Guantánamo, un desierto legal para cientos de detenidos

No son juzgados ni extraditados, porque no son prisioneros de guerra ni civiles
Hugo Alconada Mon
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17 de octubre de 2005  

GUANTANAMO.- "Por sugerencia de mi abogado, me niego a contestar sus preguntas", repitió el detenido por novena y última vez. Flaco, pelo corto y barba larga, esperó a que el coronel empezara a cerrar la audiencia y recién entonces pidió la palabra.

En ruso, y traducido por un marine, acusó: "Hace cuatro años que estoy acá y el gobierno de los Estados Unidos es un ejemplo para otros países de todo el mundo por lo que hizo con nosotros, al demostrar que no tenemos derechos".

Encadenado al piso por las manos y los pies, de modo que no podía levantarse de su silla de plástico, la única en toda la sala entre una quincena de sillones de cuero o tela, el detenido nacido en Kazakhstán agregó: "He sido interrogado durante casi 4 años y tienen copia de todo lo que he declarado. Me siguen haciendo las mismas preguntas a pesar de que me he portado bien. No responderé ninguna más sin mi abogado presente".

La audiencia duró cinco minutos más, lo suficiente para cumplir con el cierre formal de su Junta de Revisión Administrativa de la Detención, una suerte de tribunal militar que el Pentágono señala que no lo es.

No hay jueces, sino tres militares de alto rango; tampoco están presentes los abogados defensores -ni siquiera de oficio-, ni el detenido puede revisar las pruebas de los cargos en su contra. No tiene acceso a ellas, aun cuando la Junta determine si será liberado o continuará un año más en esta prisión militar junto a otros 504 "combatientes enemigos" de los Estados Unidos.

Esta es la polémica que crece cada día alrededor de "Gitmo": el Pentágono posterga desde hace cuatro años la definición jurídica de los detenidos: no son prisioneros de guerra ni civiles. No los juzga, ni extradita, ni libera, salvo de manera discrecional y tras dos, tres o cuatro años en el Campo Delta.

"Lo que pasa acá es una vergüenza. No se respetan los derechos de los detenidos", acusa el abogado Thomas B. Wilner. Tiene unos 50 años y es el apoderado legal de los kuwaitíes detenidos por las fuerzas armadas de los Estados Unidos en la llamada guerra global contra el terrorismo. "Esto es lamentable. Los tienen aquí sin juzgarlos, sin acusarlos, ni intención de liberarlos tampoco", dice.

Amnistía Internacional define la nada impuesta por el Departamento de Defensa como "un agujero negro legal"; Human Rights Watch, como "el triángulo de las Bermudas de los derechos humanos", mientras que en la cadena de mandos de Guantánamo domina el silencio oficial. "Esa es una decisión política que sólo puede y debe tomarse en Washington", explican.

La sargento Sheila Tunney, vocera de la base, afirma que la situación es más equilibrada. "Más de 200 detenidos tienen acceso a sus abogados, con los que pueden conversar, a solas, en las instalaciones del Campo Eco, frente al Campo Delta donde están instalados, y la Cruz Roja Internacional se ha reunido con todos los detenidos", explica.

Los detenidos están furiosos. Los que mejor se comportan, los que colaboran con los guardias y aportan datos de inteligencia, son alojados en el Campo Delta 4, donde pueden vivir en pequeñas barracas, pasan más tiempo al aire libre y pueden rezar en grupo. Son unos 170, vestidos de blanco, acordonados entre alambradas de púas, garitas, torretas y cámaras de televisión.

Los otros 335 detenidos, en cambio, viven en los campos 1, 2, 3 y 5, de máxima seguridad, en celdas de dos metros cuadrados, con agujeros en el piso a manera de inodoro, camas de cemento, y los más conflictivos o importantes, sin ver la luz solar durante 23 horas por día, durante años.

Los más conflictivos o peligrosos son vestidos con mamelucos anaranjados, lo que resulta un ultraje entre los afganos, que consideran que los colores brillantes sólo son para mujeres. "Es un color ofensivo para los musulmanes", confirma el cabo Carter, quien destaca que su uso es parte de las sanciones que se aplican a los "díscolos".

Un trato "degradante"

Para Amnistía Internacional, el trato dado a los detenidos es "degradante", pero el Pentágono afirma que es la única opción disponible, en la que cada detenido vive incluso mejor que en su país, pero sin libertad. "La mitad de los detenidos nunca había visto un médico y casi ninguno a un dentista", argumenta el capitán médico de la prisión, John Edmondson.

La situación promedio de los detenidos, está claro, ha mejorado en los últimos meses. El Campo X-Ray, que ganó una fama macabra por las fotos que dieron la vuelta al mundo por los detenidos arrodillados, vestidos de anaranjado, encadenados y encapuchados, ha sido cerrado y todos los alojados allí fueron distribuidos entre las cinco áreas del Campo Delta o Iguana.

Un tercio de los detenidos ha salido ya de aquí desde que el primero de casi 800 supuestos "combatientes enemigos" arribó a la base en enero de 2002. El Pentágono informa que 69 de ellos fueron transferidos a sus países de origen para ser investigados o juzgados por autoridades locales, mientras que otros 178 fueron liberados.

Según el Departamento de Defensa, 20 volvieron a ser vistos en los campos de batalla de Afganistán o Irak. "Las detenciones dependen de una decisión política que debe ser tomada en Washington, basada en determinar quiénes pueden seguir representando una amenaza para los Estados Unidos", dice a LA NACION el general Jay Hood. "Queremos ser justos, pero permítame ser claro: como oficial, me preocupa que liberemos a quienes puedan enfrentar a mis hombres y colegas en un campo de batalla", advierte.

La extensión indefinida de los plazos legales entre los detenidos no causó ni alentó hasta ahora ninguna enfermedad mental, según Edmondson. "Entre el 15 y el 18% de los combatientes llegó con algún tipo de complicación psíquica, de los cuales entre el 6 y el 8% sigue en tratamiento, pero no hay registros de brotes psicóticos, por ejemplo, ocurridos acá, aunque hemos tratado algunas depresiones", afirma.

Enfermos o no, los detenidos deberán esperar una decisión política de la Casa Blanca o un triunfo bélico claro de los Estados Unidos en la "guerra global contra el terrorismo". Algo que, por lo menos en el corto o mediano plazo, parece improbable.

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