Gran Bretaña, en la puerta de salida de la UE por una disputa electoral

Cameron rechazó la nominación de Jean-Claude Juncker para presidir la Comisión por ser “demasiado federalista”; advirtió que hace peligrar la relación de su país con el bloque
Luisa Corradini
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28 de junio de 2014  

PARÍS. – A pesar de la feroz resistencia del primer ministro británico, David Cameron, Jean-Claude Juncker fue designado ayer candidato a la presidencia de la Comisión Europea por los dirigentes de los 28 países de la Unión Europea (UE). El ex primer ministro luxemburgués recibió ese mandato para trabajar durante cinco años por el crecimiento y las inversiones en el bloque.

Juncker, que trabajó durante casi 30 años en Luxemburgo y en las instituciones europeas, deberá ahora ser aprobado por el Parlamento Europeo a mediados de julio. Pero su nombramiento no plantea dudas.

Nacido el 9 de diciembre de 1954 en uno de los seis Estados fundadores de la UE, un pequeño país rodeado por Francia y Alemania, socialcristiano habituado a repetidas coaliciones con los socialistas, con los cuales casi siempre gobernó, Juncker es un maestro del difícil arte de la negociación y el compromiso.

Abogado de formación, secretario de Estado a los 28 años, ministro a los 30, el futuro presidente de la CE fue testigo de la profunda transformación de la UE, del fracaso del Tratado Constitucional en 2005, de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa cuatro años después, del nacimiento de la moneda única, de la crisis de la deuda y, por fin, del salvataje del euro, tarea a la cual se consagró plenamente durante ocho años en la presidencia del Eurogrupo.

"Tiene una experiencia inigualable, con sus ventajas y sus inconvenientes. Sobre todo la capacidad de hacer la síntesis entre una derecha social y la izquierda socialdemócrata. Además, tiene una doble cultura francesa y alemana", estimó el ex ministro de Economía francés Pierre Moscovici.

Sólo Cameron y Viktor Orban, el primer ministro húngaro, votaron contra Juncker, dejando el score en 26 a favor y dos en contra. La elección fue anunciada mediante un tuit enviado por el presidente del Consejo, Herman Van Rompuy.

"Esta decisión es un triste momento para Europa. Dije a los líderes de la UE que podrían lamentarlo todas sus vidas", declaró Cameron al terminar la cumbre de dos días en Bruselas.

Para el premier británico, Juncker es "demasiado federalista" y está "demasiado contaminado" por los mecanismos tradicionales de la construcción europea, incapaz de cambiar y de adoptar nuevas ideas.

Como parte de ese establishment, "Juncker siempre hizo lo posible para aumentar los poderes de Bruselas en detrimento de los Estados", insistió.

Poco antes de la votación, Cameron había lanzado un enésimo alegato contra Juncker, candidato del Partido Popular Europeo (PPE), que ganó recientemente las elecciones europeas. "El papel del Parlamento Europeo no es el de elegir al presidente de la Comisión", repitió Cameron. En efecto, ésta es la primera vez en la historia de la UE que los diputados proponen y ratifican a la personalidad que ocupará esa función. Desde hace casi 60 años, la responsabilidad recaía exclusivamente en los jefes de Estado y de gobierno del bloque, reunidos en Consejo.

Sometido en su país a una fuerte presión de los eurófobos del Independence Party británico (UKIP), que ganó ampliamente las elecciones europeas, Cameron calificó de "golpe de Estado" esa nueva prerrogativa del Parlamento. También reconoció que el resultado de la elección le complicará aún más la posibilidad de defender el mantenimiento de su país en el seno de la UE durante el referéndum previsto para 2017, que –amenazó– podría ser adelantado.

A pesar de numerosas resistencias iniciales, todos los demás dirigentes, tanto de derecha como de izquierda, se alinearon progresivamente detrás de la candidatura del futuro presidente del CE. Por una simple razón: "La necesidad de respetar la voluntad de los electores", recordó ayer Hollande.

Pero, a cambio de ese apoyo, los dirigentes socialdemócratas esperan algo de Juncker: encabezados por Hollande y por el primer ministro italiano, Matteo Renzi, quieren ayuda para lograr una mayor "flexibilidad" de las reglas presupuestarias vigentes en el bloque, para alentar la inversión y el crecimiento.

En apariencia, ese objetivo sigue dejando de mármol a los defensores de la ortodoxia, liderados por la canciller alemana, Angela Merkel. Cuando distintas versiones afirmaban en las últimas horas que Merkel habría aceptado por fin esa mayor flexibilidad, la canciller rechazó en Bruselas cualquier intento de modificar las reglas actuales. No obstante, la "hoja de ruta" adoptada por los 28 sobre las orientaciones de los próximos cinco años reconoce que "la UE necesita iniciativas decisivas para aumentar las inversiones, crear más empleos y de mejor calidad y alentar las reformas a favor de la competitividad".

Un premier en apuros

  • La presión interna

En su país, Cameron se encuentra sometido a una fuerte presión de los eurófobos del Independence Party británico (UKIP), que ganaron ampliamente las elecciones europeas del mes pasado

  • El discurso externo

Esa presión lo llevó a argumentar que Juncker es un federalista de la vieja escuela, que siempre hizo lo posible para aumentar el poder de Bruselas

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