Italia pierde la paciencia con la UE por el drama de los inmigrantes

Tras un naufragio cerca de Lampedusa que dejó 17 muertos y casi 200 desaparecidos, el gobierno de Renzi acusó al bloque de haberlo dejado solo ante la crisis
Elisabetta Piqué
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14 de mayo de 2014  

ROMA.- El drama de la inmigración, que volvió a las primeras planas a causa de un nuevo naufragio al sur de la isla de Lampedusa que dejó 17 muertos, causó ayer un duro choque político entre Italia y la Unión Europea (UE).

En tonos inusualmente ásperos, Italia acusó a la UE de haberla dejado sola y de haberse lavado las manos ante un tema que no es nuevo y que vuelve a estallar, cíclicamente, cada vez que llega la primavera boreal, con el buen tiempo. Y vuelven a llegar desde las costas del norte de África oleadas de desesperados que huyen de la miseria, el desempleo y las guerras. Entre los muertos de anteayer había 12 mujeres y dos chicos, y las autoridades temían que hubiera más víctimas, ya que el barco llevaba unas 400 personas, de las que sólo se rescataron 206.

"Hubo muchos muertos cerca de Libia. Nuestras naves están ahí, recuperando los muertos y socorriendo a los vivos, pero Europa no nos está ayudando. ¡Que se haga cargo de recibir a los vivos!", denunció el ministro del Interior italiano, Angelino Alfano, que amenazó con darles asilo y libertad a los extracomunitarios que llegan a la península para que sigan viaje a otros países de Europa.

"Italia no puede convertirse en una prisión para refugiados", dijo Alfano, líder del Nuevo Centroderecha, partido de derecha que creó al abandonar a su "padrino" político, el ex premier Silvio Berlusconi.

En plena campaña electoral en vista de las elecciones europeas del 25 próximo, el primer ministro, Matteo Renzi, líder del Partido Democrático (centroizquierda), no se quedó atrás y también acusó duramente a la UE. "Nos deja solos, salva los Estados, los bancos, pero después deja morir a las madres con los chicos", disparó.

Sin embargo, a través de su vocero, la comisaria europea para los Asuntos Internos de la UE, Cecilia Malstrom, le echó la culpa a Italia. De hecho, afirmó que en marzo había mandado una carta a las autoridades italianas en la que ofrecía discutir medidas concretas sobre lo que Bruselas podría hacer sobre la inmigración. Pero, dijo, no habían recibido respuesta desde Roma.

De inmediato, llegó la réplica furiosa de Alfano. "Hay cuatro indicaciones precisas que siempre hemos dado en Bruselas. La primera es que la acogida humanitaria hay que hacerla en África: Europa debe ir a montar carpas y asistencia ahí", contestó el ministro, que tachó las declaraciones de la comisión de "provocativas y ridículas".

"Piden cartitas cuando hay muertos. Así muere Europa en el corazón de los ciudadanos europeos. Es una Europa de la burocracia la que frente a muertos pide cartitas", denunció. Luego señaló que, al margen de la asistencia humanitaria en África, Italia reclama que la UE esté involucrada en las operaciones de rescate en el mar y que la sede de Frontex (el organismo europeo que se ocupa del manejo del control de las fronteras del bloque) esté en Italia, y brinde el derecho de asilo no limitado al primer país de ingreso.

Al cabo de una jornada de cortocircuito total, Alfano y Malstrom mantuvieron una conversación telefónica para calmar las aguas, que fue considerada "constructiva" en Bruselas, según trascendió.

El enésimo naufragio de una "carreta del mar" repleta de desesperados que dio pie a la polémica ocurrió anteanoche, cerca de las costas de Libia. Mientras sigue siendo un misterio cuánta gente había en la embarcación -se habló de 400-, naves militares italianas rescataron los cadáveres de 17 personas y 206 sobrevivientes, que ayer llegaron a Catania, en Sicilia.

La semana pasada, la inteligencia libia había alertado a Italia que estaban partiendo cada vez más embarcaciones desde la costa africana: los traficantes de la muerte saben, de hecho, que poco más allá están las naves militares italianas que salen a socorrer a los migrantes.

Según datos del Ministerio del Interior italiano, desde principios de año llegaron por vía marítima a la península 36.000 extracomunitarios, la mayoría en "viajes de la esperanza" organizados por traficantes de seres humanos.

Conmocionado por un naufragio que pasó casi inadvertido para la prensa, en julio pasado el papa Francisco decidió hacer su primer viaje del pontificado a Lampedusa, puerta de entrada de miles de desesperados y símbolo de su drama. Desde allí, denunció tanto a los mercaderes de la muerte como a la "globalización de la indiferencia". El 3 de octubre pasado, en una de las peores catástrofes de los últimos tiempos, 366 personas murieron en aguas del canal de Sicilia, en otro naufragio.

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