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Europa, en vilo: Grecia impone un corralito

Al borde del default, anunció el cierre de los bancos
Luisa Corradini
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29 de junio de 2015  

PARÍS.– Grecia quedó sometida anoche técnicamente a un corralito después de que el gobierno de Alexis Tsipras anunció que no tenía más remedio que decretar un feriado bancario hasta el 7 de julio, dos días después del previsto referéndum. Mientras, los retiros de dinero serán limitados y la Bolsa permanecerá cerrada hoy.

La decisión de Alexis Tsipras, que alimentó los temores a un lunes negro hoy en los mercados, se produjo después de que el Banco Central Europeo decidió ayer no extender el monto de la línea de crédito en curso, que se eleva a 98.000 millones de euros, pero que ya fue prácticamente utilizada en su totalidad.

La dramática decisión de instaurar un control de capitales en el país es el resultado de semanas de tensas negociaciones y enfrentamientos entre el gobierno griego y sus acreedores institucionales (el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el FMI), que culminaron hace 48 horas, cuando Tsipras anunció su intención de someter las exigencias de esas instituciones al voto popular.

Indignados, los ministros de Finanzas de la zona euro, que mediaban en la negociación, decidieron anteayer poner fin unilateralmente a toda posibilidad de extensión del actual plan de rescate. El BCE, por su parte, hizo prácticamente lo mismo.

Tras una reunión de emergencia, el consejo de gobernadores del BCE afirmó que la institución no proveerá a Grecia fondos adicionales vitales, y subrayó su disposición de seguir trabajando con el Banco Central de Grecia "para mantener la estabilidad financiera".

"Tras la decisión de las autoridades griegas de organizar un referéndum y de no prolongar el programa de ajuste de la Unión Europea (UE) para ese país, el consejo de gobernadores declara que trabajará estrechamente con el Banco Central de Grecia para mantener la estabilidad financiera", dice el comunicado.

También agrega que el BCE "está listo para reconsiderar su decisión", con lo que deja la puerta abierta para cualquier cambio de actitud del gobierno de ultraizquierda de Alexis Tsipras.

Los bancos griegos dependen de esos fondos de emergencia europeos desde febrero pasado, cuando los bancos centrales de los otros 18 países de la eurozona les cortaron el acceso a sus créditos regulares.

Un total de 89.000 millones de euros fueron entonces aprobados, en el marco del programa ELA (Emergency Liquidity Assistance), por el consejo de gobernadores del BCE, integrado por los presidentes de los bancos centrales de la zona euro, seis altos responsables de la institución presidida por el italiano Mario Draghi. Se requiere la aprobación de dos tercios del consejo para que toda solicitud de ELA sea acordada.

Hasta ayer, cada euro que salía de un distribuidor de billetes griego estaba respaldado por fondos de emergencia del BCE. Miles de millones de euros han salido del sistema bancario del país en las últimas semanas a medida que la relación entre Atenas y sus acreedores internacionales se deterioraba.

En esas condiciones, las autoridades griegas tenían sólo dos opciones: decretar un feriado bancario o implantar un control de capitales. Decidieron hacer todo a la vez, como sucedió en la Argentina en 2001.

En un breve mensaje televisado a LA NACION, Tsipras culpó de la situación a los líderes de los otros 18 países de la eurozona, pero no dio detalles sobre la extensión del feriado bancario ni de la cantidad de dinero que se podría retirar de los cajeros automáticos. Después se supo que no habrá actividad bancaria hasta el día del referéndum y que los distribuidores sólo entregarán un máximo de 60 euros. Las medidas no afectarán a los turistas extranjeros, que podrá seguir sacando dinero de los cajeros automáticos.

Para Tsipras, los ministros de Finanzas de la eurozona "le han negado al pueblo griego el derecho de tomar una decisión democráticamente".

Agregando confusión al drama, la Comisión Europea dijo ayer, por primera vez desde que comenzó la crisis, que el último plan de los acreedores ofrecía a Grecia numerosas concesiones y una reducción de la deuda: ésa fue justamente la principal demanda de Tsipras durante estos cinco meses de diálogo de sordos. Pero ese plan nunca fue presentado debido a la ruptura de negociaciones del sábado pasado.

Esas supuestas concesiones llegaron demasiado tarde para prevenir el caos en Grecia, una situación que hacía temer un lunes negro hoy en los mercados y que incluso causó seria preocupación del otro lado del Atlántico.

El presidente norteamericano, Barack Obama, habría llamado a la canciller alemana, Angela Merkel, para pedirle que adopte alguna iniciativa. Jack Lew, el secretario del Tesoro, llamó a su vez a los acreedores de Grecia para que alivien el peso de su deuda.

Cumbre

Los jefes de Estado y de gobierno europeos mantendrán una cumbre de emergencia pasado mañana. Según fuentes diplomáticas, de ahora en adelante sería François Hollande quien asumiría la conducción de las futuras negociaciones con Atenas. Durante estos cinco meses de negociación, el presidente francés mantuvo una actitud mucho más comprensiva con Atenas que el resto de los líderes de la zona euro.

En todo caso, si bien fue la decisión del BCE la que precipitó el desenlace de la crisis, ciertas fuentes diplomáticas europeas reconocían ayer que los miembros del Eurogrupo estaban dispuestos a utilizar todos los medios a su alcance para doblegar al "incontrolable" primer ministro griego.

"La decisión del BCE puede leerse en ese contexto", afirmó un diplomático francés. "Es una forma de decirle al electorado, antes del referéndum: «Vean lo que les espera si le dicen no a Europa»", explicó.

En el seno de una Unión Europea (UE) formateada y burocrática, donde el respeto de las reglas es sagrado, la aparición de Tsipras y Syriza, su partido antiestablishment, corporizó el fantasma del desorden que los dirigentes europeos miraban hasta ahora desde lejos y con condescendencia.

"Si no se ponen los límites ahora, habremos sentado un precedente y será imposible volver a atrás. Además de Syriza, tendremos que luchar contra Podemos", advierte una diplomática española simpatizante del Partido Popular.

Ayer, Wolfgang Schauble, ministro de Finanzas alemán, afirmó que estaba "perplejo y deprimido" por los últimos acontecimientos. El líder de la línea dura, que encabezó la resistencia contra Tsipras, parece no haberse dado cuenta de que estaba jugando con fuego y de que su intransigencia podía arrastrar consigo a Europa y a la economía mundial.

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