Histórica reforma de salud de Obama

Beneficiará a 32 millones de personas
Silvia Pisani
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22 de marzo de 2010  

WASHINGTON.– Hace poco más de un año, Barack Obama hizo historia al convertirse en el primer presidente negro de este país. Pero anoche fue su política, y no su figura, la que logró la primera victoria de fondo al obtener la aprobación de la reforma de salud, una iniciativa que, de tan resistida y problemática, estuvo a punto de doblegar su sueño.

Aunque lejos de la idea original, que se perdió en meses de costosa y desgastante negociación, la norma aprobada promete cobertura médica para casi todos los norteamericanos. Llega así a "enmendar una deuda moral", en una de las mayores reformas sociales de las últimas décadas en el país.

"Es un día histórico", dijo Obama, pasada la medianoche de un largo domingo. Aun a regañadientes, la derrotada oposición republicana reconocía, por lo bajo, que el presidente consiguió lo que varios de sus predecesores no pudieron; victoria que, en lo personal, le abre impensadas posibilidades para relanzar una administración prematuramente desgastada.

El proyecto, que afectará a casi toda la población, mantiene el sistema en manos de empresas privadas, pero mediante subsidios y ayudas fiscales promete cobertura médica a cerca de 32 millones de personas que hoy no la tienen y contempla una intervención del Estado en el sector.

La aprobación se logró a las 22.46 (las 23.46 en la Argentina), en medio de jubilosos gritos de "sí, podemos", el lema de campaña de Obama, por 219 votos a favor, tres más de los necesarios. Se opusieron una treintena de demócratas y todos los republicanos.

Se estima que el plan costará unos 940.000 millones de dólares, pero reduciría el déficit fiscal en 138.000 millones en la próxima década.

"Esto significará más impuestos y más desempleo", argumentó, en vano, John Boehner, vocero republicano.

Prueba de lo trabajosa y crucial que fue la votación de ayer, los demócratas no dejaron pasar un minuto: apenas intuyeron que podían lograr la aprobación, convocaron a una sesión en pleno domingo, por miedo a que la frágil mayoría se cayera en un país donde, a diferencia de la Argentina, los legisladores escuchan más a su conciencia y a sus votantes que a la llamada "disciplina de partido".

Aun así, el mínimo de votos se "garantizó" sobre la hora, según dijeron voceros demócratas, luego de que el propio Obama levantara el teléfono para presionar a sus diputados más reacios. No fue fácil: las frenéticas negociaciones finales mostraron rostros estragados por los nervios entre los colaboradores del presidente, conscientes del durísimo golpe que hubiese representado un fracaso.

"Es un hecho", saludó anoche en su blog el premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, que, sin embargo, es un crítico implacable del gobierno de Obama. El economista advirtió que existe ahora "un túnel al final del túnel", en referencia a que harán falta "décadas para ajustar esta reforma".

Uno de los escollos finales fue lograr el voto de una decena de demócratas antiabortistas, que exigieron garantías de que no se usaría dinero público para financiar interrupciones voluntarias de embarazo. "Ahora sí podemos votar", dijo el demócrata Bart Stupak cuando Obama se comprometió públicamente a ello.

Por debajo de la dialéctica, lo que había en pugna eran dos modelos. De un lado, la defensa a ultranza de los principios de libertad que rigen esta sociedad, y del otro, la mayor intervención estatal que quiere incorporar Obama para paliar la "deuda social" en salud. Una cuestión que, publicitariamente, los republicanos explotaron como el "germen del socialismo" en el país, que incrementará aún más el déficit.

Lo cierto es que las cosas están lejos de ese extremo. El nuevo sistema sí abre la puerta a una mayor intervención del Estado en un terreno que, hasta ahora, estaba sólo en manos de compañías de seguros de salud. Pero se aparta bastante de la pretensión original de Obama de crear una competencia estatal con un sistema sanitario público, idea que naufragó en la larga negociación.

