La estrategia de negocios comienza a flaquear

Estado Islámico tiene que reformular radicalmente su política si no quiere fracasar
Ora Skelezy
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22 de febrero de 2015  

NUEVA YORK.- En el último año, Estado Islámico (EI) le mostró al mundo un rosario de atrocidades: un intento de genocidio contra los yazidis de Irak, bombardeos contra civiles chiitas en Siria y cruentas ejecuciones de periodistas y voluntarios. La semana pasada, en Libia, el grupo asesinó a 21 egipcios coptos en una decapitación masiva. Pero a pesar de las bravuconadas de sus comunicados, EI parece estar arrinconándose cada vez más en un centro estratégico.

Hasta ahora, la expansión de EI se financió básicamente a través del robo y la extorsión. Con los ingresos de los pozos de petróleo que tomaron en el este de Siria en junio de 2014, sumados al dinero recaudado con el saqueo de Mosul, y con lo que pagan los gobiernos por el rescate de rehenes extranjeros, EI contrató cantidades de combatientes con altos sueldos.

Pero los ingresos del petróleo cayeron por los bombardeos de Estados Unidos y por el descenso del precio internacional del crudo, y con la trágica muerte de la voluntaria estadounidense Kayla Mueller, a principios de este mes, EI ya mató posiblemente al último rehén extranjero que le quedaba, cancelando así una fuente de financiamiento.

El resultado tal vez sea que EI se enfrenta a una importante encrucijada. La estrategia en la que confió hasta ahora para alimentar su expansión se vuelve insostenible. Si quiere conservar lo ganado recientemente, tendrá que cambiar de política.

Todo grupo de milicias necesita una variedad de recursos para cumplir sus objetivos: armas, dinero, reclutas y legitimación política. En términos generales, las estrategias que utilizan para hacerse de esos recursos caen dentro de tres categorías: el robo, el trueque o los donativos. Algunas milicias roban lo que necesitan, saquean los granos de los agricultores, o secuestran periodistas por el rescate. Otros recurren al trueque, ofreciendo sus servicios como fuerza de combate a un Estado a cambio de dinero y armas.

Los grupos que emplean la opción de los donativos tratan de convencer tanto a los votantes locales como a los potenciales sponsors del Estado de que los suministren voluntariamente apoyo político y material para su causa. La vasta mayoría de los grupos de milicias combinan las tres estrategias, aunque muchos descansan sobre todo en una de ellas.

Hasta ahora, EI ha confiado sobre todo en el primer abordaje: el robo. Pero recurrir a esa estrategia les resultará cada vez más difícil, porque los recursos que ya se han robado, como el petróleo, efectivo de los bancos, y hasta los rehenes, que no son fácilmente renovables.

Otra salida sería que EI haga una transición hacia la estrategia del trueque, alquilándose como mercenarios a un Estado con poco interés en el objetivo del grupo. EI se ha ganado tal enemistad entre los gobiernos de la región con potencial de ayudarlo, que hasta los que se oponen al régimen de Bashar al-Assad en Siria, como Jordania y Turquía, muy difícilmente lleguen a creer que EI es de fiar.

Finalmente, EI podría cambiar a la estrategia de los donativos, tratando de ganar apoyo local e internacional para su proyecto político. Hasta cierto punto, ya parece estar haciéndolo. La masiva campaña de relaciones públicas en las redes sociales le ha conseguido algo de financiamiento de donantes individuales que simpatizan con la causa desde Qatar o Kuwait, pero eso representa una parte insignificante de sus ingresos, y pocos gobiernos de la región parecen interesados en apoyar a EI. Irán y Siria -que en el pasado apoyaron a otros grupos de milicias-, son abiertamente hostiles al grupo, y las monarquías del Golfo que se ven amenazadas por las pretensiones de EI de reinstaurar el califato, que amenaza la legitimidad de sus propios regímenes.

Para que la estrategia de los donativos funcione, EI debería enfocarse en el plano interno. Eso implicaría apelar a la población local del territorio que ocupa, mejorando la administración del gobierno y mitigando la dureza de su régimen, y al mismo tiempo tratar de seducir a sus aliados regionales. Para eso, debería limitar sus ambiciones expansionistas, moderar su discurso incendiario, y reformular su misión central para no resultar tan amenazante para Estados como Arabia saudita. Debería convertirse en una entidad radicalmente distinta a la que es actualmente.

Está por verse si EI está dispuesto a poner en práctica estas medidas. En el pasado, otros grupos de milicias han logrado reinventarse con éxito. Tanto Hezbollah y Hamas implementaron reformas en las décadas de 1990 y 2000 para concitar más apoyo. Sin embargo, las organizaciones tenían líderes algo razonables y un grado de cohesión interna que EI hasta ahora no ha demostrado.

Traducción de Jaime Arrambide

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