La costa, rica en petróleo, será el eje de la batalla final

Peter Apps Agencia Reuters
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3 de marzo de 2011  

LONDRES.- Con sus instalaciones petroleras y sus ciudades clave, la franja costera de Libia se convertirá en el epicentro del conflicto entre las fuerzas leales a Muammar Khadafy y los combatientes opositores, mientras los poderes extranjeros observan con nerviosismo desde afuera.

Pero la supervivencia de Khadafy depende sobre todo de mantener el control de Trípoli, la capital, donde la principal amenaza contra su régimen parece provenir de las manifestaciones urbanas y no de las fuerzas militares, aunque también deberá reafirmar su control sobre las ciudades adyacentes.

Los gobiernos de Occidente han comenzado a reunir tropas en la región, pero no hay consenso sobre una posible intervención militar.

Khadafy ha socavado durante años el poder militar formal y ha impedido que se formen otros centros de poder. Por lo tanto, la consolidación de un liderazgo opositor puede llevar mucho tiempo. Los militantes opositores son en su mayoría voluntarios o soldados desertores poco entrenados y pobremente equipados.

"Algunas fuerzas opositoras quizá se trasladen al oeste del país para reforzar las defensas y enfrentar a Khadafy", dijo John Drake, un experimentado analista de riesgo de la consultora británica AKE, que trabaja para varias empresas petroleras extranjeras en Libia. "Pero en líneas generales no será así. Lo más probable es que prefieran luchar para defender sus propias ciudades que desplazarse a otra parte."

Entre Sirte -ciudad natal de Khadafy- y el puerto oriental de Benghazi -bastión opositor-, la ciudad de Brega, donde ayer hubo fuertes combates, también se encuentra cerca de la línea de fractura étnica que existe entre las tribus leales a Khadafy y los grupos opositores del este del país.

Aunque en los papeles las fuerzas militares de Libia cuentan con 100.000 soldados, miles de vehículos blindados y cientos de aviones de guerra, se cree que en realidad gran parte de esas fuerzas son inutilizables, ya sea por la aplicación de sanciones, falta de entrenamiento o de repuestos.

De todos modos, se cree que la mayoría de las fuerzas que están en condiciones de operar -en especial, los entre 10.000 y 12.000 soldados que integran las unidades de elite encargadas de la "protección del régimen"- están en manos de los leales a Khadafy.

Como la mayor parte de Libia es un desierto impenetrable, es probable que las fuerzas queden restringidas a la estrecha franja costera. Benghazi está unos 1000 kilómetros al este de Trípoli, y Sirte se encuentra exactamente a mitad de camino.

"Los enfrentamientos quedarán confinados a la costa, y la ruta Sirte-Benghazi es un punto clave", dice Alia Brahimi, investigadora de la London School of Economics.

Si el conflicto se prolonga, los ingresos por exportaciones de crudo podrían ser cruciales para el destino financiero -y militar- de los bandos. Lo que significa que por ahora ninguno de ellos querrá destruir la refinería de Brega, con la esperanza de utilizarla en el futuro.

Otro asunto clave sería si Khadafy se sintiera tentado a bombardear las instalaciones petroleras que se encuentran dentro de la zona controlada por la oposición. Si así lo hiciera, crecerían aún más los llamados de la comunidad internacional a declarar una zona de exclusión aérea e incluso una intervención militar.

El acceso a las fuentes de alimentos también puede terminar siendo importante. Las zonas orientales controladas por la oposición podrían conseguir provisiones con relativa facilidad en Egipto, pero Trípoli podría sufrir la escasez de alimentos, sobre todo si perdiera el control de la frontera con Túnez.

El apoyo a Khadafy entre los militares y la gente de Trípoli podría derrumbarse fácilmente si el líder no logra alimentar a la población, pero las agencias de ayuda internacional estudian las opciones de acceso para acercar asistencia y los poderes extranjeros sin duda odiarían tener que utilizar la comida como arma. Más allá de lo que ocurra, Khadafy podría utilizar las reservas de alimentos para conseguir apoyo.

Operaciones especiales

Fuerzas especiales occidentales, como el SAS británico, han estado operando en Libia para rescatar a los extranjeros desde remotas pistas de aterrizaje en medio del desierto. En teoría, podrían quedarse para colaborar con los rebeldes y coordinar acciones, tal como sucedió cuando ayudaron a la Alianza del Norte en Afganistán contra los talibanes a fines de 2001. Pero a la luz de los resultados de las guerras de Irak y Afganistán, en el exterior hay poco entusiasmo por intervenir directamente en el conflicto (ver Pág. 3).

Cualquier acción militar de Occidente para impedir que se destruyan las instalaciones petroleras también sería arriesgada, dijo Brahimi, en parte porque reforzaría la ya muy extendida idea de que el único interés de Occidente en la región es preservar el suministro de energía.

Algunos advierten que la última y feroz carta de triunfo podrían ser las limitadas reservas de armas químicas con las que cuenta Libia. Se sabe que como parte de sus intentos de congraciarse con Occidente Khadafy ha desmantelado esa clase de armamento, pero todavía quedan reservas de gas mostaza.

A otros les preocupa que caigan en manos equivocadas o que Khadafy las utilice como herramienta final, aunque esto causaría horror en todo el mundo y haría mucho más factible una arrasadora intervención militar internacional.

"Creo que el tema de las armas químicas es para distraer", dijo un ex funcionario occidental.

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