José Cea Egaña: "El populismo potencia las deficiencias de la democracia"

El expresidente del Tribunal Constitucional de Chile sostiene que para salir de un Estado gigantesco se debe fortalecer a la sociedad civil
Ramiro Pellet Lastra
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26 de junio de 2018  

La daga del populismo sigue amenazando a las democracias latinoamericanas, demasiado torpes y deficientes para responder a las necesidades de la gente y para evitar a la vez el canto de sirena de los demagogos.

Lo dice el catedrático chileno José Cea Egaña, expresidente del Tribunal Constitucional de su país, quien aboga por fortalecer la sociedad civil como forma de salir de la trampa de un Estado gigantesco y de la concentración de la riqueza. Dos problemas que en estos tiempos van de la mano.

"El populismo potencia las deficiencias de la democracia", dijo Cea Egaña a LA NACION, de paso por Buenos Aires para asistir al reciente Encuentro Iberoamericano de Academias de Ciencias Morales y Políticas.

-¿Sigue vigente el populismo en América Latina?

La región ha estado marcada por el populismo hasta el punto que no hay país que se pueda considerar ajeno a ese movimiento. Es una situación presente hasta el día de hoy y muy probablemente para el futuro. El populismo es el peor enemigo de la democracia. Porque degrada los sistemas democráticos en una serie de etapas. Gana el poder con los métodos democráticos y con promesas de satisfacer todos los derechos sociales, todo con subsidios y bonificaciones hasta dejar extenuados los fondos públicos. Después no puede cumplir las promesas porque resulta que no existen los recursos. Si se cumple todo el ciclo, como en Venezuela y Nicaragua, termina apelando a la violencia frente a la bancarrota y el desastre.

-¿Qué responsabilidad tiene el resto del sistema? Por algo los votantes escuchan...

-Absoluta. La democracia no está funcionando bien en América Latina. El sistema de instituciones políticas es frágil, hay un altísimo nivel de corrupción, de falta de legitimidad. Los Estados no prestan los servicios que les pide la población en salud, trabajo, seguridad y tantas patologías que existen. Eso hace muy fácil a los populistas decir que van a arreglar las cosas, que se van a preocupar por el pueblo maltratado por las oligarquías. Y lanzan una estrategia bien conocida por ellos: marchas, concentraciones, enfrentamientos, tomas de colegios, universidades o fábricas.

-¿La estrategia es agravar la situación hasta el colapso?

Los líderes populistas potencian las deficiencias y las llevan al extremo, hasta que llega un momento en que se puede decir que se paraliza el país, con paros nacionales por ejemplo, y se presentan como los salvadores.

-¿Cómo ve las críticas al neoliberalismo?

El neoliberalismo es un concepto superado. En América Latina, y particularmente en Chile, se ha ido imponiendo una política social de mercado, que si bien es cierto que se centra en el mercado como asignador de recursos, es un mercado controlado, regulado por las leyes y por entes fiscalizadores que impiden la voracidad de los grupos económicos y de interés que perjudican al bien común. Pero eso del neoliberalismo es una manera fácil de descalificar la alternativa frente al comunismo, el marxismo o el populismo.

-Si las democracias actuales son deficientes, si los populismos son un desastre, ¿qué nos queda?

La sociedad civil es el concepto que tiene que ir reemplazando lo que el Estado ya no es capaz de dar. Hay que estimular a la sociedad civil para que por sí misma vaya dando ayuda económica, social, científica, habitacional, de bienestar, que el Estado no puede dar. Pero el Estado no quiere ceder poder pese a lo mal que lo ejerce. Se debería legislar hacia una integración de los esfuerzos del Estado y la sociedad civil en auxilio del cumplimiento de los derechos.

-Pareciera "la sociedad civil contra el mundo": el Estado, la burocracia, los populismos...

Pero no es una quimera. Los estudios existen. Tienen que tomarse medidas que vayan corrigiendo la concentración de la riqueza, para que esa riqueza se distribuya más justamente entre todos los sectores de la sociedad. La pobreza es un enemigo mortal de la democracia y es el caldo de cultivo que necesita el populismo para prosperar. Si no hubiera pobreza no habría populismo.

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