Israel congeló el proceso de paz con los palestinos

Recrudeció la violencia: diez muertos
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21 de octubre de 2000  

JERUSALEN.- Peor, imposible. Ayer, cuarto viernes de la nueva Intifada, fue un viernes negro. No sólo fue uno de los días más trágicos de las últimas dos semanas de violencia, ya que en nuevos enfrentamientos diez palestinos murieron y más de 300 resultaron heridos -haciendo trizas el acuerdo de Sharm el-Sheikh-, sino que el primer ministro israelí, Ehud Barak, suspendió el proceso de paz "por todo el tiempo que sea necesario".

Presionado por una situación interna complicada y por la peor jornada de choques en Cisjordania y en Gaza, Barak anunció que Israel congelará formalmente el proceso de paz una vez que termine la cumbre de la Liga Arabe, que se reúne por primera vez en 10 años este fin de semana, en El Cairo, Egipto.

Entrevistado por la televisión israelí, Barak dijo también "que no podemos ignorar lo que ocurrió estas últimas tres semanas y hacer como si no hubiera pasado nada" y, como ya había hecho últimamente, reiteró que "los palestinos no son lo que pensábamos".

Con la ambigÜedad que lo caracteriza, el premier israelí dijo, de todos modos, que Israel dejaba "la puerta abierta" al líder palestino Yasser Arafat o "al dirigente que lo suceda" para futuras conversaciones.

Arafat, que parece cada vez más incapaz de controlar a las facciones extremistas palestinas, dijo, por su parte, que los árabes "están listos" para enfrentar las amenazas israelíes de "hacer una pausa".

"Es una declaración que esperábamos -señaló Arafat desde El Cairo-, dirigida con arrogancia a todos los dirigentes árabes, y somos capaces de hacerles frente. Los hijos de las naciones árabes son más fuertes que cualquier declaración."

La violencia verbal de los dos protagonistas de este conflicto de nunca acabar, lógica en estos momentos de extrema tensión -en los cuales las fuerzas israelíes siguen en estado de máxima alerta por temor a atentados terroristas- se produjo al cabo de una de las jornadas más trágicas de los últimas dos semanas, y luego de que se venciera un plazo de 48 horas que se había establecido para ver si el acuerdo de cese de fuego sellado en Sharm el-Sheikh funcionaba en la práctica.

Ayer, el cuarto viernes -día de oración para los musulmanes- desde que comenzó la nueva intifada, que coincidió con otro "día de ira" convocado por los grupos extremistas palestinos en protesta por la "masacre" israelí, murieron 10 palestinos y resultaron heridos más de 300, en nuevos y virulentos choques que tiraron por la borda cualquier esperanza de tregua. El recrudecimiento de la violencia tuvo lugar luego de que el jueves se librara una virtual batalla en las afueras de Nablus, al norte de Cisjordania, en la que intervinieron helicópteros de combate israelíes y murieron un palestino y un colono israelí.

Violencia tras el funeral

Como siempre ocurrió desde el estallido de la "nueva intifada" por Jerusalén -que comenzó el 28 de septiembre último, cuando el halcón del Likud, Ariel Sharon, visitó la Explanada de las Mezquitas-, las chispas estallaron luego del funeral de una de las víctimas del día anterior, en Nablus.

Allí, unos 15.000 palestinos furiosos, gritando el tradicional " Allah akbar " (Dios es grande), consignas que incitan a la destrucción de Israel y vivando al Hezbollah, marcharon sobre un puesto del ejército israelí, al que atacaron con piedras y botellas incendiarias. Pasó poco tiempo para que todo degenerara, como siempre, en una nueva batalla campal con gases, balas de goma y, poco después, municiones verdaderas, y para que comenzaran a caer los primeros "mártires", en este caso, un chico de 14 años.

Al final de la jornada, en esta ciudad cisjordana habían muerto al menos 5 personas; en Ramallah, otro chico de 14 años, y así sucesivamente en distintos choques que se registraron en Jenín, Tulkarem y Salfit. Sin contar que también en los alrededores de Belén se registraron enfrentamientos cerca del asentamiento de Gilo -que fue otra vez tomado como blanco por palestinos que viven en el poblado de Beit Jala-, en Hebrón, y en la franja de Gaza.

Seguir con la intifada

En los violentos choques participaron también los Tanzim, el ala armada de Al Fatah, el partido de Arafat que junto a Hamas y la Jihad llamaron a seguir la intifada por Jerusalén, y rechazaron el acuerdo de Sharm el-Sheikh. Sellado el martes último verbalmente entre Barak y Arafat bajo una fuertísima presión norteamericana, éste estipulaba la retirada israelí de algunas áreas bajo control palestino, y el fin del cierre de las fronteras que rodean Cisjordania y Gaza.

Los palestinos ayer acusaban a Israel de no haber cumplido ninguna de las dos cosas, y los israelíes a los palestinos de no haber hecho nada para calmar las aguas. En especial, un vocero del gobierno israelí acusó a Arafat de haber querido mantener la violencia en un punto alto, para aprovecharla durante la cumbre de la Liga Arabe, que podría decidir adoptar medidas en contra del Estado judío.

En Jerusalén, un impresionante dispositivo de seguridad -policías a caballo, en jeeps y a pie, con cascos, chalecos antibalas y cachiporras- volvió a impedir por tercer viernes consecutivo que los palestinos menores de 40 años ingresaran en la Explanada donde están las mezquitas de Al Aqsa y el Domo de la Roca, para rezar. La medida -tendiente a evitar más choques-, provocó algunos disturbios, con algunas golpizas y escenas violentas, que de todos modos no pasaron a mayores.

Como el viernes último, también esta vez la gente se vio obligada a arrodillarse en el piso, mirando hacia La Meca, en las afueras de la amurallada Ciudad Vieja, bajo un cielo otra vez plagado de helicópteros israelíes.

"¿Se da cuenta lo humillante que es esto? Ni siquiera nos dejan rezar. Es injusto. Nosotros estamos bajo ocupación, y sólo tenemos piedras", dijo a La Nación Mohammud, un palestino norteamericano, que vive en Ohio, durante una manifestación de protesta frente a la Puerta de Damasco.

"Los Estados Unidos dicen que luchan por la democracia en todo el mundo, pero esto es una jaula. ¿Por qué los israelíes ahora ni siquiera nos dejan rezar? Nos matan como moscas, y pretenden que no protestemos?"

Las palabras de Mohammud -que reflejaron una vez más la ira palestina ante la "masacre" israelí- fueron dichas pasado el mediodía, cuando aún nadie se imaginaba que la jornada degeneraría en un trágico viernes negro. Saeb Erekat, uno de los más importantes dirigentes palestinos, no sólo acusó a Israel de "violencia homicida", sino que pidió protección internacional para su gente. Erekat definió como "inaceptable" la amenaza israelí de congelar el proceso de paz, y sentenció, sombrío, que "lo peor está por venir".

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