Indignada, Dilma no viajará a Washington

Postergó la visita de Estado por el espionaje a sus comunicaciones
Alberto Armendáriz
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18 de septiembre de 2013  

RÍO DE JANEIRO.– Finalmente, Dilma Rousseff se atrevió a decirle não a Barack Obama. En una inusual demostración de firmeza en las relaciones entre Estados Unidos y América latina, la presidenta de Brasil rechazó ayer la invitación para una visita de Estado a Washington el mes próximo. Consideró que la Casa Blanca no le dio explicaciones ni disculpas suficientes por el espionaje a sus comunicaciones y las de millones de brasileños.

El propio Obama intentó salvar el viaje del 23 de octubre con un llamado personal a Rousseff, anteayer, pero la presidenta no consideró convincentes sus argumentos, según informó ayer el Palacio del Planalto en un duro comunicado, en el que prefirió hablar de "postergación" en vez de "cancelación".

"No están dadas las condiciones para realizar la visita en la fecha acordada", señala el texto de la presidencia, en referencia al escándalo que estalló el mes pasado cuando el programa Fantástico, de la red Globo, reveló que al menos hasta 2012 la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos había espiado las llamadas, mensajes de texto y correos electrónicos de Rousseff y varios de sus asesores. Lo mismo había hecho con el entonces candidato presidencial mexicano Enrique Peña Nieto, hoy en el poder.

"Las prácticas ilegales de intercepción de comunicaciones y datos de ciudadanos, empresas y miembros del gobierno brasileño constituyen un hecho grave que atenta contra la soberanía nacional y los derechos individuales; es incompatible con la convivencia democrática entre países amigos. Teniendo en cuenta la proximidad de la programada visita de Estado a Washington, y en ausencia de una oportuna investigación de lo ocurrido, con las correspondientes explicaciones y el compromiso de cesar las actividades de intercepción, no están dadas las condiciones para realizar la visita en la fecha anteriormente acordada", señaló la presidencia brasileña.

El mes pasado, el programa Fantástico de la televisora Globo reveló que, por lo menos hasta el año pasado, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) espió las llamadas, mensajes de texto y correos electrónicos de Rousseff y varios asesores suyos, así como los del entonces candidato presidencial en México, Enrique Peña Nieto, hoy en el poder. Los documentos internos de la NSA fueron entregados al periodista estadounidense Glenn Greenwald -columnista del diario británico The Guardian y residente en Río de Janeiro- por el ex analista de la agencia Edward Snowden, hoy refugiado en Moscú.

En ese momento, Rousseff se declaró indignada por las acusaciones y exigió a Washington explicaciones. Hace dos semanas, durante la cumbre del G-20 en San Petersburgo, Obama intentó convencer a su colega de que él no había estado al tanto del espionaje y se comprometió a iniciar una investigación.

Luego el caso se enturbió más cuando se reveló que la NSA también espió a Petrobras, la mayor empresa brasileña. Rousseff acusó a Estados Unidos de estar buscando secretos industriales y comerciales bajo la excusa de garantizar su seguridad nacional.

La semana pasada, el canciller brasileño viajó a Washington para escuchar las aclaraciones de parte de la asesora presidencial de Seguridad Nacional, Susan Rice, pero sus esfuerzos fueron en vano.

Estados Unidos esperaba que la visita -la primera de este tipo ofrecida este año por la Casa Blanca- sirviera para sellar una nueva etapa en las relaciones bilaterales. Y quiso evitar que el escándalo ahuyentara a Brasil de dos importantes acuerdos: la compra de 36 cazabombarderos fabricados por Boeing -en un negocio en el que también compiten Suecia y Francia- y las licitaciones de exploración petrolera en la llamada capa pré-sal de las costas brasileñas.

"El presidente dijo que entiende y lamenta las preocupaciones que las revelaciones de supuestas actividades de inteligencia estadounidense generaron en Brasil y dejó en claro que está comprometido a trabajar con la presidenta Rousseff y su gobierno a través de canales diplomáticos para superar este tema como fuente de tensión en nuestra relación bilateral", destacó, por su parte, un comunicado de la Casa Blanca ayer, en el que se resaltó que "Obama espera recibir a la presidenta Rousseff en Washington en una fecha por combinar mutuamente".

Según apuntaron fuentes diplomáticas a LA NACION, es muy poco probable que la visita de Estado de Rousseff -la primera desde que en 1995 fue recibido Fernando Henrique Cardoso- ocurra este año ni tampoco en la primera mitad del próximo año, cuando la mandataria estará abocada a su campaña por la reelección, en los comicios de octubre.

Aunque ambos gobiernos buscaron subrayar que esta "embarazosa situación" no afectará los amplios vínculos entre Brasil y Estados Unidos -con fuertes intereses comerciales y económicos, así como una gran cooperación a nivel educativo, energético y en defensa-, el episodio llevó a las relaciones bilaterales a su peor momento desde los últimos años del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010).

Entonces, Brasil, que había intentado mediar con Irán para que abandonara su polémico programa nuclear, quedó resentido con Washington por haber socavado sus esfuerzos.

En una reunión que mantuvo la semana pasada Rousseff con Lula, su mentor político le aconsejó desistir de realizar la visita a Washington tras el escándalo del espionaje. El tema generó gran rechazo también en el Congreso, donde se votó por crear una comisión investigadora, se decidió ofrecer protección policial al periodista Greenwald y enviar una delegación de legisladores a Moscú para interrogar a Snowden.

Al mismo tiempo, el gobierno brasileño comenzó consultas para diseñar métodos de protección a las comunicaciones dentro de Brasil.

Las razones del Palacio del Planalto

En un comunicado, Dilma justificó su decisión de no viajar a Washington por el escándalo de espionaje

  • "Las prácticas ilegales de intercepción (...) constituyen un hecho grave que atenta contra la soberanía nacional"
  • "Es incompatible con la convivencia democrática entre países amigos"
  • "En ausencia de una oportuna investigación de lo ocurrido (...), no están dadas las condiciones para realizar la visita"
  • Voto clave en el mensalão

    El llamado "juicio del siglo" por el escándalo del mensalão empezaría a definirse hoy con el voto del decano del Supremo Tribunal Federal de Brasil (STF), Celso de Mello. El jueves pasado, cuando faltaba un solo voto sobre 11, el STF aplazó su decisión de aceptar o rechazar la apelación de los 12 políticos condenados por el caso de corrupción que hizo tambalear al gobierno de Lula da Silva, en 2005. De Mello deberá desempatar la votación, que estaba cinco a cinco.

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