Kirchner, con un discurso de barricada

(0)
20 de mayo de 2003  

MIAMI.- No lloren por la Argentina, o por lo menos esperen hasta el domingo. A pesar del poco atinado discurso del presidente electo, Néstor Kirchner, la semana pasada, en que pareció más un agitador de barricada que un estadista, sus asesores más cercanos dicen que será un líder pragmático tras asumir el poder el 25 de mayo.

Definitivamente, Kirchner no dio esta última impresión en su discurso del 14 de mayo. Por el contrario, sembró dudas sobre si será uno de esos "capitanes del micrófono" que hacen discursos incendiarios contra la comunidad de negocios, provocan una fuga masiva de capitales, ahuyentan las inversiones extranjeras y luego culpan a Washington del deterioro económico de sus países.

En lugar de pedir la reconciliación nacional para sacar a la Argentina de su peor crisis económica de la historia moderna, y de tratar de ampliar su base del exiguo 22 por ciento del voto que recibió el 27 de abril, Kirchner hizo un discurso lleno de rencores.

En vez de criticar la corrupción que azotó al país durante el gobierno del ex presidente Carlos Menem, arremetió contra los "intereses corporativos" y el "modelo de especulación financiera y subordinación política´´ a Estados Unidos y Europa. Pocos días antes, había indicado que la Argentina no seguirá la política exterior pro norteamericana del pasado, sino que se alineará con Brasil.

Y, según versiones de prensa, habría dado su visto bueno para que la Argentina no condenara a la dictadura cubana en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas luego de que Cuba fusiló a tres personas por tratar de huir del país en un intento de secuestro de una nave en que no hubo muertos ni heridos.

¿Será Kirchner un populista que polarizará a la sociedad, como el presidente venezolano Hugo Chávez? ¿O estará más cerca de la izquierda responsable, como la del presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, y el chileno Lagos?

En una conferencia de prensa, al parecer destinada a calmar temores, Kirchner advirtió días más tarde que no adoptaría "medidas mesiánicas", y que la suya sería una "conducción paulatina´´.

Alberto Fernández, la mano derecha de Kirchner y posible ministro de la Presidencia del nuevo gobierno, me dijo en una entrevista telefónica que "Kirchner no será un presidente populista. Es esencialmente un pragmático con profundos valores morales".

"Hay que ubicar el contexto exacto en que fue hecho el discurso" del 14 de mayo, dijo Fernández. Fue horas antes de que Menem anunciara su retiro de la segunda vuelta electoral, cuando el país estaba al borde de una crisis institucional y hacía falta presionar a Menem para que se definiera, dijo.

Fernández niega que Kirchner haya gobernado la provincia de Santa Cruz con mano de hierro, o que sea un caudillo que usó los recursos petroleros de su provincia para darle empleos públicos a casi la mitad de la población.

La primera medida importante de Kirchner como gobernador de Santa Cruz fue, en 1992, reducir en un 35 por ciento los salarios públicos para balancear el déficit público, una medida que no tiene nada de populista, dijo Fernández. Los salarios fueron restituidos a su nivel anterior una vez que se equilibró el presupuesto, agregó.

Sobre la política exterior, Fernández dijo que "no existe la menor intención de tener una relación conflictiva con Estados Unidos´´. La Argentina buscará "tener una relación madura´´ con Washington y Europa, "buscando consensos que beneficien a todos´´.

Fernández señaló que cuando su jefe se refirió a los "intereses corporativos" hablaba de las empresas privatizadas que lograron contratos dudosos en la época de Menem. Otras fuentes cercanas a Kirchner señalan que casi todas estas empresas fueron españolas y francesas, y que no sería raro que Kirchner tuviera una mejor disposición hacia las empresas de Estados Unidos.

Respecto de Cuba, Fernández afirmó que "la Argentina debe recuperar su posición de no intromisión en decisiones internas de otros países, más allá de la diferencia que tenemos con decisiones como las que se han tomado en Cuba´´.

¿Mi conclusión? Sería lamentable que Kirchner abandonara la postura pro derechos humanos que la Argentina ha tenido en años recientes y retornara a las políticas de "no intervención´´ esgrimidas por la dictadura militar argentina en la década de 1970 y por la dictadura cubana. Hay un consenso entre las democracias modernas, a partir de la Segunda Guerra Mundial, de que los derechos humanos son universales, y que los países no pueden usar el pretexto de la soberanía nacional para torturar y fusilar a su población.

Pero si Kirchner resulta ser un "pragmático con convicciones morales´´ que luchará contra la corrupción y por los derechos humanos, puede resultar mucho mejor de lo que aparentó la semana pasada. Ya veremos el domingo, en su discurso inaugural, si deberemos aplaudir o llorar por la Argentina.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.