La bonanza de la CIA

Por Mario Diament
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1 de diciembre de 2001  

MIAMI.- El aviso dice: "Para el individuo excepcional que desea más que un empleo, ésta es una forma de vida que habrá de desafiar los recursos más recónditos de su inteligencia, confianza en sí mismo y responsabilidad. Requiere un espíritu aventurero, una personalidad enérgica, una capacidad intelectual superior, una mentalidad obstinada y el más alto grado de integridad".

La descripción corresponde a la posición de "agente de operaciones" del servicio clandestino de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), un puesto que el mismo anuncio define como "el elemento humano vital en la recolección de inteligencia", gente que constituye "el filo de la inteligencia norteamericana, un cuerpo de elite que acopia la información vital para que los hacedores de política puedan formular críticas decisiones de política exterior".

Por todo este dechado de virtudes, la CIA ofrece un sueldo anual que oscila entre 37.000 y 57.000 dólares, "dependiendo de las credenciales", vacaciones, seguro médico y guardería infantil, nada que permita, como se ve, la calidad de vida a que Hollywood nos tiene acostumbrados.

Como un ave fénix, la CIA se ha levantado del barro en el que sus propias acciones y toneladas de revelaciones periodísticas y literatura la habían sumergido, para constituirse nuevamente en un destino laboral atractivo para miles de recién graduados.

Antes del 11 de septiembre, su oficina de reclutamiento recibía alrededor de 600 solicitudes semanales; hoy recibe esa misma cantidad diariamente. Lo mismo sucede con otras dependencias de espionaje como la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y el FBI, pero tal vez gracias a su visibilidad, la CIA es la que más se ha favorecido de la inesperada bonanza.

"Mucha gente que en el pasado no habría pensado jamás en una carrera en la inteligencia, ahora parece estar viendo las cosas de manera diferente. Definitivamente estamos recibiendo algunos buenos candidatos", admitió la vocero de la CIA, Anya Guilsher.

Las oportunidades de trabajo que la CIA publicita en su sitio en Internet ( www.cia.gov ) y en algunos diarios y periódicos universitarios, no se limitan a buscar espías. El personal requerido incluye 53 posiciones diferentes divididas en cinco categorías: profesionales (arquitectos, abogados, contadores); técnicas (ingenieros de sistema, diseñadores de software, operadores de satélites); lingüísticas (traductores); analíticas (economistas, estadísticos); y clandestinas (agentes de operaciones, oficiales de entrenamiento, jefes de equipos operativos).

Ferias de empleo

No casualmente, los anuncios hacen explícito un particular interés en "candidatos con antecedentes en idiomas centroeurasiáticos, esteasiáticos y del Medio Oriente" y parece haber una extrema urgencia en conseguir gente capaz de traducir del daria, del pashto y del uzbequistaní, todas ellas lenguas habladas en Afganistán.

Algunos de los lugares habituales de reclutamiento son las ferias de empleo que se realizan en las universidades. Si antes del 11 de septiembre la presencia de reclutadores de la CIA en los campus provocaba reacciones hostiles, hoy es común ver largas colas de interesados frente a las mesas de información. En una reciente feria en la Universidad de Maryland, el stand de la CIA era el que registraba el mayor número de interesados.

Profesión con sentido

Los estudiantes atribuyen su interés por una carrera que carece de los incentivos económicos de las empresas bursátiles o las grandes compañías tecnológicas al súbito despertar del espíritu patriótico que provocaron los atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono y a la subsecuente guerra en Afganistán.

En sus respuestas a los cuestionarios que acompañan las solicitudes, los candidatos escriben frases como "hacer un trabajo importante es más motivador que la recompensa económica" o "no me importa renunciar al lujo de una vida confortable por una profesión que tenga sentido". Pero aunque los funcionarios de la CIA no ocultan su satisfacción por la inesperada redención después de dos décadas de escarnio, muchos adoptan una actitud flemática frente a la ola de entusiasmo.

Si en algo se especializa la agencia, es en analizar datos, y los datos indican que el 30 por ciento de los nuevos reclutas renuncia en los primeros dos años, cuando confrontan la realidad de que por encima de las promesas de una vida excitante y aventurera, la CIA es una enorme burocracia donde la tarea que realiza la gran mayoría de lo que, se estima, son sus 16.000 empleados, no se diferencia en rutina y monotonía, de la que desarrollan otros empleados públicos perdidos en los laberintos de la Secretaría de Transportes o el Departamento de Estadísticas.

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