La gran hipocresía de la lucha antidrogas

Andrés Oppenheimer
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24 de octubre de 2000  

El próximo presidente de Estados Unidos tendrá que ser algo más creativo si quiere obtener una mayor cooperación latinoamericana en la lucha contra las drogas: la región está cada vez más descontenta con la actual política antidrogas de Washington, y así lo está haciendo saber.

Incluso la Argentina, uno de los mejores amigos de Estados Unidos en la región, está manteniendo una prudente distancia del paquete militar de $ 1300 millones de Washington para Colombia, y está comenzando a criticar lo que considera un desproporcionado énfasis norteamericano sobre las soluciones represivas a la producción de drogas en países como Colombia, Bolivia y Perú.

En una entrevista en su oficina, el canciller argentino, Adalberto Rodríguez Giavarini, reflejó la frustración regional al relatar lo que vio durante una reciente visita oficial a Bolivia.

El canciller planeaba felicitar al presidente boliviano, Hugo Banzer, por el éxito de su programa de erradicación de coca, que con el apoyo de los Estados Unidos logró eliminar más del 90 por ciento de los plantíos ilegales de coca.

Sin embargo, en lugar de encontrar a un Banzer exuberante, lo encontró sumido en una devastadora crisis, causada en parte -irónicamente- por el éxito de su campaña contra las drogas.

Las protestas callejeras de unos 35.000 cocaleros bolivianos, a los que se sumaron otros gremios, habían paralizado Bolivia. El gobierno boliviano admite que el país perdió unos $ 700 millones en los últimos dos años en ingresos de exportaciones de coca.

Existe un consenso en América latina acerca de que los programas de sustitución de cultivos financiados por Washington no logran compensar los ingresos perdidos por los cultivadores de coca, en parte porque Europa y los Estados Unidos no están abriendo sus mercados.

"Existe una gran hipocresía en el nivel global: a América latina se la obliga a sustituir cultivos (ilegales) que son altamente rentables, pero no se le da acceso a los mercados para sus productos legales", me señaló Rodríguez Giavarini. "La solución no es que se permita la droga, sino que se permita el libre comercio."

Hay un cada vez mayor proteccionismo en los Estados Unidos y Europa, señaló. Los subsidios domésticos de Washington para sus productores agropecuarios han aumentando a $ 28.000 millones anuales, y en el Viejo Continente han llegado a $ 150.000 millones anuales, dijo.

Además de tener que hacer mayores esfuerzos por reducir el consumo de drogas, los países industrializados deberían redoblar esfuerzos por controlar las exportaciones de sus productos químicos con los que se elabora la cocaína, que están haciendo, además, un daño ecológico sin precedente en la región amazónica, agregó el jefe de la diplomacia argentina.

En la reciente cumbre sudamericana realizada en Brasil el 1º de septiembre, países como Brasil y Venezuela manifestaron también críticas al paquete de ayuda militar de Estados Unidos a Colombia, que incluye unos 500 entrenadores militares norteamericanos en esa nación.

Lo interesante es que hasta en países como la Argentina, que han guardado distancia de las críticas venezolanas y brasileñas al Plan Colombia, se observa un creciente escepticismo de que el problema colombiano pueda ser resuelto militarmente.

Envío de tropas

En toda la región hay temores de que si no se logran resultados en el campo de batalla, Estados Unidos podría enviar tropas de combate, o tratar de formar una coalición multinacional para ayudar al ejército colombiano en su guerra interna.

"Nadie quiere sentar el precedente del primer despliegue de tropas norteamericanas en América del Sur", me señaló Juan G. Tokatlian, profesor de la Universidad de San Andrés recién llegado a la Argentina tras casi dos décadas en Colombia.

"En el transcurso de la historia, siempre ha habido intervenciones armadas de Estados Unidos en la cuenca del Caribe, pero nunca en América del Sur."

¿Mi conclusión? A menos que el próximo presidente estadounidense proponga un nuevo plan con mayores deberes para los países consumidores, veremos una cada vez mayor confrontación sobre el tema. Y hasta los mejores aliados de Estados Unidos en la región estarán del otro lado.

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