La desigualdad social crece y complicamás la reactivación

La brecha de ingresos en el mercado laboral alcanzó su máximo nivel en siete años
En San Pablo, estudiantes y docentes volvieron a marchar ayer en defensa de la educación pública ante los anuncios de recortes en ese sector
En San Pablo, estudiantes y docentes volvieron a marchar ayer en defensa de la educación pública ante los anuncios de recortes en ese sector Fuente: AFP - Crédito: Miguel Schincariol
La brecha de ingresos en el mercado laboral alcanzó su máximo nivel en siete años
Marcelo Silva de Sousa
Tomás Calvano
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31 de mayo de 2019  

SAN PABLO (AP).- Elizabeth Leite de Souza luce abatida. La joven, casada y madre de un chico, está buscando trabajo infructuosamente desde hace más de tres años. Aunque vive en la ciudad más rica de América Latina, está rodeada de miseria y urgencias.

Al igual que ella, cientos de habitantes de Paraisópolis, una de las mayores favelas paulistas y vecina al barrio acomodado Morumbi, dependen de un programa de asistencia oficial que entrega leche a la población vulnerable. "Al menos estoy mejor ahora, leche no compro más", dijo la mujer.

Mientras la economía brasileña no consigue salir del pozo y, como De Souza, más de 13 millones de personas no encuentran empleo, otro indicador continúa empeorando de forma silenciosa: la desigualdad.

De acuerdo con un estudio de la Fundación Getulio Vargas publicado este mes, la brecha entre los brasileños más privilegiados en el mercado de trabajo y quienes están en la franja más postergada de acuerdo con sus ingresos llegó al nivel más alto de los últimos siete años.

Brasil alcanzó 0,63 en el índice de Gini de la renta de los trabajadores per cápita, una medida de la desigualdad que va de 0 (muy equitativo) a 1 (muy desigual).

América Latina es una de las regiones más dispares del mundo, según datos del Banco Mundial. Marcelo Neri, economista director de la Fundación Getulio Vargas, indicó, sin embargo, que Brasil está encima de algunos de sus vecinos como Colombia o Uruguay.

El estudio de la fundación arrojó otro dato alarmante: quienes más sufrieron los efectos de la crisis que comenzó en 2014 fueron las personas de menos recursos. En siete años los ingresos de la porción más rica de los brasileños aumentaron 8,5%, mientras que los de los más postergados cayeron 14%.

Según el último censo de 2010, en Paraisópolis viven 43.000 personas, pero los vecinos dicen que son entre 80 y 100.000 los que habitan hacinados en departamentos y casas pequeñas que se apilan como piezas desordenadas de Lego. La desigualdad, vista desde Paraisópolis, abruma. Frente a un barrio de calles estrechas y callejones laberínticos se levantan algunas torres residenciales de Morumbi. Allí están las tiendas de marcas de lujo y los guardias de seguridad privada que custodian residencias y edificios con helipuertos, desde donde cada día muchos ejecutivos vuelan hacia sus trabajos.

"El dinero apenas da para comer", dijo De Souza. El único ingreso de la familia son los 300 dólares que su esposo recibe cada mes como ayudante de construcción en un empleo informal.

Neri explicó que Brasil pasó de un período de crecimiento con inclusión social hasta 2014 a un presente de recesión "concentrador de riqueza". El gigante sudamericano tuvo una contracción del PBI de más de 7% entre 2015 y 2016, y en los últimos dos años la economía apenas creció alrededor de un punto. Según la última cifra oficial del Instituto de Geografía Brasileño, 26,5% de la población es pobre.

Consumo

Según Neri, la profunda desigualdad entorpece la reactivación económica porque los sectores más bajos, muy vulnerables en tiempos de crisis, son quienes más consumen. El economista añadió que en los últimos años hubo una falta de estímulos hacia los más postergados.

"Los gobiernos no consiguieron hacer políticas anticíclicas y expandir programas como el Bolsa Familia. Brasil se olvidó de cuidar a sus nuevos pobres", apuntó el economista de la Fundación. Bolsa Familia fue creado en 2003 y consiste en una ayuda económica a las familias pobres a cambio de que sus hijos asistan a la escuela y cumplan el calendario de vacunación.

La desigualdad llamó incluso la atención del Fondo Monetario Internacional. La semana pasada el organismo evaluó que Brasil debe avanzar en una agenda de reformas para reducir las disparidades sociales que permanecen "altas para los patrones internacionales".

Para paliar la crisis, Agnailza de Jesús, una vecina de 38 años de Paraisópolis y madre de dos, convirtió la sala de estar de su casa en un salón de belleza donde ocasionalmente hace trabajos de peluquería para tener algunos ingresos. "Nunca estuve seis meses desempleada, lo máximo era uno o dos meses, cuando alguien me indicaba o veía un cartel de trabajo y conseguía. Ahora está muy difícil, hay mucha gente sin trabajo", dijo De Jesús.

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