Hoy, una ciudad rica y aburguesada

Después de ser devastada, Nueva Orleáns cambió de cara y ahora atraviesa un boom de crecimiento
Cain Burdeau
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30 de agosto de 2012  

NUEVA ORLEANS.- Mientras Isaac se cierne sobre Nueva Orleáns, la ciudad enfrenta un delicado momento en su proyecto de reconstrucción post-Katrina, el huracán que la devastó hace exactamente siete años.

La inversión pública y privada está impulsando la reestructuración de algunos barrios problemáticos pero culturalmente ricos, cercanos al emblemático Barrio Francés, donde las familias pobres han sido desplazadas por las más ricas, que se mudan a la zona. Aunque la ciudad atraviesa un boom de crecimiento y hasta se diría que se está aburguesando, algunos se preguntan si ese proceso no dañará las raíces que le confieren su identidad distintiva.

"Nueva Orleáns se ha transformado en una ciudad-boutique, como San Francisco", dijo Gary Clark, profesor de Políticas Públicas de la Universidad Dillard. "Hay algunas familias negras de clase media que se mudan a la zona, pero con el auge de la clase media son, sobre todo, blancos pudientes que se convierten en los nuevos pioneros urbanos".

El porcentaje general de blancos, aunque es menor que antes de Katrina, creció del 28 al 33% de la población. Y ahora hay un alcalde blanco por primera vez desde la década del 70. También el Consejo Municipal tiene mayoría blanca.

Como contraparte, los negros temen que su comunidad disminuya, en una ciudad que tiene profundas raíces culturales y económicas afrocaribeñas. Desde Katrina, la comunidad afroamericana se redujo en alrededor de 118.500 personas, cayendo del 68 al 60% de la población.

"Los negros no se consideran parte de la recuperación económica ni sienten que tengan acceso a oportunidades reales", dijo Nolan V. Rollins, presidente de la Liga Urbana del Gran Nueva Orleáns.

Hace medio año, el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de Estados Unidos (HUD) planificó la demolición del último edificio de la era del New Deal que quedaba en pie, el complejo Iberville, de 850 unidades habitacionales.

Mientras tanto, se han volcado otros 4000 millones de dólares en inversiones públicas y privadas en los barrios históricos de Iberville y Treme, corazón de la cultura afronorteamericana de la ciudad.

Las 360 hectáreas donde tienen lugar los nuevos desarrollos inmobiliarios son desde siempre el ámbito del quingombó, el jazz, el vudú y los pioneros de los derechos civiles. En Treme e Iberville, por cuyas calles caminó Louis Armstrong repartiendo carbón cuando era niño, los inmigrantes de todo el mundo convivían codo a codo con la gente de color.

Pero después de la década de 1960, toda esa zona cayó en desgracia, a medida que los blancos se fueron mudando a los suburbios y la mala planificación urbanística se cobró su precio. Cuando llegó Katrina, la ciudad ya estaba en graves problemas, con sectores que parecían un desierto urbano de basura y drogas.

"Pienso que es posible preservar el alma de Nueva Orleáns y hasta potenciarla gracias a este proyecto", dijo David Gilmore, experto en viviendas del HUD que encabeza el proyecto de reurbanización.

Para muchos residentes, ésta es la oportunidad de rescatar los barrios que habían caído en la droga, la pobreza y el abandono.

"No nos molesta que los blancos vengan a vivir acá", dijo Jennifer Jones, miembro de una familia de músicos de Treme.

Pero otros tienen reparos. Un reciente artículo aparecido en The New Orleans Tribune, periódico de la comunidad afroamericana, decía "Ya están aquí", para referirse a los blancos que buscaban comprar propiedades en el casco de la ciudad. Y el encabezado decía así: "El aburguesamiento de la clase media: la nueva segregación".

Traducción de Jaime Arrambide

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