueza del Concilio Vaticano II (1962-1965).

"Nuestro objetivo no es el proselitismo, sino escuchar las necesidades, los deseos, las desilusiones, la desesperación, las esperanzas. Tenemos que volver a darles esperanza a los jóvenes, ayudar a los viejos, difundir el amor. Tenemos que incluir a los excluidos y predicar la paz. El Vaticano II decidió mirar al futuro con espíritu moderno y abrirse a la cultura moderna", recordó.

"Los padres conciliares sabían que abrirse a la cultura moderna significaba ecumenismo religioso y diálogo con no creyentes. Después de entonces se hizo muy poco en esa dirección", agregó, en una velada crítica a sus predecesores.

El Papa no dejó de hablar del "G-8", el grupo de ocho cardenales consultores de todos los continentes con el que se reunió ayer por primera vez en la biblioteca privada del tercer piso del Palacio Apostólico, a la mañana y a la tarde. "No son cortesanos, sino personas animadas por mis mismos sentimientos."

"Éste es el inicio de esa Iglesia con una organización no sólo vertical, sino también horizontal", afirmó.

Aunque admitió que "muy a menudo la Iglesia como institución ha sido dominada por el temporalismo y muchos miembros y altos exponentes católicos todavía tienen este modo de sentir", Francisco dijo que "la Iglesia no se ocupará de política".

"La Iglesia no irá más allá de su tarea de expresar y difundir sus valores, al menos hasta cuando yo esté aquí", afirmó.

Después de preguntarle a Scalfari en qué cree ("yo creo en el ser", contestó el periodista), otra frase bomba de Francisco, que seguramente provocará reacciones en sectores tradicionalistas, fue: "Y yo creo en Dios. No en un Dios católico, no existe un Dios católico, existe Dios".

Finalmente, dijo que "los peores males del mundo en estos años son la desocupación de los jóvenes y la soledad en la que son dejados los viejos".

El Santo Padre también condenó el denominado "liberalismo salvaje" que "hace fuertes a los más fuertes, a los débiles más débiles y a los excluidos, más excluidos".

"Hace falta gran libertad, ninguna discriminación, no demagogia y mucho amor. Hacen falta reglas de comportamiento y también, si fuera necesario, intervenciones directas del Estado para corregir las desigualdades más intolerables", advirtió.

Scalfari, que durante el diálogo con el líder máximo de la Iglesia Católica dijo que no se dejará convertir por el Papa, adelantó que volverá a reunirse con Francisco.

¿Los temas? Pascal y el rol de las mujeres. "La Iglesia es femenina. Quiero hablar también de las mujeres", dijo Bergoglio.

Histórico: el IOR reveló su balance

En una nueva iniciativa de la ola de transparencia que intenta imprimirle el Papa al Vaticano, el Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como el Banco del Vaticano, publicó ayer por primera vez su balance anual, que arrojó un beneficio neto de 86,6 millones de euros en 2012.

El presidente del banco, Ernst von Freyberg, explicó ayer que "el IOR está comprometido con un proceso de exhaustivas reformas, para promover los más rigurosos estándares profesionales y de conformidad". El secretismo del IOR lo había llevado a ser incluido en "la lista negra" de las entidades financieras.

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