Holanda prepara tres días de festejos para la boda de Máxima

El fastuoso casamiento, con mil invitados, tendrá lugar el 2 de febrero en Amsterdam
Silvia Pisani
(0)
13 de diciembre de 2001  

AMASTERDAM.- En cartulina ocre oscuro, con el sello de la casa de Orange arriba y el texto en cursiva, más de mil invitaciones fueron ya enviadas para el casamiento de Máxima Zorreguieta con el príncipe Guillermo Alejandro, el heredero del trono holandés.

No hay que mirar debajo de la puerta: no llegan por correo. La mayoría se distribuye por vía diplomática y fueron confeccionadas con medidas de seguridad para evitar su falsificación y garantizar la identidad de los invitados. Pero no por ello pierden la elegante sobriedad que caracteriza a la industria gráfica local.

"Her Majesty the Queen and his Royal Highness Prince Claus of the Netherlands", se lee en el encabezado de las que cursó la reina Beatriz, para invitar al casamiento de "the Prince of Orange and Miss Máxima Zorreguieta". Sigue un teléfono para confirmar y la indicación de vestimenta femenina: vestido de tarde y sombrero.

La otra indicación no está escrita pero es vox populi : las mujeres tienen prohibido vestir de negro. Según parece, eso fue imposición de la reina Beatriz -la futura suegra de Máxima- quien considera ese color poco apto para un festejo. Más de una invitada argentina se agarrará la cabeza...

En igual condición se encuentra el blanco pero, en este caso, porque está reservado a la novia.

Entre los invitados está casi toda la nobleza europea, representantes diplomáticos y, según trascendió, poco más de un centenar de argentinos. La lista completa de asistentes se confirmará a principios del mes próximo y entre los que ya aseguraron su asistencia figuran los reyes de España.

La televisión holandesa transmitirá en directo la ceremonia. La diferencia horaria hará que la señal llegue a la Argentina en una hora a prueba de fanáticos: empezará a las 6.15 del sábado 2 de febrero, con el casamiento civil. Y terminará a las 9.45, tras el saludo desde el balcón del Palacio Real.

Más de mil periodistas de todo el mundo pidieron acreditación para cubrir el casamiento. Los hoteles de la ciudad ya casi no tienen habitaciones para esa fecha. Tres de ellos fueron reservados por completo por la corona para los invitados a un costo superior al millón de dólares.

"Así se aseguran de que no haya periodistas alojados entre los invitados", se explicó en el suntuoso lobby del Krasnapolsky, uno de los que se encuentra en esa condición. Los otros son el tradicional L´Europe, que funciona en un antiguo castillo. Y el Amstel, donde estará la Reina, el príncipe Claus y los hermanos del novio.

Paralelo histórico

Todo tendrá como epicentro la plaza Dam de esta ciudad, el mismo escenario donde se casó la reina Beatriz y donde -el día de su boda- estallaron gases lacrimógenos y disturbios en protesta por su unión con un ex soldado del ejército nazi que invadió Holanda durante la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, 35 años después, Claus es una de las figuras más queridas de la corona. No faltan quienes, con enormes matices, trazan paralelos entre su caso y el de Máxima , que tuvo que sortear un conflicto político por el pasado de su padre como ex funcionario del gobierno militar. Y hoy, sin embargo, la "maximanía" ganó a los holandeses.

Pese a que se considera altamente improbable, hay quienes cruzan los dedos para que no haya disturbios. Todo está organizado para que sea una gran fiesta. Hay planes para remover todos los carteles publicitarios de la antigua plaza y cubrirla con cintas y paños blancos.

Desde el balcón de la plaza, a su derecha, ese día Máxima verá otro símbolo del paso que acaba de dar: la sede del museo de cera Tussaud, donde ya se ganó un lugar entre las réplicas de los Orange. La familia ocupa el trono desde hace dos siglos y es -además- una de las más ricas del mundo.

Al igual que en el casamiento del heredero noruego Haakon Magnus, los festejos tomarán tres días. El primero para una fiesta privada de los amigos de la pareja real. Y el segundo, para una celebración con el pueblo holandés en el estadio del Ajax.

El tercer día será el del casamiento. Primero civil, que es el único obligatorio en Holanda y el que convertirá a Máxima en princesa. Será en el famoso edificio Beus van Berlage, monumento de la arquitectura moderna. Luego, la bendición en la Nieuwe Kerk (Iglesia Nueva), que data del 1600.

Allí ambos se arrodillarán sobre los mismos almohadones de seda blanca que hace un siglo -en 1901- usaron la reina Guillermina y el príncipe Enrique. Las piezas, bordadas a mano, fueron puestas a nuevo, naturalmente.

Pese a que los novios tienen diferentes religiones -Guillermo Alejandro es protestante y Máxima, católica- la ceremonia no será ecuménica sino sólo bajo el primer rito, el de los Orange. El mismo en el que la futura princesa se comprometió a educar los hijos que nazcan de la pareja.

A la salida del templo vendrá el paseo en la carroza real por las calles de Amsterdam. En el recorrido pasarán por varios restaurantes argentinos que, pese a que en mayoría ya no son regentados por ciudadanos de nuestro país, están pensando modos de hacerse oír. "Queremos agasajar a Máxima en su día", se dijo en uno de ellos.

Luego será el saludo desde el balcón del palacio real, un edificio del gótico flamígero con un fantástico campanario sobre la fachada. Allí también se asomarán familiares de los novios aunque, en el caso de la argentina, no estarán sus padres, Jorge Zorreguieta -por pedido del gobierno holandés- y María del Carmen Cerruti, por decisión propia. Ambas ausencias, fruto de una negociación política, serán, seguramente, la única nota de pena para la novia.

Por la tarde, a las 18.30, comenzará la gran fiesta en el mismo palacio. Y, entre todos los secretos, el mejor guardado es -hasta ahora y naturalmente- el destino elegido para el viaje de bodas.

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.