"No queremos esto, terminen con esta ley", gritaban fuera del Congreso cientos de personas enfurecidas contra lo que consideran "un atropello" de Obama. "Nos acordaremos de ustedes en noviembre", amenazaron, al prometer un "duro castigo" al gobierno en las elecciones legislativas.

Muchos de los manifestantes militan en el llamado "Tea Party", el amplio movimiento de protesta que, precisamente, se nutrió del rechazo a la reforma de salud.

Los discursos fueron evidencia del costo con que llega la norma: una profunda desconfianza entre los demócratas y la oposición republicana.

"Ustedes han mentido de manera intencional al pueblo", denunció la representante demócrata por Nueva York, Louise Slaughter. Se refirió así a las críticas republicanas que auguraban "tribunales de la muerte" integrados por funcionarios públicos para decidir sobre la vida o la muerte de pacientes de mayor edad. Macabra fantasía que la ex candidata vicepresidencial Sarah Palin repitió hasta el hartazgo.

Con mucha mayor disciplina partidaria que los demócratas, los republicanos presentaron oposición unánime al proyecto. "El pueblo estadounidense no quiere esta ley. Los republicanos tampoco´´, dijo el representante Eric Cantor.

"Este proyecto carísimo no significará otra cosa que aumento de impuestos y la pérdida de más puestos de trabajo", vaticinó Dean Heller, republicano por Nevada.

Del otro lado, los demócratas subrayaron la "trascendencia histórica" del momento, a pesar de que varios confesaban su temor a ser víctimas del voto castigo en noviembre.

El sistema de salud está en debate desde hace casi un siglo en Estados Unidos. Generaciones enteras de líderes, de Theodore Roosevelt (1901-1909) a Bill Clinton (1993-2001), no consiguieron lograr la aprobación de proyectos a menudo rechazados por los médicos y las compañías de seguros. La nueva etapa parecería estar empezando. El primer giro histórico que perfila Obama llega, paradójicamente, en uno de los momentos más bajos de popularidad del presidente.

QUE CAMBIA

  • Cobertura . Cerca de 32 millones más de norteamericanos tendrán acceso a un seguro médico. De esa manera, el 95% de la población estará asegurado, frente al 83% actual.
  • Obligación . Será prácticamente obligatorio tener un seguro médico mínimo. A partir de 2014, quien pueda tener un seguro pero no quiera contratarlo deberá pagar una multa.
  • Empresas . No estarán obligadas a asegurar a sus empleados, pero las que tengan un personal que supere las 50 personas deberán abonar lo correspondiente si sus empleados cobran subsidios estatales de salud.
  • Seguro estatal . No habrá una aseguradora estatal. En lugar de eso, cada estado deberá organizar las llamadas Bolsas de Salud, en las que se podrán comparar y comprar pólizas.
  • Requisitos . Los requisitos para acceder al programa de salud del Estado (Medicaid) serán reducidos para los sectores menos favorecidos.
  • Enfermedades . Las aseguradoras no podrán rechazar a norteamericanos que presenten enfermedades ni podrán imponer aumentos arancelarios por razones de género o del estado de salud del asegurado.
  • Abortos . No podrán ser financiados con fondos públicos, a menos que se trate de una violación o de un caso de incesto.
  • Ilegales . No tendrán cobertura.
  • PROTAGONISTAS

  • Barack Obama : El mandatario ha arriesgado buena parte de su capital político con esta reforma, que se ha convertido en la prioridad absoluta en política interna en lo que va de mandato.
  • Nancy Pelosi : Los esfuerzos de la presidenta de la Cámara de Representantes fueron fundamentales para convencer a los legisladores demócratas de que apoyen la medida.
  • Harry Reid : El líder de la mayoría demócrata en el Senado logró el compromiso de más de 50 de sus colegas en la Cámara alta para aprobar rápidamente la reforma.
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