La brutal escuela de la violencia etarra

El gobierno atribuyó a menores vascos dedicados a desmanes callejeros el atentado con el juguete
El gobierno atribuyó a menores vascos dedicados a desmanes callejeros el atentado con el juguete
Silvia Pisani
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22 de agosto de 2001  

MADRID.- Pueden tener entre 15 y 20 años. Puede que sus padres ni lo sepan pero, en algún momento de la noche, se cubren la cara con un pañuelo y salen por las calles vascas a quemar, romper todo lo que encuentran, pintar leyendas en favor de ETA. Lanzar piedras... ensayar su primer cóctel Molotov.

Son los "chicos de la kale borroka " (en vasco, la violencia callejera).

Los que, como muchos adolescentes, crecen soltando su rebeldía aliándose con lo prohibido y secreto. Sólo que en este caso la opción es banda terrorista, resabio persistente del franquismo. Revindicada ante sus ojos adolescentes con el pretendido halo de defender a los vascos. Una causa.

Y, para el gobierno español, fueron ellos los culpables de que un bebe (vasco) de 16 meses haya quedado ciego para siempre. Y, hasta anoche, debatiéndose entre la vida y la muerte. Y de que una mujer (vasca), de 62 años -su abuela-, haya muerto desangrada en minutos. Todo porque recogieron un inofensivo autito de juguete que escondía una bomba.

"Los servicios de información del Ministerio de Interior indican que lo ocurrido en San Sebastián fue un acto de la kale borroka ", acusó ayer el titular de la cartera, Mariano Rajoy. Con eso, no hizo más que poner en palabras lo que muchos sospecharon y nadie pudo afirmar.

Pero su juicio no fue compartido por el gobierno vasco, aún incapaz de señalar a un responsable. Ni mucho menos por Batasuna, la fuerza política que expresa a ETA y que, al contrario, atribuyó la explosión de anteayer a una "guerra sucia" de los servicios de seguridad del Estado español.

Semejante división de criterios -y la tensión que trasunta- es una de las razones que explican por qué el terrorismo separatista vasco lleva 40 años de supervivencia en una España que hace 25 vive en democracia (ver nota aparte).

Rajoy pudo haber sido certero o no en atribuir el bombazo mortal a los jóvenes que simpatizan con ETA. El mismo relativizó sus dichos al afirmar que "tampoco se puede descartar ninguna hipótesis" en la investigación. Pero su gobierno, como antes lo hicieron los socialistas, explicó una y otra vez la compleja trama que se mueve alrededor de la banda terrorista.

Violencia permanente

En ese escenario figura lo que se llama la kale borroka . La expresión permanente de que la violencia separatista está presente en las ciudades vascas. Que no se ha ido, que no se duerme. Y que esa presencia no necesita pagar el costo y el riesgo de la preparación de un atentado de mayor magnitud.

Quienes en España se dedican a analizar el fenómeno terrorista también aluden a estos jóvenes como "los chicos de la gasolina", por el material que usan para sus Molotov. Y dentro de un entramado difuso, los ubican un escalón por debajo de los llamados Cachorros de ETA, como se define a la generación del recambio. Los que ya tienen más responsabilidad.

Pero, al igual que ellos, los de la "gasolina" encuentran en esas escaramuzas urbanas una especie de escuela de terror. "Dan los primeros pasos con la quema de un cesto de basura en una esquina. Luego, rompen una vidriera. Luego, el primer explosivo casero. Es una carrera. De allí la ETA seleccionará a los más audaces para que se integren a sus filas", explicaron fuentes de la lucha antiterrorista.

Empezó como algo menor. En 1996, la Ertzaintza (policía regional vasca) estimó que no eran más de 400. Ahora nadie sabe cuántos son, pero sí que son muchos. Y que las autoridades no encuentran la manera de abordar el problema.

"Funcionan como una secta", dijo Pedro García Eleizalde, del movimiento pacifista Bakea Orain (Paz Ahora). "La captación se hace en escuelas vascas ( ikastolas ) o lugares de trabajo. Se te acercan, te tratan con amabilidad. Poco a poco empieza el lavado de cerebro. Al poco tiempo, ya estás adentro y no es tan fácil romper con ellos", explicó.

Eusko-Tabernas

Parte de esos contactos se hace también en las denominadas Eusko- Tabernas (los bares donde parte de la consumición se destina a "fines vascos"). Y los amigos que allí se conocen pueden convertirse en militantes de lo que se ha dado en llamar "la clandestinidad de menor edad".

Pero no es menor su violencia, que se probó más persistente que la tregua que acordó la banda terrorista en 1998. Durante el alto el fuego de 14 meses, la violencia callejera siguió como si nada. "En Euskadi (País Vasco) nunca estuvo mal visto tirar piedras a la policía", explicó uno de ellos.

Hasta ayer, su modo de actuar seguía un patrón uniforme. Por ejemplo, un grupo de personas se reunía con pancartas por la libertad de los presos de ETA. De la nada surgían quince o veinte jóvenes encapuchados, tiraban piedras, volcaban autos, rompían colectivos. La gente se encerraba en los bares y, por miedo, ni siquiera los miraba.

Si es certero el diagnóstico de Rajoy, anteayer algo empezó a cambiar. En ese caso, "los chicos de la gasolina" tuvieron en María Eraunzetamurgil a su primera víctima mortal. Nunca antes la kale borroka había matado.

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