La crisis política está aún presente en Paraguay

Sin cambios: con la falta de líderes en el país, no se vislumbran soluciones a corto plazo; aumenta el clima de protesta.
Sin cambios: con la falta de líderes en el país, no se vislumbran soluciones a corto plazo; aumenta el clima de protesta.
Jorge Elías
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24 de marzo de 2000  

ASUNCION.- Después de un año signado por dificultades de todo tipo y por rumores de virtuales golpes de Estado, el gobierno de Luis González Macchi, surgido del asesinato del vicepresidente Luis María Argaña y del asilo del presidente Raúl Cubas en Brasil, enfrenta en estos días una serie de protestas que confluirá, el lunes, en una marcha de los sindicatos, del campesinado y de otros sectores disconformes con el rumbo.

La marcha, precedida de un acto en favor del gobierno, previsto para el domingo en Coronel Oviedo y de otro en contra, pero más conciliador, que se hará mañana en Asunción, coincide con el primer aniversario del crimen de Argaña, recordado ayer, y de la posterior muerte de siete jóvenes que reclamaban por la democracia frente al Congreso poco antes de que renunciara Cubas y de que asumiera González Macchi, ex titular del Senado.

Soluciones a corto plazo no parecen vislumbrarse, salvo la elección del vicepresidente, el 13 de agosto, cargo para el cual se perfila como posible candidato colorado el hijo mayor de Argaña, Félix, concejal de Asunción. Es el único, en la interna prevista para el 9 de abril, que comulga con González Macchi.

"Francamente, la situación se ha deteriorado en todos los aspectos -dice a La Nación el senador liberal Gonzalo Quintana, impulsor de una reforma del Estado que, hasta ahora, parece una utopía-. La crisis potencial de marzo (del año pasado) se ha vuelto interminable y hoy día no hay avances en lo político."

El discurso choca, a veces, con la realidad. Varias veredas de la avenida España, de esta capital, están pobladas de carpas rudimentarias que han sido desplegadas por trabajadores de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), en oposición a la posibilidad de que la compañía, en quiebra, sea privatizada. Lo nuevo mete miedo.

El Estado, un problema

"No hay conciencia de la necesidad de que se hagan reformas estructurales, como en otros países -señala Quintana-. No estamos hablando siquiera de crecimiento económico sostenido. El problema de fondo es la dimensión del Estado."

Estado que, tras el golpe que derribó a Stroessner, en 1989, no ha dado pasos firmes hacia donde iba el mundo sino que conserva su viejo esquema. "Aun cuando se produjo un proceso de ajuste y liberalización del sistema económico, la estructura del Estado ha tenido muy pocas modificaciones, al punto que el número de funcionarios públicos, lejos de disminuir, aumentó sin que se alterara la estructura organizativa de ninguno de los ministerios", explica José Nicolás Morínigo, compilador del libro "Marzo de 1999: huellas, olvido y urgencias".

La elección del vicepresidente, casillero que quedó vacío por la muerte de Argaña, no promete grandes cambios. "No hará más que consolidar la presidencia de González Macchi", esgrime Quintana. Por más que uno, el vicepresidente, sea sometido a la voluntad popular, y el otro, González Macchi, sólo haya sido confirmado por la Corte Suprema.

Faltan líderes en el país, no ajeno por cierto a la crisis de los partidos políticos que sacude a medio mundo. Lo cual trasluce una frase del pintor paraguayo Carlos Colombino: "Estamos huérfanos de futuro".

Pudo ser uno de ellos, acaso el último, Lino Oviedo, prófugo desde que burló el asilo en la Argentina, pero ha perdido la capacidad de vender sueños y esperanzas, como señala Morínigo en su libro. "Lo único que puede generar es inquietud -apunta Quintana-. No creo que tenga la fuerza suficiente para hacer nada más. Trabajó durante el gobierno de Cubas sobre las masas populares, pero se olvidó de los otros. Hasta en las fuerzas armadas ha perdido popularidad".

Es, en cierto modo, la caída libre de la dualidad con el cual convivió el país durante el gobierno de Cubas: el poder constitucional manejado en las sombras por Oviedo desde el momento en que la Corte dictó su sentencia de 10 años de prisión por el conato de golpe contra el ex mandatario Juan Carlos Wasmosy, en abril de 1996, razón por la cual no pudo ser candidato a la presidencia.

Oviedo creó una suerte de aparato paralelo dentro del Partido Colorado, vitalicio en el poder. No quiso manejarlo, sino usarlo como trampolín de su propia línea política, la Unión Nacional de Colorados Eticos.

De ahí el correlato de huellas, olvido y urgencias, como sugiere el título del libro que editó la Cámara de Diputados en homenaje a los caídos de marzo. Y de ahí, también, la sangre que imprimió, por primera vez en la historia reciente de Paraguay, el crimen como recurso político.

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