La definición del futuro del magnate, en las urnas más que en el Capitolio

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
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6 de diciembre de 2019  

WASHINGTON.- Nancy Pelosi se retiraba de la conferencia de prensa en la cual defendió el avance de los demócratas hacia el impeachment contra Donald Trump cuando una pregunta al pasar de un periodista de un medio afín al presidente la frenó. "¿Usted odia al presidente?", le preguntó. Pelosi volvió, lo miró, le apuntó con el dedo, lo cruzó -"yo no odio a nadie"- y volvió al atril.

"Creo que este presidente es un cobarde cuando se trata de ayudar a nuestros hijos que temen la violencia de las armas. Creo que es cruel cuando ignora a nuestros dreamers, de quienes estamos muy orgullosos. Creo que niega la crisis climática. Sin embargo, eso es para la elección. Llévenlo a la elección. Esto se trata de la Constitución de los Estados Unidos, y los hechos que llevaron a la violación del presidente de su juramento", definió.

"No odio a nadie. Todavía rezo por el presidente, rezo por el presidente todo el tiempo. Así que no te metas conmigo con palabras como esa", cerró.

Quienes cubren el Congreso no recordaban haber visto tan molesta a Pelosi. Líder indiscutida de la oposición, Pelosi trazó con su diatriba una línea entre las dos realidades políticas que consumen a Washington: el juicio político a Trump y la elección presidencial de 2020.

Pelosi sabe que Trump saldrá ileso del Congreso. Nunca quiso ir a un juicio político. Reconocía, con razón, que era una movida "divisiva", que ahondaría la grieta y terminaría en la nada.

Tal como ocurrió con los demócratas y Bill Clinton en 1998, ahora los republicanos, a sabiendas de que el trumpismo -ya no solo Trump- se adueñó de su partido y sus banderas, parecen decididos a blindar al presidente. Por eso, el desenlace parece asegurado: Trump será absuelto por el Senado y cantará victoria.

Pero los demócratas, dijo Pelosi, tenían el deber de ir al impeachment por una cuestión de principios, ante lo que ven como un grotesco abuso de poder de un presidente que se mueve con impunidad, fuera de los límites de la Constitución. Pelosi fue incluso más allá: dijo que el juicio no tenía nada que ver con la política. Para los republicanos es justo al revés: los demócratas quieren deshacer la elección de 2016 porque nunca digirieron a Trump.

Por eso la distinción de Pelosi sirvió de recordatorio: el veredicto definitivo saldrá de las urnas, no del Capitolio.

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