Golpeado por el apagón, Maduro busca aire con una renovación de su gabinete

La vicepresidenta anunció una inminente "reestructuración profunda de los métodos y funcionamiento del gobierno"; Guaidó promueve una marcha nacional hacia Caracas
Maduro, durante una visita a una hidroeléctrica en el río Caroní, cerca de Ciudad Guyana
Maduro, durante una visita a una hidroeléctrica en el río Caroní, cerca de Ciudad Guyana Fuente: Reuters
La vicepresidenta anunció una inminente "reestructuración profunda de los métodos y funcionamiento del gobierno"; Guaidó promueve una marcha nacional hacia Caracas
Daniel Lozano
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19 de marzo de 2019  

CARACAS.- Caracas y Maracaibo, las dos ciudades más importantes de Venezuela, sufrieron ayer apagones intermitentes durante todo el día, otro golpe de realidad para los venezolanos que luchan por recuperar su habitual anormalidad. La resaca del colapso eléctrico se prolongó un día después de que el propio mandatario, Nicolás Maduro, entregara a trabajadores de la estatal Corpoelec una réplica de la espada de Simón Bolívar mientras ultimaba la confección de su nuevo gabinete.

El inminente nombramiento del nuevo gobierno ha disparado especulaciones e incertidumbres entre los habituales de la rotación ministerial. La vicepresidenta Delcy Rodríguez anunció anteayer, a través de sus redes sociales, "una reestructuración profunda de los métodos y funcionamiento del gobierno bolivariano para blindar la patria de Bolívar y Chávez ante cualquier amenaza".

Se trataría del primer gabinete de la nueva era de Maduro tras su juramentación del 10 de enero, ya que desde entonces ha gobernado con el mismo equipo con el que terminó su primera presidencia. El "hijo de Chávez" pretende recuperar así una apariencia de "normalidad" en un país donde esta fue abolida hace tiempo; una alquimia que volvería a mezclar la ortodoxia política, mayor flexibilidad económica por culpa de las sanciones y la represión como principal recurso en orden público.

En los mentideros políticos caraqueños se daba por hecho, al margen de tan rimbombante anuncio, que las distintas familias políticas de la revolución y los dirigentes más poderosos del chavismo continuarán junto al gran líder: desde los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge (que forman parte de la rama civilista del PSUV, liderada por Cilia Flores, la mujer de Maduro), hasta el canciller Jorge Arreaza, fortalecido por su batalla en los organismos internacionales. El poderoso vicepresidente económico Tareck El Aissami, recién llegado de Moscú, no solo ha ganado peso político desde su nombramiento, sino que se ha rodeado de fieles en distintas carteras económicas. En su debe está la investigación por narcotráfico que avanza en su contra en Estados Unidos.

El otro termómetro que medirá las fuerzas en el seno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) será la confirmación o renovación de los generales Vladimir Padrino en Defensa y Néstor Reverol en Interior.

"A Miraflores no volverán más nunca, están inhabilitados moralmente. No van a entregar este país a los intereses internacionales", propagó Diosdado Cabello, número dos de la revolución, pero que no ha formado parte del gobierno durante la presidencia de Maduro.

Pese a dirigir al PSUV con mano de hierro y convertirse en uno de los "ganadores" de las presidenciales de mayo, Maduro optó por un enroque más cómodo para él: nombrar como vicepresidenta a Delcy Rodríguez para que Cabello ocupase el lugar de la excanciller al frente de la Asamblea Nacional Constituyente.

"Aquí no hay gabinete, sino usurpación de funciones. Es muy grave la situación y demuestra la debilidad de un régimen que no da respuestas al pueblo", contestó Juan Guaidó, jefe del Parlamento, cuyo retrato preside desde ayer dos sedes diplomáticas en Washington y el consulado de Nueva York. La toma de las tres sedes ya forma parte de la simbología opositora en la lucha contra el chavismo. Como ya pasara en la Asamblea Nacional en enero de 2016, los retratos de Hugo Chávez y de Maduro fueron descolgados de las paredes de forma fulminante.

El líder opositor comenzó este fin de semana la ruta denominada Operación Libertad, con la que pretende que quienes se oponen a la revolución viajen hasta Caracas para mostrar su rechazo. Ayer estuvo reunido con dirigentes sindicales, que anunciaron una marcha para hoy para exigir que se apruebe la ley de garantías laborales de protección a empleados públicos. Una protesta a pocos metros del mismo Palacio de Miraflores, que a buen seguro no será permitida, como todas las anteriores, por las fuerzas gubernamentales.

El megaapagón del 7 ha generado una ola de pesimismo entre los venezolanos, que sienten como si la ventana de esperanza abierta en enero se hubiera estrechado por el caos generado tras el colapso. Más desánimo que indignación, como reconocen incluso dentro del propio Parlamento.

De cara al relanzamiento de la estrategia opositora no se ha olvidado la ayuda humanitaria, que cuenta con un "plan alternativo", como adelantó ayer en Bogotá el diputado exiliado José Manuel Olivares. "No la vamos a divulgar de manera temprana, sino en el momento oportuno para que el mundo pueda ver cómo la ayuda entra", vaticinó el parlamentario.

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