La destitución, ante el peligro de que sea demasiado pronto o muy tarde

Aníbal Pérez-Liñan
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21 de mayo de 2017  

LISBOA.- Admitamos que ésta no ha sido la mejor semana para los mandatarios del hemisferio. En Estados Unidos, Brasil y Venezuela, el fantasma de la destitución ronda el palacio presidencial.

El norteamericano Donald Trump fue -una vez más- víctima de su propia impetuosidad. Su decisión intempestiva de remover al director del FBI, James Comey, agudizó las dudas sobre sus conexiones con Rusia y disparó rumores sobre un posible juicio político en Estados Unidos.

El brasileño Michel Temer fue víctima de su instinto negociador: la fiscalía obtuvo grabaciones en las que acordaba comprar el silencio de un político preso a través de un empresario amigo. Temer se negó a renunciar, porque sería arrestado camino a casa. Pero pocos dudan en Brasilia de que sus días en el gobierno están contados.

Nicolás Maduro es víctima de su propia insensibilidad. Las protestas se multiplican mientras el presidente venezolano baila en televisión. La única barrera que lo separa de los manifestantes es una policía mal pagada y literalmente hambrienta.

Estos casos no solamente ilustran las condiciones que permiten activar el juicio político contra un presidente. También nos recuerdan los peligros de activar un proceso de destitución demasiado pronto, o de no activarlo suficientemente a tiempo.

Las condiciones para la salida de Trump empiezan a tomar forma, aunque todavía no hay riesgo inminente. El presidente enfrenta un escándalo cada día, producto de su propia inexperiencia política o de una burocracia irritada que filtra información a la prensa. El magnate ha denunciado una "caza de brujas" en su contra, pero las encuestas muestran que los votantes, incluso los republicanos, no creen en esta defensa.

El liderazgo republicano comienza a despegarse de un presidente impredecible. El Departamento de Justicia nombró un fiscal especial para investigar las conexiones con Rusia. Se trata de un antiguo jefe de Comey en el FBI, lo que no augura un futuro fácil para el presidente. Mientras los votantes republicanos respalden a Trump, la mayoría en el Congreso protegerá al mandatario, pero este escudo legislativo podría romperse frente a nuevas revelaciones.

En Brasil, la elite política decidirá si debe abandonar a Temer en las próximas horas. Incluso el poderoso diario O Globo, que apoyaba su política económica, pide ahora la renuncia del presidente. Se ha formado, como solían decir mis amigos de Carta Abierta, un "clima destituyente".

Blanco fácil

Quizá Temer comprenda ahora que el juicio político contra Dilma Rousseff -con quien compartió la fórmula presidencial en 2014- fue demasiado apresurado. En medio del escándalo de la compañía estatal Petrobras, que afectaba a todos los partidos, el Congreso brasileño sacrificó a la presidenta para contener la indignación popular contra la clase política. Pero la destitución de Dilma no detuvo el trabajo de los fiscales y la policía.

Una clase política dividida ha resultado un blanco más fácil para los investigadores de lo que hubiese sido una clase política unificada.

En los sueños más dulces de Donald y de Michel hay un mundo en el cual el presidente tiene control absoluto del poder judicial, los medios de comunicación difunden información favorable al gobierno y el Congreso carece de poder real para iniciar cualquier investigación. Pero al despertar, allí está Venezuela para mostrar los peligros de este sueño de poder presidencial ilimitado.

La situación social bajo Maduro es considerablemente peor que la situación que llevó a la destitución del presidente venezolano Carlos Andrés Pérez en 1993.

Sin embargo, el gobierno venezolano impidió la realización de un referéndum revocatorio y el juicio político ni siquiera está contemplado en la Constitución de 1999. El régimen carece hoy de mecanismos institucionales para regular la crisis, y Maduro sostiene su gobierno sobre el pilar del poder militar. Posiblemente, este pilar sea más frágil de lo que parece.

El autor es profesor de ciencia política en la Universidad de Pittsburgh

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