La agricultura, al borde del colapso por la falta de combustible

La cosecha se pudre en los campos por la escasez de transporte y el sector carece de fertilizantes y químicos para los nuevos cultivos
La cosecha se pudre en los campos por la escasez de transporte y el sector carece de fertilizantes y químicos para los nuevos cultivos
A. Kurmanaev
I. Herrera
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11 de julio de 2019  

PUEBLO LLANO, Venezuela.- En este país, donde el hambre es rampante, hace poco un agricultor tuvo que abandonar todo su cultivo. Guiando un par de bueyes, arrastraba un arado de madera sobre su tierra y dejaba al descubierto miles de zanahorias marchitas.

Los camiones que recogerían su cosecha nunca llegaron, dijo.

La escasez de combustible paralizó al país desde mayo y está llevando al borde del colapso a la industria agrícola de una nación que de por sí estaba pasando un momento difícil y amenaza con más hambre y malnutrición, aquí donde casi la mitad de la población come menos de tres veces al día.

"Todo se perdió", dijo el agricultor Joandry Santiago, señalando los vegetales dañados, que le costaron meses de trabajo perdido.

Venezuela es una nación rica en petróleo, pero años de malos manejos y corrupción en la industria petrolera, empeorados por sanciones estadounidenses, secaron los surtidores de combustible en un momento crítico. Primero, la escasez impidió que agricultores como Santiago llevaran sus productos al mercado. Ahora está dificultándoles sembrar nuevos cultivos.

The New York Times entrevistó a decenas de agricultores venezolanos. Casi todos disminuyeron su área de cultivo este año y algunos están dejando sus tierras en barbecho, medidas que probablemente reduzcan lo que queda del suministro de alimentos y lleven a más venezolanos a unirse a los aproximadamente cuatro millones que ya huyeron del país.

La falta de combustible es la gota que derrama el vaso luego de seis años de crisis económica con el presidente Nicolás Maduro, cuyas políticas de control de precios, expropiaciones y malversación de fondos sancionada por el Estado acabaron con el sector privado del país. Su represión hacia opositores políticos y retórica socialista desataron la ira del gobierno de Donald Trump, que impuso sanciones a altos funcionarios y sectores económicos claves.

Los agricultores dicen que trataron de producir a pesar de la escasa materia prima, los controles de precios, la delincuencia, la inflación y una demanda que colapsa.

El municipio de Pueblo Llano, donde vive Santiago, ubicado en la región occidental de los Andes, representó alrededor del 60% de la producción total de papa y zanahoria de Venezuela. Pero la cosecha de este año solo es la mitad de la producción de 2018 debido a la escasez de combustible y a otros problemas, como la falta de semillas y de fertilizante, según la cooperativa local de agricultores La Trinidad.

El habitual entramado de campos verdes bien atendidos disminuye desde los márgenes de las montañas bañadas de sol de Pueblo Llano a medida que los agricultores se repliegan hacia la única estación de servicio con la esperanza de obtener algo de ventaja. Los 7000 agricultores del pueblo tienen que arreglárselas con apenas una entrega de combustible de alrededor de 7600 litros a la semana.

La caída de Pueblo Llano se repite en todo el sector. En las vastas planicies más al este de Venezuela, la caña de azúcar se pudre a unos cuantos metros de un ingenio y los campos de arroz están estériles por primera vez en setenta años debido a que los granjeros no tienen combustible para transportar su producción a los centros de distribución ni semillas ni fertilizante para plantar nuevos cultivos.

"El colapso es exponencial", dijo Aquiles Hopkins, presidente de Fedeagro, la principal asociación agrícola. "La única posible explicación es que al gobierno simplemente no le importa", concluyó.

Maduro respondió a la crisis con la promesa en mayo de 35 millones de dólares en nuevos créditos para el sector, pero es un programa pequeño y sus beneficios únicamente son para productores cercanos al gobierno.

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