Grecia, donde todavía se vive de la gloria del pasado

Roger Cohen The New York Times
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21 de junio de 2011  

LONDRES.- Hace mucho que Grecia ejerce un dominio emocional sobre Europa. Goza de cierta indulgencia, casi impunidad, que se ha ganado gracias a todo ese discurso sobre la "cuna de la civilización occidental". La Unión Europea no se sentía a la altura de un mano a mano con la tierra natal de la democracia.

La gloria del pasado es algo maravilloso, pero es una pésima consejera política del presente. Esto es igualmente cierto en Tierra Santa, en Kosovo y en Atenas.

Jamás se debió permitir el ingreso de Grecia a la zona euro. Ya en 1999, había sido rechazado su ingreso cuando no alcanzó las metas fiscales. Cuando finalmente lo logró, en 2001, fue sólo gracias a artilugios presupuestarios y números dibujados. Pero para ser europea hasta los tuétanos, la audaz unión monetaria de Europa necesitaba de la aquiescencia ateniense. Y todo el mundo hizo la vista gorda.

De hecho, la historia reciente habría sido un lazarillo mucho más diligente. Grecia viene de un pésimo siglo. Empezando por las guerras de 1912-1913 y siguiendo por los intercambios masivos de población, o "limpiezas étnicas", negociadas en Lausana en 1923, que preveían el éxodo forzoso de 400.000 musulmanes de Grecia a Turquía, y por lo menos 1.200.000 cristianos ortodoxos griegos de Turquía a Grecia. Después vinieron la dictadura del general Metaxas en la década de 1930, la feroz ocupación nazi de 1941 a 1944, y la devastadora guerra civil a fines de la década de 1940, que dejó un legado de confrontación visceral entre la izquierda y la derecha, que aún subsiste.

La dictadura militar de derecha de 1967 a 1974, que redujo a la izquierda y la forzó al exilio, reavivó las brasas de la guerra civil. El conflicto aún en curso con Turquía por la soberanía de la isla de Chipre y sus correspondientes "intercambios de población" dejan en claro que el recuerdo de 1923 nunca pudo descansar en paz.

Así que olvídense de Sócrates. Lean el excelente Twice a Stranger , de Bruce Clark, sobre los efectos de los intercambios de población de Lausana en la psiquis de la Grecia contemporánea. Clark describe a los griegos como una sociedad "donde los lazos de sangre son mucho más importantes que la lealtad al Estado o a los socios comerciales". Esa no es precisamente una idiosincrasia que promueva el pago de impuestos, el esfuerzo colectivo o el equilibrio de las cuentas públicas. No debería, entonces, sorprendernos que para los griegos el euro haya sido una manera de vivir del nunca-jamás? y terminaron con una deuda equivalente al 150% del PBI.

Sí, su membresía en la Unión Europea fue como un bálsamo para las heridas de la economía griega. Esa es la gran virtud de la Unión Europea: desintoxicar la historia. Pero Grecia sigue siendo un país que mira a los de afuera con recelo, y en donde las estructuras del Estado inspiran muy poca confianza.

Todo eso presagia lo peor. Sugiere que el último rescate, después de los 158.000 millones de dólares del año pasado, podría caer en saco roto.

Nunca había visto a Europa en una situación tan desesperante. Grecia está llena de aganaktismenoi , los "indignados" vernáculos, resentidos por el ajuste y la venta de empresas públicas, medidas obligadas, ya que no se puede ganar competitividad devaluando la dracma porque la dracma ya no existe.

Como en España, los manifestantes griegos sienten que los pobres y los desempleados están pagando por los errores de los políticos.

Su enojo es comprensible. En más de un sentido, la crisis de Europa es un muy buen símbolo de nuestros tiempos. Ese orden sin fronteras concebido por tecnócratas, sostenido por la embriaguez de las bajas tasas de interés y muy valorado por las clases adineradas que hicieron todavía más dinero, enfrenta hoy una revuelta popular que se suma a la incesante presión de sus propias contradicciones. Las huelgas y las violentas protestas son el reflejo de una Europa en la que muchos ciudadanos son indiferentes a los grandes logros de la integración. Las fronteras abiertas han comenzado a cerrarse nuevamente. Turquía está dándole la espalda a la Unión Europea. Alemania abandonó su idealismo europeísta de la posguerra. Estados Unidos arremete contra la volubilidad militar europea. Muchos griegos y españoles sienten que Europa no es más que una estafa.

Plata dulce

En resumidas cuentas, es así: la unión monetaria de economías radicalmente divergentes sin el respaldo de una unión fiscal o política no tiene ningún antecedente histórico convincente.

La plata dulce hizo que por un tiempo todos miraran para otro lado, soslayando que las economías periféricas como Grecia y Portugal no estaban ganando competitividad ni "convergiendo", sino amasando una deuda y un déficit insostenible. Ahora, la verdad llegó con la contundencia de los hechos.

Tomando en cuenta la volcánica situación política de Grecia, la exasperación de Alemania y los límites de lo que está dispuesto a tolerar el pueblo griego, creo que, en el mejor de los casos y con el tiempo, Grecia entrará en default de manera ordenada y no desordenadamente.

Simplemente, parece no haber voluntad de dar los pasos fundamentales que servirían para convencer a los mercados de que la zona euro está lista para asumir a fondo la lógica de la unidad monetaria. Como resultado, las tendencias que ahora son evidentes, muy lejos de converger, seguirán distanciándose.

Grecia no estaba lista para el euro. Su antigüedad clásica resultó menos relevante que su pasado reciente. Una mentira es como una bola de nieve: cuanto más tiempo rueda, más grande se hace. Y no hay rescate que pueda ocultarlo.

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