Indonesia negocia recibir a los refugiados

Australia ofreció a Yakarta financiar la estancia de los desplazados; Nueva Zelanda recibirá un grupo
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31 de agosto de 2001  

CANBERRA.- Aunque mantenía su polémica negativa a acoger a los más de 400 refugiados que permanecen a bordo del carguero noruego Tampa, el primer ministro australiano, John Howard, informó ayer que mantiene negociaciones con varios países para analizar la posibilidad de que los náufragos sean recibidos por otras naciones.

Howard ofreció incluso pagar a Indonesia los costos de la estancia de los desplazados -en su mayoría afganos- en ese país, además de la construcción de un centro para alojarlos, y al cierre de esta edición tenía previsto hablar por teléfono con la presidenta del archipiélago, Megawati Surkarnoputri, para encontrar una solución al conflicto.

Además, el premier australiano reveló ayer que ha hablado sobre el tema con el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, aunque no brindó más detalles. Sólo reiteró que la postura de su gobierno es la correcta y obedece al "interés nacional".

Australia alega que Indonesia debe acoger a los ilegales porque, pese a que éstos fueron rescatados en aguas internacionales, el puerto donde se embarcaron es indonesio.

Pero Yakarta -aún molesta por el papel que jugó Australia en favor de la independencia de Timor Oriental- se ha negado también a recibirlos y la tensión ha aumentado entre ambos países. En tanto, Noruega, donde está registrado el Tampa, ha rechazado asimismo su responsabilidad y fustigó a Australia por su "inhumana" postura.

En otra gestión para tratar de resolver el estancamiento, la primera ministra neozelandesa, Helen Clark, dijo que acogerá una cantidad no especificada de refugiados.

Según explicó, su país tiene una comunidad de inmigrantes relativamente pequeña, y los que se encuentran en el Tampa suman aproximadamente la mitad de los refugiados que Nueva Zelanda debe acoger cada año, según los acuerdos internacionales.

El destino de los inmigrantes ilegales ha dado lugar a una intensa disputa diplomática desde que los indocumentados fueran rescatados por el buque noruego el domingo último, cuando la precaria embarcación indonesia en que intentaban llegar a Australia estaba a punto a hundirse.

El conflicto se agravó anteayer luego de que el gobierno de Canberra ordenó a una unidad armada de elite el abordaje del buque, a fin de evitar que este último amarrara en la isla australiana de Christmas, 1500 kilómetros al oeste del territorio continental, y tras la negativa del capitán del Tampa de abandonar las aguas australianas.

Comandos a bordo

Los soldados de elite permanecían ayer en la cubierta del buque para impedir que los inmigrantes se tiren al mar infestado de tiburones, como habían amenazado si no eran trasladados a la isla de Christmas.

Por otro lado, los soldados establecieron que los refugiados son 460, una cifra mayor a la anunciada hasta ahora por la tripulación noruega.

Mientras la crisis entraba en su quinto día, los organismos humanitarios pedían acceso al carguero, preocupados por las condiciones de higiene y la salud de los inmigrantes, entre los que se hallan 43 niños y cuatro mujeres embarazadas.

Médicos Sin Fronteras envió ayer a un médico, una enfermera y otro miembro de la organización a la isla Christmas, donde esperarán "indicaciones del capitán del barco noruego, Arne Rinnan, para aprovechar la mínima oportunidad y subir al barco", explicó Nicolett Jackson, vocero del grupo.

Otras organizaciones de defensa de los derechos humanos como Human Rights Watch (HRW) y Amnistía Internacional se unieron al concierto de protestas internacionales contra la inflexibilidad de Canberra, llamando a una acción urgente para "evitar una tragedia humanitaria". HRW, incluso, acusó a Australia de "cobardía moral" por tratar de evadir el problema.

Línea dura

El primer ministro australiano mantiene una línea dura, pues teme que los votantes lo castiguen en las próximas elecciones por no frenar la ola de inmigrantes que están llegando a sus costas.

En Ginebra, en tanto, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) se limitó a recomendar al gobierno australiano que deje desembarcar a los inmigrantes, la mayoría de los cuales pueden tener derecho a asilo, y pidió a los tres gobiernos involucrados que busquen una solución al problema.

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