La crisis regional vista desde afuera: estiman que la economía sufrirá

El mal panorama económico y el reclamo de dignidad son puntos coincidentes, dicen los expertos
Luisa Corradini
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18 de noviembre de 2019  

PARÍS.- Buenos Aires, Santiago, Quito, La Paz... En los últimos días, el resto del mundo pudo revisar sus conocimientos sobre América Latina al ritmo de las manifestaciones y enfrentamientos que sacuden la región. Sin hacer amalgamas, especialistas y observadores parecen hallar puntos en común a tanto sobresalto: el rechazo de la austeridad y del sistema neoliberal, el reclamo de una dignidad perdida y, sobre todo, una sombría perspectiva económica.

"América Latina está en armas. Desde el cono sur hasta México", afirma Alberto Ramos, jefe del departamento de Economía latinoamericana del banco Goldman Sachs, en Nueva York. "El dolor expresado por la región es real. Ha venido profundizándose desde hace varios años", agrega.

Como la mayoría de los analistas anglosajones, Ramos señala la debilidad de las economías como principal responsable: "El crecimiento real del PBI fue de 0,8% de promedio en los últimos seis años. Cuando se mide en términos de crecimiento de la población, eso significa una regresión del ingreso per cápita", afirma.

Sobre ese punto, todos parecen estar de acuerdo: a pesar de las especificidades de cada país, América Latina está atravesada por un mismo sentimiento de "cólera, frustración y decepción", afirma Peter Hakim, de InterAmerican Dialogue, en Washington.

La inquietud reina, alimentada por el estancamiento económico. Este año, América Latina será la región que menos crecerá en el mundo: apenas llegará al 0,2%, según los economistas del Banco Mundial y del FMI.

"Para alentar la recuperación económica y crear puestos de trabajo, la región necesita apoyarse en factores domésticos de crecimiento como el consumo y la inversión", advierte Alejandro Werner, jefe del departamento del Hemisferio Occidental del FMI.

Pero, en el actual contexto de convulsión regional, ¿cuál puede ser el futuro de las inversiones?

"Más que sombrío. Hasta ahora, Chile era la mejor casa de la cuadra, como solía decirse en los círculos financieros. Ahora la casa se quema, el barrio se desmorona y los potenciales inversores se dicen que, si esto sucedió en Chile, todo puede suceder, pero peor, en el resto de la región", responde Ramos.

Werner señala la corrupción como uno de los factores que obstaculizarán la reactivación: "En la región, las empresas tratan de establecer conexiones de complicidad, mientras la clase política orienta las inversiones públicas hacia áreas donde la corrupción es más fácil, en vez de preocuparse por el bienestar social", analiza.

Mónica de Bolle, especialista del Peterson Institut for International Economics en Washington, afirma que la mejor explicación para la cadena de explosiones sociales en América Latina es la llamada "teoría del túnel". Acuñada por el economista de Harvard Albert Hirschman en la década de 1970 para explicar las variaciones de tolerancia frente a la desigualdad económica, utiliza la imagen de conductores atascados en un embotellamiento en carriles adyacentes dentro de un túnel.

"De pronto, la línea de al lado comienza a moverse, pero la suya sigue inmóvil", explica Bolle. "Usted no gana nada, pero aumentan sus expectativas de que su situación mejore. Si eso no sucede, la frustración genera un sentimiento de ira y rebelión", concluye.

La ONG Latinobarómetro constató este año que la mayoría de los latinoamericanos encuestados ve su futuro económico mucho más negro que en los últimos 23 años. Marta Lagos, su directora, afirma que, ante esos resultados, es fácil pensar que el problema de la región es puramente económico: "Pero es mucho más profundo que eso. También está el drama de la desigualdad, del descontrol político y de la corrupción, que son fatales para la democracia".

Esa parece ser, precisamente, la lectura que prevalece entre los especialistas europeos. Para la mayoría, existe un hilo conductor común en esta situación, que se expresa con distintos grados de intensidad y bajo diversas formas: la búsqueda de dignidad y respeto.

"Durante demasiado tiempo la gente más frágil se sintió humillada, ignorada y despreciada por elites políticas irresponsables, corruptas o sordas", señala el politólogo Dominique Moïsi.

"Un gobierno que se negó durante largo tiempo a todo compromiso, a toda concesión, da de pronto la impresión de ser presa del pánico. Para salvar sus privilegios se muestra dispuesto a reducirlos en forma espectacular. Pero, cuando eso sucede, suele ser demasiado tarde", señala Moïsi.

Otros especialistas ponen el acento en el rechazo más o menos generalizado del modelo neoliberal que prevaleció en los últimos años. En una sociedad abierta a la mundialización, marcada por reformas presentadas como éxitos económicos incontestables, las frustraciones de las categorías populares y las clases medias habrían terminado por cristalizarse.

"Chile, por ejemplo, está marcado por enormes desigualdades a pesar de un elevado PBI. Según el coeficiente Gini, la redistribución a través del impuesto reduce las desigualdades en menos de 5%, contra 20% en un tercio de los países de la OCDE, mientras que el 1% de los chilenos detenta el 33% de los ingresos", analiza Olivier Compagnon, del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS).

Así las cosas, ¿cómo crear un nuevo orden que sea más justo y más estable a largo plazo? Para Moïsi, "el problema es más difícil de resolver hoy porque existe un elemento radicalmente nuevo: la exigencia de dignidad se produce cuando la geopolítica se ha vuelto excepcionalmente inestable. El desorden de la calle se nutre del caos del mundo y viceversa".

A su juicio, en América Latina, Washington ha dejado de pesar en la balanza. Y concluye: "Esta vez, la región está totalmente sola frente a su destino".

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