La guerra con el extremismo es asimétrica militar y culturalmente

Angelo Panebianco
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13 de enero de 2015  

ROMA.- La guerra llevada adelante por el extremismo islámico en Europa no es solamente "asimétrica" en el sentido militar, sino también en un sentido cultural. Los europeos estamos en desventaja, y los jihadistas, en ventaja. Ellos nos entienden, o al menos conocen nuestros puntos débiles. Nosotros no los entendemos.

Una señal de esta incomprensión es el hecho de que tantos europeos compartan una falacia, a saber, que quien mata en nombre de Dios no es un "verdadero creyente", olvidando que los hombres siempre se han asesinado unos a otros en homenaje a Dios o a un puñado de dioses. Cierto es que los europeos ya no están dispuestos a hacerlo, pero eso depende en parte del hecho de que tantos europeos ya no creen en Dios: Europa, de hecho, es el continente más secularizado del mundo. Quien no cree en Dios difícilmente entenderá a quienes asesinan en su nombre, y les parecen marcianos.

En la duración y el éxito de un conflicto que todos tememos que será largo y sangriento incidirá el devenir de la guerra en curso entre el extremismo islámico y sus enemigos en los diversos tableros de Medio Oriente, África y Asia. Las eventuales y duras derrotas militares que sufra el extremismo islámico en esos diversos tableros podrían gradualmente debilitar el desafío islamista sobre Europa, mientras que, por el contrario, sus éxitos militares fuera del tablero europeo podrían ulteriormente agravarlo.

Pero la duración y el éxito del conflicto también estarán influenciados por lo que ocurra dentro de la comunidad musulmana de Europa. Será cuestión de ver si la fingida unanimidad de la que esa comunidad se sirve hoy como paraguas será dejada de lado y empiezan a emerger las divisiones entre quienes, por una parte, podríamos llamar "contagiados" (de nosotros, de nuestra libertad) y los "no contagiados" (los puros).

La condena genérica del jihadismo que se hizo en París, ese mantra según el cual los extremistas habrían mancillado ante todo al islam, y las posiciones, en definitiva, en las que se plantaron ahora los representantes de las comunidades islámicas europeas oscurecen más de lo que aclaran, tendiendo a ocultar la contigüidad y continuidad cultural que los une.

Al hacerlo, alimentan una vez más la ambigüedad y ponen en la misma bolsa y bajo una misma etiqueta a personas de fe musulmana, pero con enfoques presumiblemente distintos entre sí.

Si creemos realmente que Occidente, con la separación entre religión y política, con sus derechos, con su igualdad formal, con la libertad, representa un modo de vida más atractivo que los otros para muchos hombres que no disfrutan de esos beneficios, entonces debemos creer que muchos musulmanes que viven desde hace tiempo en Europa han encontrado el modo de hacer convivir pragmáticamente sus creencias con la libertad occidental.

Cuentas

Aunque su religión no haya arreglado sus cuentas con la modernidad, ésos son los musulmanes "contagiados" de nuestro modo de vida, pero que no por eso han renunciado a practicar la religión de sus padres. Pero el problema es que ellos deben arreglar cuentas con otra parte, numerosa y también muy bien financiada por las petromonarquías y otros regímenes musulmanes: los "no contagiados", los voceros del islam hipertradicionalista y antioccidental, y en sus variantes, antagonistas entre sí, wahabita y de los Hermanos Musulmanes. Es ahí, entre los "no contagiados", donde se encuentran los predicadores que alimentan un enfoque de rechazo a la cultura occidental.

Ése es el caldo de cultivo del que emergen también los grupos marginales del extremismo jihadista. Ésos son los musulmanes que piensan que un día Europa deberá reconocerle un rol público a la sharia, la ley islámica.

La distinción que utilizo aquí no tiene nada que ver con la distinción entre islam moderado e inmoderado. Quien utiliza esta última división en realidad cae en la trampa conceptual en la que quieren hacerlo caer los fundamentalistas. De hecho, casi siempre se termina por llamar "moderado" a un wahabita sólo porque toma distancia del sangriento proceder de los jihadistas del momento, perdiendo así de vista su cercanía cultural y su lectura común de los textos sagrados.

Si los musulmanes que quieren integrarse a Europa lograran imponerse a los tradicionalistas, entonces, a pesar de este doloroso presente, podríamos pensar en el futuro con un poco de fe y de optimismo. Por el contrario, si siguen imponiéndose las unanimidades fingidas, las ambigüedades y las hipocresías, los problemas no harán otra cosa que profundizarse.

Merkel marcha por la tolerancia

  • La canciller alemana, Angela Merkel, participará hoy de una marcha en Berlín "por la tolerancia", organizada por asociaciones musulmanas y en respuesta a la convocatoria realizada ayer por el grupo islamófobo Pegida. La manifestación comenzará en la Puerta de Brandeburgo y también estarán presentes el presidente, Joachim Gauck; el vicecanciller, Sigmar Gabriel, y el ministro de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, entre otros.
  • El acto en la capital alemana fue organizado por el Consejo Central de Musulmanes y la Asociación de la Comunidad Turca de Berlín, para abogar por la libertad de religión y de opinión.
  • Alimentados por una ola de indignación tras los ataques en Francia, Pegida realizó ayer su usual marcha de los lunes en contra de la "islamización de Occidente". En la manifestación, que reunió a unas 25.000 personas en Dresde, muchos usaron brazaletes negros en honor a "las víctimas del terrorismo en París". En respuesta, con varias contramarchas, cerca de 100.000 personas protestaron anoche en varias ciudades de Alemania contra Pegida. En Leipzig la manifestación contó con 30.000 asistentes.

Traducción de Jaime Arrambide

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