Ganó Putin, pero crece el comunismo

No habrá ballottage; sorpresa por el 30,2 % de votos que obtuvo el PC
No habrá ballottage; sorpresa por el 30,2 % de votos que obtuvo el PC
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27 de marzo de 2000  

MOSCU.- El enigmático ex espía de la KGB, el imprevisto sucesor de Boris Yeltsin, el joven dirigente que promete conducir su país por la senda de la reforma definitiva, pero que quiere recuperar a la vez el prestigio perdido de su nación, ayer pudo aflojar finalmente su rostro adusto cuando supo el resultado de las urnas, que dijeron que él, Vladimir Putin, 47 años, acababa de ser elegido el nuevo presidente de Rusia por una mayoría absoluta.

La sorpresa, de todas maneras, fue el comportamiento del Partido Comunista, que avanzó seis puntos desde las elecciones legislativas de diciembre.

A pesar de que el triunfo de Putin era esperado, ya que todas las encuestas lo predecían, el resultado final estuvo en duda durante toda la jornada y tan sólo a las 2 de la madrugada de hoy según la hora de este país (siete horas más que en Buenos Aires), Putin alcanzó el tan ansiado 50 por ciento más uno de los votos, después de haber comenzado el escrutinio con el 45%, un índice que lo hubiera obligado a acudir en tres semanas al ballottage frente al comunista Guennadi Zhyuganov, que obtuvo muchos más votos que los esperados.

Poco después de conocerse el triunfo de Putin, Zhyuganov dijo que se había perpetrado un masivo fraude.

Al cierre de esta edición, y cuando se lleva escrutado casi el 70 por ciento de los votos, los resultados son: Putin, 51 por ciento; Zhyuganov, 30,22 por ciento; el reformista Grigory Yavlinsky, 5,8 por ciento, y el gobernador de Kemerovo, Aman Tuleyev, 3,2 por ciento.

Cuando ya la meta parecía alcanzada, Putin quebró el silencio que se había impuesto y brindó una conferencia de prensa, en la que, sin proclamar su triunfo, felicitó "a los expertos en sondeos, que han acertado". De todas maneras, precavido, y cuando rondaba el 49,5% de los votos, dijo que estaba preparado para ir a una segunda vuelta, pero que si algún candidato ganase la mayoría absoluta aunque sea por medio punto porcentual "será un gran crédito de confianza de la población al ganador".

Un nuevo comienzo

Fiel a su imagen de que con él comenzaba un nuevo tiempo (lo que fue paradójicamente ratificado porque ayer los rusos debieron adelantar una hora el reloj por el cambio de estación), la aparición de Putin en la conferencia de prensa fue absolutamente inesperada y sirvió para marcar desde un comienzo la distancia que lo separa de Boris Yeltsin, que pocas veces acudía a esas citas públicas.

De todas maneras, y pese a no haber conseguido el margen esperado, Putin se mostró conciliador hacia sus rivales, y hasta dijo que entendía el sorprendente porcentaje obtenido por los comunistas, que, aunque esperaban llegar a una segunda vuelta, por lo menos saben que su fuerza electoral sigue siendo muy poderosa en el país.

El avance comunista por sobre lo predicho por las encuestas fue tal que, incluso, dejó mal parados a quienes, cuando fueron a votar por la mañana, le habían preguntado a Zhyuganov si ya, ante la inminencia de la derrota, había pensado en renunciar como líder del partido. Molesto, el dirigente, que logró transformar el partido en una agrupación que busca dejar atrás la herencia soviética, increpó a los periodistas al señalarles que "están ustedes hablando de la dimisión de uno de los políticos más calificados del país, un diputado por quien hoy votarán millones de ciudadanos".

A la hora de encontrar explicaciones al voto por el PC, varios analistas dijeron ayer que contra Putin conspiró el bajo porcentaje de votantes, mientras que el aparto del PC, mucho más entrenado, acudió masivamente a las urnas. Sin embargo, el voto comunista no deja de ser, a la vez, un voto castigo para el propio Putin por parte de quienes temen que el nuevo presidente se acerque demasiado a Occidente.

De todas maneras, el triunfo de Putin fue completo, y por partida triple: logró que fuese a votar más del 50% del padrón electoral, ganó las elecciones y además evitó la segunda vuelta, mientras que los renovados comunistas no sólo perdieron, sino que además no consiguieron forzar el ballottage.

De todas maneras, Rusia, es evidente, sigue debatiéndose entre el pasado y el futuro, aunque la dualidad en esta sociedad no es nueva, sino que además es evidente en las calles de Moscú. Sin ir más lejos, un rápido recorrido por el centro histórico de la ciudad mostraba una enorme fila de ciudadanos que pugnaban por visitar el mausoleo en el que se encuentra el cadáver momificado de Lenin, en los muros del Kremlin.

Las elecciones en este enorme país, que se extiende a lo largo de 11 husos horarios, se desarrollaron sin incidentes notables, salvo en Chechenia.

Poco después del mediodía, Putin recibió la primera buena noticia de la jornada, cuando oficialmente se informó que la participación electoral había quebrado la barrera del 50 por ciento, también la cifra mágica que había que superar para que las elecciones no fuesen declaradas nulas.

Por la mañana, a la hora de votar y mientras una tenue nevizca caía sobre Moscú, Putin dijo que lo había hecho por el futuro de Rusia, aunque, como siempre, las palmas a la hora de hacer las consabidas declaraciones se las llevó el inefable Yeltsin, quien, rozagante, de excelente humor y bastante más robusto que en sus últimas apariciones públicas, ironizó cuando se le preguntó por su voto: "Creo que todos saben por quién voté", dijo sin ocultar una sonrisa el hombre que puso a Putin en el cargo que hoy ocupa.

Con el respaldo obtenido en las urnas, Putin podrá comenzar ahora a aplicar las reformas pendientes, aunque las próximas horas serán decisivas para saber cómo afectarán sus planes el haber obtenido menos votos que los esperados y el avance de los comunistas, los dos factores de un escenario que anoche el nuevo presidente no esperaba tener que afrontar.

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